CAPÍTULO 25Nathan
Eran casi las dos de la madrugada cuando caí rendido en la cama.
Con el móvil en la mano, programé la alarma del día siguiente y lo dejé sobre la mesilla.
Justo cuando cerraba los ojos, un sonido al otro lado de la puerta que comunicaba con la habitación de Lena me sacó del letargo.
Estaba casi convencido de que alguien había tocado a la puerta, pero me parecía una idea casi imposible.
Fruncí el ceño, convencido de que me lo estaba imaginando.
Me tapé la cabeza con la almohada, decidido a ignorarlo. Dos golpes suaves volvieron a oírse.
Me incorporé despacio, medio dormido, y caminé hasta la puerta.
Al abrirla, me encontré con Lena. Llevaba un camisón de seda que le caía con una naturalidad peligrosa.
El corazón se me aceleró de inmediato al verla con ese conjunto.
¿Era así como dormía? ¿Mis imaginaciones eran ciertas?
No me dio tiempo a decir nada. Lena apoyó su dedo índice sobre mis labios.
—Shhh… no digas nada —susurró—. No hagas que me arrepienta.
La miré, completamente descolocado.
—Así que al final sí te has acordado de que estaba detrás de esta puerta… —murmuré.
Sonrió divertida. Se puso de puntillas, acortando la distancia entre nosotros. Colocó su mano en mi cabeza, y se acercó despacio a mi oído.
Tragué saliva.
—Por Dios, Lena —susurré—. No sé qué estamos haciendo, pero no pares.
Su cercanía me desarmaba. El aire entre los dos se volvió espeso, eléctrico. La sensación de tenerla ahí, tan real, tan próxima, me hizo perder cualquier noción de control. Si seguía así, si esto continuaba… no iba a poder frenar.
Me humedeció el cuello con sus labios entreabiertos, besándome con lentitud.
Joder. Qué sexy. Mi cuerpo se aceleró al instante.
Agarré a Lena por la espalda para atraerla hacia la cama que quedaba tras nosotros.
Al hacerlo, comprobé su piel. Era suave, estaba caliente, y pude notar como se erizaba con el contacto de mis manos rozándola.
Antes de dejarnos caer sobre el colchón, se alejó dos pasos atrás clavando la mirada en mí. Dejó caer el camisón hasta sus pies. Llevaba un tanga de color negro con encaje y el pecho descubierto. Creo que nunca había apreciado tanto unas vistas como estas.
La agarré de nuevo, con pasión, esta vez desde las muñecas y tiré hacia mí, de manera que su cuerpo, quedó encima del mío.
¿De verdad íbamos a hacerlo? En mi pantalón de pijama, se hacía evidente mi erección.
Lena se apartó un poco y sin dejar de besarme, tiró de los pantalones y los bajó hasta que quedó espacio suficiente para colocar su mano.
Jadeé.
—Lena —logré decir. Me sostuvo la mirada—. Hagámoslo. No quiero esperar.
La besé sin pensarlo, respondiendo a la urgencia con la que ella me buscaba.
Respondió deslizando la mano hacía mi pene y me di cuenta de que aquello me estaba gustando demasiado.
Cuando empezó a moverse, se me escapó un gemido.
Deslicé la mano hasta su culo y la atraje aún más hacia mí.
No quería que existiera distancia entre nosotros; solo quería besarla y hacerla mía.
—Dios mío, Nathan… no sabes cuanto te deseo —dijo sin dejar de tocar mi pene.
Sus pechos redondos encajaron en mi mano. Acaricié sus pezones mientras la besaba. No estaba seguro de cómo iba a afectarnos esto en el trabajo, pero en ese momento me daba igual.
Con cuidado le bajé el tanga y lo dejé caer al suelo.
Entre besos y gemidos, se sentó sobre mí.
Nos movíamos como si nuestros cuerpos encajaran a la perfección, y esa fricción me estaba volviendo loco.
Sin aviso, se humedeció, agarró con fuerza mi erección y me condujo hasta su entrada.
Gemí con tanta fuerza que Lena apoyó la mano sobre mi boca.
Le mordí el dedo con suavidad antes de lamerlo.
Si esto continuaba así, no iba a aguantar mucho más.
No había sido consciente de cuánto la deseaba hasta tenerla sobre mí.
Empezó a moverse con decisión, cada vez con más fuerza; su cadera se movía a la perfección, subía y bajaba con una energía latente.
El corazón se me salía por la boca cada vez que me tomaba por completo.
Sus manos se aferraron a mis hombros, clavándome las uñas en la piel, y joder, eso sí que me excitaba.
—Hazmelo —le dije—, soy todo tuyo.
Se mordió el labio y gimió, y eso solo consiguió que la deseara aún más.
No quería que aquello se acabara. Me estaba follando como nadie lo había hecho.
Los movimientos se hicieron evidentes, cada vez más profundos.
Se dejó caer lentamente sobre mí hasta quedar tumbada.
Nuestras lenguas se encontraron con una urgencia ardiente.
Cogí el control del ritmo, moviendo la cadera arriba y abajo, buscando complacerla.
Nos miramos y nos ahogamos en un gemido profundo.
Me corrí con fuerza al mismo tiempo que la oí gritar.
Se dejó caer sobre mí, me miró y volvió a besarme, esta vez con más sutileza.
Cerré los ojos; quería atrapar ese momento.
Su respiración agitada contra la mía me recordaba todo lo que acababa de pasar.
Cuando abrí los ojos de nuevo, lo único que encontré fue mi mano húmeda sobre mi pierna. Me acababa de masturbar pensando en Lena.
Suspiré y respiré hondo, intentando volver al momento. Lena no estaba aquí, no estaba en mi cama y mucho menos, había llamado a la puerta.
«Joder, Nathan… Lena sería incapaz de tocar así en tu puerta. Jamás se le ocurriría cruzar el límite profesional. Y mucho menos contigo»
Me levanté y me metí directo en la ducha.
El agua caliente corría por mi cuerpo, no podía dejar de pensar en la sensación de mi piel cada vez que imaginaba a Lena cerca de mí.
¿De verdad quería acostarme con ella? Ni siquiera debería permitirme imaginarlo.
Mañana teníamos que grabar de nuevo, así que esa imagen tenía que desaparecer de mi cabeza.
¿Cómo iba a acercarme a ella si la imaginaba desnuda encima mío?