CAPÍTULO 13Nathan
—Buenos días, Scarlett —dije.
En cuanto la saludé, me percaté de que había un par de ojos más observándome desde el despacho.
—Elaia —saludé, levantando la mano mientras me acercaba.
Scarlett me sonrió y me colocó la silla que estaba frente a ella, como señal de que debía sentarme allí. Y eso fue lo que hice, después de dejar mi portátil sobre la mesa.
—Ahora mismo empezamos —añadió—. Aún falta alguien.
La miré, esperando una explicación que no llegó. Ella lo notó y esbozó una media sonrisa.
—Un segundo. Aún no estamos todos.
Antes de que pudiera preguntar, la puerta se abrió y apareció Lena.
Entró con total naturalidad, como si no estuviera a punto de compartir despacho conmigo después de todo lo ocurrido.
Su rostro estaba limpio, sin exceso de maquillaje.
Solo un poco de colorete. El viento le había despeinado con ligereza el pelo; algunos mechones rubios caían ondulados sobre su clavícula.
En sus manos, reconocí el anillo que siempre toqueteaba al ponerse nerviosa.
Cuando levantó la vista hacia la mesa, su expresión cambió de inmediato.
Creo que mi presencia no era algo que esperara encontrar allí.
Y, siendo honesto, a mí tampoco me resultaba cómoda la suya.
Se sentó en la silla contigua a la mía, dejó su café para llevar sobre el escritorio impecable de Scarlett y soltó un resoplido bajo mientras se acercaba a la mesa.
Scarlett carraspeó mientras ordenaba unos folios en sus manos.
—Bueno, ahora que ya estamos todos, no os hago esperar más, vamos a empezar.
Elaia se enderezó un poco para prepararse. Scarlett se colocó en su asiento y apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Elaia ha tenido una idea para la estrategia de promoción de la nueva novela de Noa —dijo—. Es algo en lo que yo no había reparado. Ha encontrado un enfoque que nos puede mejorar mucho las promociones de las novelas.
Lena ladeó la cabeza, atenta. Yo me limitaba a escuchar, sin atreverme a interpretar nada todavía. Su concentración me recordaba lo meticulosa que podía ser.
—Después de hablarlo con el resto de la junta —continuó Scarlett—, hemos coincidido en que es una propuesta brillante. Muy bien pensada, y con mucho potencial.
Hizo una pausa breve, como si midiera el efecto de sus palabras.
—Ahora bien —añadió—, desde Starlight no podemos asumir todos los recursos necesarios para desarrollarla al cien por cien. Y por eso, hemos pensado que forméis parte del proyecto.
Mientras lo decía, Scarlett giró ligeramente la cabeza hacia Elaia.
—¿Quieres seguir tú?
Elaia asintió, aunque durante un segundo su gesto pareció menos seguro. Juntó las manos sobre el escritorio, apoyó la tablet delante de ella y respiró hondo antes de empezar.
—Como ya sabéis, Noa es una de las autoras más importantes de Starlight —dijo—.
La idea era hacer algo que no solo mantuviera su posición, sino que la impulsara todavía más arriba.
Crear expectación real. De esa que engancha antes incluso de abrir el libro.
La promoción se basa en un booktrailer .
Un corto cuidado, narrativo, que funcione casi como un adelanto de la historia.
Asentí despacio, siguiendo la explicación, intentando no anticipar nada. A mi lado, Lena permanecía inmóvil, concentrada, y eso hacía que me costara aún más mantener la calma.
—Y aquí —continuó Elaia— es donde entráis vosotros.
Levantó la vista de la tablet.
—En el tráiler, Lena interpretará a Mia.
Luego giró la cabeza hacia mí para mirarme.
—Y tú, Nathan, interpretarás a Jon. El protagonista masculino de Por siempre nosotros.
Durante un segundo, mi mente se quedó en blanco. No sabía qué expresión poner; sentía cómo se me tensaban los músculos de la cara. Debía notarse. Mucho. Porque antes de que pudiera decir una sola palabra, Scarlett intervino.
—Con el tiempo que tenemos —explicó Scarlett—, lo más coherente era apostar por alguien interno. Personas que ya conocen el proyecto.
Me miró primero a mí. Luego a Lena.
—Tú, Lena, conoces la novela mejor que nadie. Cada matiz, cada gesto, cada intención.
Hizo una breve pausa.
—Y Nathan… te puedes poner al día —añadió—. Además, te necesitamos en la ecuación. Y, con la química que desprendéis, creemos que el resultado puede funcionar muy bien.
Química.
La palabra me cayó encima como una losa.
Mi estómago se encogió y de repente todo mi control habitual me pareció inútil.
Ni siquiera tuve valor de mirar a Lena. No estaba preparado para ver su cara de asco, o desdén, o lo que sea que sintiera hacia mí en ese momento.
Solo sabía una cosa: había venido a este despacho esperando una reprimenda, quizá una corrección elegante.
Y acababa de recibir algo mucho más grande, mucho más arriesgado…
y con un nivel de peligro bastante más elevado.
¿Cómo se suponía que iba a protagonizar un corto romántico con Lena si cada vez que me miraba parecía que ponía kilómetros de distancia entre nosotros? Por no hablar de que apenas nos conocíamos y que lo poco que habíamos hablado había sido para discutir.
Maravilloso. No tenía idea de dónde me estaba metiendo, pero sí sabía una cosa: no podía negarme, dudar, ni rechistar. Tenía bastante con lidiar con la cagada del otro día como para añadir esto encima.
Y mientras Scarlett seguía hablando de plazos, localizaciones y equipos, solo podía pensar una cosa: esto no iba a ser nada sencillo.