CAPÍTULO 29Nathan
Acabo de besar a Lena. Nos acabamos de besar. Y lo peor de todo es que lo hemos hecho delante de todo el equipo.
Con un poco de suerte, la excusa de que la emoción me pudo puede colar.
Joder, era lo más normal, ¿no? Estábamos grabando una escena de amor.
Una cosa llevó a la otra y, por hacer mi papel de manera profesional…
pam . La besé. O eso era, al menos, lo que pensaba decirle cuando me pidiera explicaciones.
Porque, viniendo de Lena esperaba que se me echara encima para obtener una respuesta.
La verdad es que ni yo mismo sabía por qué lo había hecho.
Fue como un acto reflejo. La tenía a milímetros de la boca, la gente empezaba a acercarse para ver de qué iba la grabación, el murmullo del equipo se mezclaba con las indicaciones de Elaia y, de repente, todo eso desapareció.
Durante ese segundo no hubo cámaras, ni guion, ni normas.
Solo ella. Su respiración. El calor de su cuerpo.
Y una voz muy clara en mi cabeza diciéndome: «hazlo».
Lo que no entiendo es por qué cojones le hice caso.
La había cagado. La besé como un crío incapaz de controlarse.
La besé sin que estuviera en ningún guion y, aún peor, la besé sin su consentimiento.
¿En qué estaba pensando? Antes de venir a Montreal había dejado las normas bastante claras.
Demasiado claras. Nada de acercamientos innecesarios.
Nada de improvisaciones. Nada de compromisos fuera de grabación. Y voy yo y me salto todas de golpe.
Aunque, siendo honesto, también habíamos hablado de lo que pasaba fuera del set. De lo que «no» debía pasar. Entonces… ¿Qué había sido la comida? ¿Y la mañana de compras? ¿Vino conmigo porque quiso o sólo porque la situación lo exigía?
Ahora mismo todo me parecía surrealista.
Lo único que tenía claro era que debía seguir el día como estaba previsto.
Dos escenas más y desaparecer. Volver al hotel.
Encerrarme en la habitación. Salir solo lo justo y necesario para trabajar.
Nada de encuentros con Lena. Sin excusas. Sin margen para volver a cagarla.
Porque, si algo había quedado claro, era que bastaba un segundo demasiado cerca de ella para que todo lo demás me dejara de importar.
Para mi sorpresa, el día continuó como si nada. Lena no me pidió explicaciones, ni se distanció; el curso de la jornada parecía normal, incluso mejor de lo que habían sido las anteriores.
Una vez más, me dejaba claro su profesionalismo. La tía era una crack , le daba una importancia al trabajo exagerada, y por supuesto, no iba a dejar que un beso le hiciera quedar mal con el proyecto, ni con Noa y aún menos con Scarlett.
Hicimos un par de escenas más, en otras localizaciones.
De vuelta al centro histórico fuimos a la capilla Notre-Dame, donde Mia y Jon iban a hacer una visita turística; grabamos lo justo, como nos adentramos en ella y las vistas.
Desde ahí cogimos un par de furgones para dirigirnos al Lachine Canal.
Era un espacio precioso, estaba lleno de parejas y familias que recorrían los alrededores paseando.
Las viejas construcciones de ladrillo de alrededor parecían observarnos en silencio, seguro que eran testigos de historias pasadas bajo las luces de Montreal.
El lago donde nos dirigimos, tenía una imágen diferente a la que había visto por Google Maps antes de venir.
En verano, estaba lleno de barquitos, kayaks y botes con los que podías ir de excursión.
A menos cero grados, era obvio que un paseo por las grandes aguas era imposible, aún así, con todo nevado, parecía el típico lugar donde un romántico empedernido le pediría matrimonio a la mujer de sus sueños.
Y ahí estaba yo, pensando casi con certeza, que a Lena le encantaría que alguien hiciera eso por ella.
No había más que ver como se emocionaba cuando veía escenas románticas.
En el capítulo del libro que teníamos que representar, debíamos dar un paseo patinando sobre hielo por el muelle mientras nos reíamos abrazados. Empezamos la grabación, con la aprobación de Elaia, que había controlado a todo el equipo: luces, micros y varios enfoques.
Me puse los patines antes que Lena y desde ahí vi en su cara esa típica expresión de «¿Cómo subo aquí sin matarme?
». Cuando se calzó, le acerqué el brazo lo justo para que se cogiera de él y pudiera moverse con seguridad.
Al notar como se agarraba a mi, no pude dejar de pensar en el beso.
Respiré hondo, intentando no perder la concentración.
Ella se acercó un poco más y, con cuidado, puso un pie firme en la nieve, y se colocó frente a mí.
—Grabar este booktrailer me está gustando. Creo que está siendo más fácil de lo que pensaba que sería. —Sonrió.
—Supongo que partíamos de una mala base, no podíamos empeorarla.
—Por poder, todo es posible, pero por suerte en algún momento me dejaste de parecer insoportable —contestó, haciendo una mueca.
—Oh, menos mal, Lena —comenté, llevándome la mano al pecho—. Imagínate tener que hacer este proyecto con el arrogante de tu compañero.
—Yo nunca he dicho eso.
—Seguro que lo has pensado. Cuando te cabreas, la cara te delata. Es más, te delata en cualquier situación. Eres demasiado transparente.
—¿Y entonces qué crees que estoy pensando ahora?
—Estás pensando que, en el fondo, te encanta compartir esto conmigo. Y no lo niegues, tú misma has asegurado que te está gustando.
Me miró de arriba abajo, boquiabierta, tratando de encontrar una respuesta a mi contestación.
—Lo que me está gustando es la experiencia; es una buena oportunidad laboral, ¿no crees?
—Sí, por supuesto, una buena oportunidad laboral… con un compañero de la hostia.
Se rio de forma sarcástica
—Concéntrate en patinar, que se te está subiendo el ego.
Estuve cinco segundos más de la cuenta mirándola fijamente. No podía dejar de notar lo cerca que estaba. Y de nuevo, el recuerdo de mis labios sobre los suyos empezó a tensarme, aunque intenté disimularlo.
Patinamos unos cinco minutos para tener la toma exacta y páramos las grabaciones. Patinaba casi igual o mejor que yo, cosa que me sorprendió después de que cogiera mi brazo para incorporarse. Aunque solo patinamos unos pasos, así que aún le quedaba mucho por ver de mis dotes.
De camino al hotel, James se sentó a mi lado en el furgón, cosa que me pareció perfecta para evitar cualquier desajuste innecesario. Porque sí, cada vez que Lena estaba cerca, mi cabeza se volvía un caos.