El arte de entender el caos CAPÍTULO 53Nathan
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CAPÍTULO 53Nathan

—¿Cuántos días más piensas quedarte tirado en la cama? —preguntaba Fallon mientras tocaba a mi puerta, pidiendo permiso para entrar.

—Todos los que pueda hasta que Scarlett amenace con echarme.

No estaba pensando con claridad cuando le dije aquello, es más, esperaba no tener que irme nunca de Starlight, pero cuando estás en un pozo, parece que todo lo que pueda pasar alrededor te da igual, y eso fue lo que me ocurría.

—Nathan. Llevas cuatro días en la cama. Está bien… —dijo suspirando—. Puedes teletrabajar dos días, ¿no? Pero creo que estás rozando el límite.

—Les he dicho que estaba enfermo. Así lo alargaba toda la semana.

—¿Qué piensa Lena de todo esto? Hace días que no me hablas de ella.

—Fallon… la verdad es que Lena y yo… —callé sin saber qué contestar.

Llevaba, de manera concreta, cinco días ignorando los mensajes de Lena.

Me había escrito, no una ni dos veces, sino más de diez.

Me estaba matando por dentro no contestarle, pero no sabía qué cojones decirle.

«Hola Lena, me he acojonado, esto me viene grande y paso de jugar más.

No estoy preparado». Por que el problema no era que Lena me viniera grande, o que yo estuviera cagado por todo lo que sentía, el puto problema, el detonante real, era la distancia.

¿Cómo podía confiar alguien a quién han traicionado, no una, sino dos veces?

Cuando pasó lo de Alice, fui tan necio que la perdoné.

Me convencí de que un error así podía tenerlo cualquiera, de que quizá la rutina nos tenía quemados y que, al llegar allí y encontrarse con tantas cosas nuevas, quiso salir de su zona de confort y experimentó de la peor manera posible, con lo primero que se le cruzó: un británico cachas de ojos azules.

Cuando me enteré, intenté entenderla y cuando me prometió entre lágrimas que no volvería a ocurrir, confié demasiado en su palabra.

Pero fue a la semana siguiente cuando todo se fue a la mierda.

Recibí un mensaje de una de sus compañeras de habitación.

Al abrirlo, apareció una foto de Alice morreándose con un tío en el jardín del campus y me puse tan de mala hostia que casi reviento el ordenador.

Ahí se acabó todo. Desde ese momento exacto en el que me pisó por segunda vez y me dejó como un idiota, supe que la distancia era algo con lo que no quería volver a lidiar.

¿Cómo cojones iba a decirle la verdad a Lena después de haberle dicho en Montreal que prometía cuidarla y besarla en todas las esquinas, pasara lo que pasara?

Puto hipócrita de mierda. Eso era lo que pensaba de mí.

Joder. Era consciente, pero consciente de cojones.

Lena no se merecía esto, pero yo me veía incapaz de enfrentar mis miedos.

¿Cómo puede ser que algo que desconozco me cause tanto miedo?

—¿Vas a contestarme o tendré que llamarla para entender la situación?

—No, será mejor que no lo hagas, Fallon. Lena y yo ya no…

—¿Ya no qué?

—No puede funcionar.

—¿Estás de broma? Nathan, ¡por favor! Os he visto. He reconocido el amor en vuestros ojos, vuestros gestos… No lo entiendo ¿Qué ha pasado?

—Que se va, Fallon. Se va de gira de presentación. Por Europa —añadí

Me miró extrañada ante esa afirmación..

—¿Y qué problema hay?

—Es que no lo entiendes. No puedo enfrentarme a esto. La distancia… no es lo que pensaba.

Yo también me sentía extraño pensando todo esto.

Joder.., yo quería amarla y la puta gira me había nublado la vista.

Había conseguido abrir mi corazón, pero esto de tener tierra de por medio…

No quería ni pensarlo, para mí era un no rotundo.

No creí que pudiera soportarlo. No después de haberme entregado de esta manera.

—¿Desde cuándo dejamos de hacer cosas por miedo, hermanito?

—Esto es diferente, Fallon. No hay marcha atrás. Yo mismo se lo dije.

—¿De verdad se te ocurrió decirle que no funcionaría?

—Sí —dije, bajando la cabeza.

Cuando lo oí decirlo con su voz, pensé en lo imbécil que estaba siendo.

—¿Puedes contármelo todo un poco mejor? Quiero entenderte.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que me comporté como un imbécil? ¿Que no tuve cojones de hablar con ella porque el miedo me cegó? ¿Y que llevo sin contestar a sus mensajes y llamadas cinco días, cuando le había dicho que no me iría de su lado?

Le conté todo lo que sentí junto a Lena en Montreal, todo lo que nos había ocurrido en tan solo una semana, la conexión que sentía estando a su lado, lo bien que me hacía sentir, cómo me gustaba escucharla, tocarla y mirarla.

Le conté que era la tía más espectacular que había conocido, y que, por un momento, sentí que con ella podía ser yo en todas mis versiones.

—¿Me estás diciendo entonces que la quieres y le has dicho que no funcionará?

Hundí la cabeza, en un acto de no avergonzarme por admitir todo lo que acababa de decirle y también para camuflar un poco lo idiota que le debía haber parecido a Fallon.

—Respóndeme, Nathaniel. ¿La quieres?

—Sí, claro que la quiero, joder. Pero…

—Mira, Nathan. No voy a engañarte. Lo tienes jodido. No creo que Lena te espere por mucho más, si es que aún te espera, cosa que me extrañaría. Así que dime, ¿qué piensas hacer para arreglar esto?

—No creo que pueda hacer nada. La he fallado y la he traicionado. ¿Cómo crees que reaccionará?

—No lo sé. No puedo meterme en la cabeza de Lena, pero Nathan, esa chica te quiere.

Y tú la quieres a ella, parece que te has complicado más de lo que crees.

Sal ahí, ve a por ella antes de que sea tarde y cuéntaselo todo.

No creo que te pegue una bofetada, aunque si lo hace, tienes que saber que la apoyaré —dijo Fallon, dándome un codazo.