El arte de entender el caos CAPÍTULO 14Lena
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CAPÍTULO 14Lena

No me sorprendió encontrar a Nathan en el despacho de Scarlett.

Había olido su colonia nada más salir del ascensor, esas notas estúpidamente irresistibles que me hacían…

Nada. No me hacían nada. Lo que sí me desconcertó fue ver a Elaia allí.

Había imaginado que la reunión sería otro toque de atención o un ultimátum hacia Nathan, así que verla sentada junto a Scarlett me hizo arquear una ceja.

Me senté en la silla que quedaba libre, justo al lado de Nathan.

Inspiré hondo al percibir su colonia aún más cerca.

Hoy llevaba una camisa beige que le quedaba perfecta, sencilla, con el cuello abotonado.

No sé por qué me fijaba en eso, así que intenté concentrarme de nuevo en lo que Scarlett y Elaia estaban contando.

Hasta que casi escupí el café de la boca, después de escuchar la «estupenda» idea de mi amiga.

Protagonizaréis… un… romance… Lena y Nathan.

¿Qué demonios? ¿En serio? ¿Mi propia amiga me había metido en esto?

Miré a Elaia buscando una escapatoria, algo que me tranquilizara, pero estaba demasiado concentrada explicando la idea. Antes de que pudiera reaccionar, Scarlett se sumó:

—Formar parte de este proyecto no solo implica protagonizarlo, también deberéis desplazaros a la ubicación del libro.

Miré a Nathan esperando que dijera algo tipo: «Pero, ¿cómo se supone que haremos eso?», sin embargo, él solo asintió.

Intenté salvarnos del apuro, o, al menos, salvarme a mí.

—Scarlett, es imposible que nos vayamos a Montreal, eso supondría perder trabajo al menos durante una semana…

—No te preocupes, Lena —dijo—. Sé que, con lo cuidadosa que eres, vas a seguir trabajando igual de bien allí que aquí. Tenemos un planning de trabajo así que no veo problema. Si tienes citas, agéndalas online . Lo primero ahora es sacar adelante el libro de Noa.

Intenté cambiar mi cara de asco por una de profesional, cuando Nathan añadió:

—¿Y yo? Aún no he podido organizarme ni conocer todos los detalles de Starlight. No veo cómo agilizar mi llegada si no estoy cerca de la oficina.

Scarlett nos miró a ambos y remarcó:

—Sois dos jóvenes trabajadores y comprometidos, ¿verdad? Sé que sabéis que lo más importante ahora es sacar adelante lo que promete ser otro bestseller de Noa, así que seguro que encontraréis la manera de trabajar allí y ser profesionales tanto en el tráiler como en vuestro trabajo habitual.

Asentimos, recogimos nuestras cosas y nos dirigimos a la puerta. Nathan siguió hacia el ascensor y yo esperé a Elaia justo fuera.

Cuando ella salió, la cogí del brazo y le di un pellizco en una nalga:

—¡Pero tía! ¿Cómo se te ocurre hacerme algo así? La madre que te parió —bufé en español.

Elaia se rió. Ya sabía que esa frase en castellano se había convertido en su favorita para las quejas.

—Te prometo que lo de trabajar juntos no fue idea mía. Solo quería contratar a artistas, pero desde la junta insistieron en que los vuelos y el equipo ya tenían un coste demasiado elevado.

Me miró con cara de «Lo siento, Lena» y añadió irónica mientras me daba un codazo:

—Pero venga ya, con la química que tenéis, ¿cómo vas a negarte a esta experiencia?

Química.

Sí, claro, justamente todo aquello que seguro que Nathan y yo no desprendíamos cuando estábamos juntos. Y por no hablar del repelús que me dió pensar que en algún momento del proyecto tendríamos que hacer creer a todo el mundo precisamente eso, que teníamos química.