CAPÍTULO 41Nathan
Antes de subir al avión, le mandé un mensaje a Fallon para que no me recogiera.
Quería acompañar a Lena hasta su casa. Quería darle un último beso antes de separarnos, y quería hacerlo bien.
Quería disfrutarla hasta el último momento del día, porque llevábamos dos días durmiendo juntos y, de un modo u otro, ahora no quería volver a dormir solo…
en mi cama. Y no era solo por dormir solo, sino por hacerlo sin ella.
Creo que, de alguna manera, yo también sentía miedo. Aunque no se lo dije.
No estaba preparado para afrontar una conversación que ni siquiera yo había sido capaz de procesar en mi cabeza.
Quería a Lena. Su risa se había instalado en mi mente, el roce de sus manos con las mías me inquietaba.
Nuestros besos me hacían saborear el éxtasis.
Me gustaba ver el mundo desde su perspectiva, escucharla.
Cuando se sentaba a mi lado en la cama y me contaba cosas de su vida… joder. Se había convertido en mi momento favorito del día.
Tenía tanto por explicar, y yo tanto por descubrir, que me quedaba allí, quieto, mirándola, como si nada más alrededor existiera.
Tenía una facilidad para explicar historias que me parecía alucinante, aunque a veces no tenía ni la más remota idea de lo que contaba; yo solo estaba anonadado, escuchando, completamente atrapado en ella.
Me gustaba tanto que no sabía si podía quererla bien.
Tenía miedo de romper sus inseguridades, igual que Alice había hecho conmigo.
Sentía angustia por despedirme de ella antes de volver a casa, a la normalidad de nuestras rutinas.
En cierta forma, yo tampoco quería enfrentarme a eso, a la idea de que podíamos desaparecer.
—Prometo que no voy a quejarme si me estrujas la mano todo el viaje —le dije.
Se echó a reír, nerviosa, y asintió.
Le acaricié la mano mientras apartaba el reposabrazos que nos separaba y la estreché contra mí.
—Ven, vamos a ver una película, o un capítulo de Sexo en Nueva York . Lo que quieras.
Me arrepentí un poco de decir eso porque tuve que ver, por octava vez en mi vida, High School Musical , pero a esas alturas estaba convencido de que le diría que sí a cualquier cosa que me pidiera.
Por suerte, el vuelo fue mejor que el de ida, y ella parecía estar mucho más relajada cuando oía esos pequeños ruidos mecánicos que siempre acompañan al vuelo. De vez en cuando, estrujaba un poco más mi mano; otras, se relajaba y se dejaba caer sobre mí.
Cantamos casi susurrando todas y cada una de las canciones que iban apareciendo.
Mi favorita, sin duda, era What I’ve Been Looking For .
Tal vez porque Lena era un poco eso que crees que buscas en el amor…
y de repente lo encuentras. Y aunque mi corazón, cuando la conocí, no estaba buscando nada, lo había encontrado.
Supongo que escuchar esta canción junto a ella también describía a la perfección lo que se siente al encontrar a alguien con quien puedes hablar, sentirte escuchado y valorado… y darte cuenta de que hasta entonces nunca te habías sentido así con nadie.