CAPÍTULO 22Lena
Ayer me quedé hasta tarde revisando asuntos del trabajo.
Como no podía dormir, terminé viendo Sexo en Nueva York en Netflix.
La tele de la habitación era tan grande que casi parecía de cine, lo que me hacía sentir en una película mientras tomaba apuntes mentales sobre el guion que nos había mandado Elaia para las escenas.
Por la mañana me desperté antes de que sonara la alarma.
Aproveché para darme un baño en la enorme bañera de la habitación, de esas que parecen protagonistas en medio del baño.
Cuando el agua estaba lo bastante caliente, eché un poco de jabón para cubrirlo todo de burbujas.
Siempre me han gustado los baños estilo película.
Mientras el agua me cubría, no podía evitar pensar en cómo grabaríamos las escenas hoy.
Tenía tan interiorizado el manuscrito de Noa, que ni siquiera había pensando en lo romántico que era el libro.
Al salir de la bañera, me arreglé y me vestí con lo primero que saqué de la maleta: leggins marrones, mis zapatillas de confianza, una blusa blanca y una americana. Práctico, cómodo y presentable. Antes de salir de la habitación le envié un mensaje a Elaia.
YO:
¿Desayunamos o ya estás liada con el equipo?
Al cerrar la puerta, pensé en Nathan, ayer por la noche lo oí llegar, pero esta mañana no he escuchado ningún sonido de su habitación, miré el reloj, y como aún era temprano, supuse que estaría durmiendo.
A los pocos minutos recibí respuesta y quedamos en la cafetería del hotel. Bajé escopetada. Elaia no tenía mucho tiempo antes de salir, pero yo necesitaba darle un abrazo y contarle la pesadilla de mi vuelo, por supuesto, omitiendo la parte en la que Nathan había hecho el papel de mi salvavidas.
Nos tomamos un café rápido y enseguida se fue volando con el resto del equipo. Nos despedimos todos y quedamos en una hora en Rue Saint-Paul para empezar con la primera escena.
Durante el tiempo que esperaba, no pude dejar de imaginar cómo se verían los lugares en cámara: los adoquines brillando bajo la luz de la mañana, los escaparates pintorescos… Como si estuvieran sacados de un cuento.
«Vale, Lena, esto va a ser divertido. Si sobrevivimos al rodaje, será un triunfo».
Acababa de terminar mi desayuno cuando Nathan apareció por la puerta de la cafetería. Parecía que se acababa de levantar. Su aspecto casual le sentaba bien. Muy bien, de hecho. La camiseta se ajustaba al pectoral, lo justo para marcarse un poco sin parecer forzado.
Volví a pegar la vista a mi plato, intentando concentrarme.
—Buenos días —me saludó Nathan.
—Buenos días —contesté—. ¿Todo bien?
Asintió y se sentó en la silla que quedaba frente a mí. Mientras hojeaba la carta de comidas, se acercó a la barra para pedir. Desde esa perspectiva, no pude evitar fijarme en cómo se le marcaba el culo en los pantalones.
«No le mires el culo, Lena».
—Me ha dicho Elaia que tenemos que vernos en Rue Saint-Paul en algo menos de una hora —le expliqué mientras se volvía a sentar—. Es importante que lleguemos a tiempo porque después tendremos el tiempo justo para comer e ir a otra localización.
Su olor se coló de nuevo en mi cerebro. «Joder… ya parecía costumbre».
Asintió y, tras terminar de desayunar, nos dirigimos a la salida del hotel. Al abrir la puerta de la cafetería, nuestras manos se rozaron, antes de que pudiera pensar, me aparté, me colé delante de él y le hice un gesto con la cabeza señalando la salida.
—Te espero fuera —le dije, y salí caminando a toda prisa, respirando el aire fresco de la calle como si eso me ayudara a recomponer la cabeza.
«Lena, por favor, deja de pensar en lo bueno que está tu compañero de trabajo»
El camino hacia Rue Saint-Paul se hizo ameno. Estaba apenas a diez minutos caminando desde nuestro hotel y, aunque no nos diera tiempo a ver mucho, el centro histórico de Montreal me estaba pareciendo precioso. Tenía un aire pintoresco que parecía sacado de una novela.
—¿Nerviosa? —comentó Nathan
—No, pero con algo de presión, sí. Esto no es solo un proyecto… no sé si lo entenderías. Es que desde que trabajo con Noa, siento que recae mucha responsabilidad sobre todo lo que hago.
—Es normal, Lena. Noa es la autora más grande de Starlight, ¿no?
Me ocurrió algo parecido cuando trabajaba con Ali.
Cuando llevamos proyectos de este nivel, a veces, resulta imposible mantener la cordura.
—Cogió aire para continuar—. Scarlett ha confiado en ti para esto, igual que confía en ti con el resto de autores que llevas, así que eso debe darte tranquilidad.
—Supongo que sí, pero me lo tomo todo muy personal. Creo que por eso nunca paro de trabajar, para estar a la altura de todo y para seguir demostrando que yo puedo.
—Y está bien, ¿pero a quién se lo tienes que demostrar? Me da la sensación que piensas que no eres suficiente, y visto desde fuera, creo que todos confían en ti menos tú misma.
Suspiré tratando de encontrar una respuesta para contestarle.
No era la primera vez que tenía esta conversación con alguien.
Era cierto que desde que llegué a la editorial me pasaron con grandes proyectos, no sé si por suerte, por casualidad o porque me lo merecía, pero nunca había terminado de creerme que ese puesto era mío y que además lo hacía bien.
—Confía en ti. Seguro que también se te da bien la interpretación. No necesitabas ensayar, ¿recuerdas? —afirmó con tono irónico.
—Seguro que si nos ceñimos al guion y a las normas, todo sale sobre lo previsto.
Asintió.
Al llegar, localizamos enseguida al equipo de marketing.
No eran muchos, algunos se habían quedado en Starlight, pero se hacían notar al instante: cámaras, trípodes, teléfonos de última generación…
Si no fuera porque les conocía, diría que parecían profesionales del cine.
Aunque la verdad es que cuando a Elaia se le metía algo entre ceja y ceja, lo cumplía con creces.
Siempre había tenido facilidad para grabar contenido, y una prueba de ello eran los vídeos que publicaba en su cuenta personal y que llegaban a miles de personas.
Así que no me sorprendió ver esa preparación.
Me dirigí hacia Elaia, mientras Nathan se fue a saludar a James. Aunque llevaba poco tiempo en la empresa, enseguida hizo migas con gente de otros departamentos. Parecía tener bastante facilidad con la gente, excepto conmigo, supongo.
Mentiría si dijera que no estaba nerviosa.
La idea del booktrailer me parecía una fantasía, y aún más ser yo la protagonista de aquel proyecto.
Yo, la protagonista de la novela de Noa.
Yo, la que iba a dar vida a Mia, una mujer que se enamoraba con locura de Jon.
Yo, la que, sin tener ni una pizca de idea de interpretación, se había visto envuelta en una encerrona…
una encerrona fantástica y de lo más romántica.
Y ahora, a escasos minutos de empezar, intentaba relativizarlo todo porque, hasta ese momento, en lo único que había pensado era en por qué cojones a Scarlett le había parecido buena idea que Nathan y yo formáramos ese dúo.
Era una oportunidad increíble. Estaba convencida de que este sería otro bestseller y de que el booktrailer llegaría a muchísima gente, así que hacerlo bien debía ser mi prioridad.
Además, me encantaba Noa, y me encantaba la relación entre los protagonistas.
Yo siempre había querido algo parecido a eso.
Cuando pensaba en el amor, pensaba exactamente en un amor tan fuerte como el de Mia y Jon.
De esos que irrumpen en tu vida sin avisar y te sacuden el corazón hasta dejarte sin freno ni miedo.
Eso era lo único que le pedía a gritos a la vida. Pero ella se empeñaba en ponerme trabajo, trabajo y más trabajo delante de las narices y, por culpa de eso, había terminado rindiéndome en mi búsqueda del amor perfecto.