Capítulo 10
Al día siguiente, David regresó a Nueva York antes que los demás. Esa misma tarde, el resto del equipo también se marchó de Miami.
Pasaron unos días más tras aquella conversación...
Olivia y Emily hablaban por teléfono.
—Liv, ¿estás segura de que quieres hacer esto?
—No sabía que tenías una vena tan cobarde —dijo con sorna.
—No es cobardía, ¿vale? —replicó, haciendo reír a Olivia.
—¿No?
—Solo un poco... ¿y si no le gusto?
—Va a adorarte. Vamos, que Mia ya está aquí.
—Esa traidora. Ni siquiera me esperó.
—Vamos, amor. Te estamos esperando.
Al oír que le decía «amor» tan espontáneamente, Emily se quedó en silencio al otro lado de la línea, con una sonrisa capaz de iluminar cualquier habitación.
—Vale, ya voy... —Seguía sonriendo, pero no hizo ningún comentario al respecto.
—¿Emy está en camino? —preguntó Mia, sentada en el sillón y charlando animadamente con Abigail.
—Está en camino...
—Por fin voy a conocerla —comentó la Sra. Wess.
—Está cagada de miedo —bromeó Vic.
—¡Victoria! —la regañaron Mia y Olivia al mismo tiempo.
—Qué va, Sra. Wess. Solo está temblando de terror —bromeó Mia.
—Eso ayudó mucho, Mia. —Olivia se rio de su amiga.
Tras unos largos minutos, avisaron a Olivia de que Emily había llegado al edificio, así que se levantó a abrir la puerta.
—Qué rápido. Bienvenida. —Abrió la puerta con una amplia sonrisa y se encontró a Emily de pie, guapísima.
—Hola... —dijo tímidamente, mirando por encima del hombro de Olivia.
—Estás preciosa, Emm. —La besó suavemente en los labios—. Ven... —La tomó de la mano y la llevó a la sala.
—¿Llegaste bien? —Mia se levantó y abrazó a su amiga.
—Ajá.
—Mamá, esta es Emily...
—Sra. Wess, es un placer conocerla. —Pero justo cuando iba a darle la mano, Abigail se levantó y la abrazó.
—Bienvenida, querida. —Se volvió hacia su hija—. Tenías razón. Es preciosa. —Se rieron, y por supuesto, Emily se sonrojó de inmediato.
—Hola, Emy. Qué bien verte...
—Hola, Vic. ¿Qué tal? —La abrazó.
Tras las presentaciones con la madre de Olivia, por fin recuperó el aliento y empezó a comportarse con naturalidad y soltura.
La conversación empezó a fluir...
—Es verdad. Ni siquiera sé cuántas veces me llamaron porque había pegado a algún chico...
—Mamá, ¿qué gracia tiene avergonzarme así? —Olivia se tapó la cara con las manos mientras los demás se reían.
—Déjala que lo cuente. Quiero saber más... —dijo Emily, y posó la mano con naturalidad sobre la pierna de Olivia.
—Para chantajearme después, ¿no?
—Obviamente.
—Cuando Victoria se mudó a nuestro barrio con su familia, al menos tuve la compañía de su tía cuando me tocaba ir al colegio a escuchar quejas.
—Yo pagaba los platos rotos —se quejó Vic—. Liv era la que liaba los problemas.
—Para defenderte, ¿no, niña? —replicó Olivia.
—¿Necesitabas que Olivia te defendiera, Victoria? Qué decepción —bromeó Mia, disfrutando claramente del tema.
—Era una gallina —dijo Olivia, haciendo que Mia y Emily estallaran en carcajadas.
—¡Olivia! —la regañó Abigail—. Como ya habrás notado, mi hija suelta tacos de vez en cuando.
—Eso ni siquiera es un taco, mamá.
—No te preocupes. Conozco bien a esta reina de las palabrotas desde Del Carmen.
—Volvió a la normalidad después de reencontrarse con Emy —dijo Vic.
—O sea, ¿que suelta tacos cuando está conmigo?
—Vuelve a soltar tacos y vuelve a sonreír, que conste —añadió Vic.
Sin poder dejar de sonreír, Emily le dio un beso en la mejilla a su novia.
La cena se alargó, animada y llena de conversación.
—Quédate a dormir... —Después de cenar, las novias charlaban junto a los ventanales.
—Ni hablar.
—No veo por qué no.
—A lo mejor, solo a lo mejor, porque tu madre duerme en la habitación de al lado.
—Adolescentes...
—No es eso, Liv. Mañana tienes reunión temprano con Tommy, y si «duermo» aquí, ninguna de las dos va a pegar ojo.
—Dios...
—No pongas esa cara. Pasaré por la reunión para verte.
—De acuerdo. ¿Qué puedo hacer?
—Esa carita enfadada tan bonita...
Se rio y cubrió el rostro de Olivia de besos.
Un rato después, Mia y Emily salieron juntas del apartamento de Olivia. Vic se fue a su habitación, y Olivia y su madre se quedaron solas en el salón.
—No me mires con esa sonrisita. Venga, dilo, señorita Abigail —dijo, estirada en el sillón, con la cabeza apoyada en el regazo de su madre.
—Es un encanto... Es precioso veros juntas. Y ver a mi hija enamorada.
—Solías rezar por un milagro... y sucedió.
—Solo quiero que seas feliz.
—Soy feliz, mamá...
—Ya lo he notado.
Sonrieron y siguieron hablando un rato más, de infinidad de cosas, hasta que finalmente se fueron a descansar.
Por la mañana, en la sala de conferencias, Tommy, Olivia, Alma y Meg decidían los siguientes pasos para la publicidad del lanzamiento del producto, así como las sesiones de fotos que volverían a hacer con Pablo.
—Creo que todo va según lo previsto —confirmó Tommy.
—Piensa en la idea que te dimos para el lanzamiento, Tommy —dijo Meg.
—Sí, lo resolveremos cuanto antes —se volvió hacia Olivia—. ¿Qué te pareció, Olivia?
—Es una idea muy interesante...
Pero antes de que Olivia pudiera siquiera terminar la frase, sonrió al ver a Emily entrar en la sala.
—Lo siento. Pensé que habíais terminado —se disculpó.
—Qué va, hermanita. Estamos terminando. Quédate con nosotros.
Emily sonrió discretamente a su novia, pero ni siquiera tuvo tiempo de sentarse antes de oír unas voces muy familiares.
—Mirad a quién me he encontrado a la entrada del edificio —anunció David, junto a una mujer rubia de mirada arrogante.
—¡Mamá! —exclamaron Tommy y Emily, sorprendidos.
—Hola a todos —los saludó la elegante Madelyn Reed—. Ya que mis hijos se niegan a venir a verme, aquí estoy.
—Qué sorpresa tan maravillosa —su emocionado hijo fue a abrazarla.
—Bienvenida... —dijo también Emily, intercambiando una mirada poco alentadora con Olivia, quien comprendió de inmediato lo difícil que podía ser esa relación.
Madelyn besó a sus hijos con genuino anhelo, pero al final abrazó a Emily y a David y se colocó entre la antigua pareja.
—Mi eterno yerno me hizo una invitación sencillamente irresistible.
Liv observó toda la escena, visiblemente seria.
—¿A qué te refieres? —preguntó Emm.
—Nos invitó a pasar el fin de semana en los Hamptons —dijo la señora, animada.
—Por supuesto, la invitación también es para ti, Tommy, y para tu familia... y para Emy.
Olivia suspiró y miró hacia otro lado, incómoda.
—Bueno, pues. Irresistible —dijo Tommy, a quien le gustaba la idea.
—¿Veis? A mí nadie me invita —bromeó Meg.
—¿Cómo no íbamos a hacerlo?
—Es broma. Ya le había dicho a David que no podría ir. Deberíais ir todos —miró hacia Alma y Olivia.
—Por supuesto. Sería un placer —respondió Russel, nervioso.
—Gracias, David, pero Alma había programado algunas cosas de trabajo para el fin de semana... —Olivia fijó la mirada en la agente, como pidiéndole que lo confirmara.
—Es cierto. Otra vez será... —respondió Alma, que había entendido la súplica.
—Ah, disculpa. Mamá, esta es Alma, la agente de nuestra modelo, y te presento a nuestra querida y hermosa Olivia Wess —las presentó Tommy.
—Hola, señora Reed —la saludó Alma, pero la mirada de la elegante mujer se posó en Olivia.
—Ah... Debo admitir que mis hijos tenían razón cuando te elogiaban, Olivia. Eres realmente hermosa y... exótica... —se volvió hacia su hijo—. ¿Verdad?
—Sí, mucho —asintió él, sonriendo—. Olivia es, sin duda, perfecta para este producto. Perfecta.
—Perfecta —añadió David, pero Emily percibió un rastro de ironía en su voz y no logró entender por qué.
—Tengo que estar de acuerdo —confirmó Emm con una sonrisa dirigida a Olivia.
—Gracias. Ha sido un trabajo muy especial... —respondió ella educadamente, al notar la extraña mirada que David le dirigía. No apartó la vista. Le sostuvo la mirada hasta que fue él quien la desvió.
—¿Tendré el placer de cenar con mis hijos esta noche?
—Por supuesto, mamá —dijo el empresario.
—Sí... —su hermana también terminó aceptando.
—David, tú eres mi invitado —le dijo la mujer al exnovio de su hija.
Solo Alma y Emily se dieron cuenta de que Olivia bajó la cabeza; Emily sintió lo desagradable que era todo aquello para ella.
Tommy dio por terminada la reunión y acompañó a su madre y a David a su despacho. Meg se fue con Alma, mientras que, bajo la mirada distante de David, Olivia y Emily hablaban cerca del despacho ejecutivo.
—Liv... Lo siento mucho. No tenía ni idea.
—No pasa nada.
—¿De verdad?
Intentó ocultar lo mucho que le molestaba la conexión de David con la madre de su novia.
—Sí. Relájate.
—¿Por qué no aceptaste la invitación para ir a los Hamptons?
—¿Estás de broma?
—Olivia, pasaríamos el fin de semana juntas.
—¿Y tendría que pasarme veinticuatro horas al día viendo cómo tu madre trata a ese ex tuyo como el yerno del año? Ni hablar. Paso olímpicamente, gracias.
Ya no pudo disimular su agitación.
—Liv…
—Tengo que ir al estudio de Pablo. Hablamos luego.
—Olivia… no te vayas así.
—Emily, no te culpo por nada de esto, pero déjame digerirlo, por favor.
Al final, Emily dejó que Liv se fuera, y Liv bajó en el ascensor hasta el garaje donde tenía aparcado el coche. Durante todo el descenso, sus propios pensamientos no dejaron de irritarla.
Cuando llegó al coche y lo abrió, oyó de pronto la voz de su novia.
—¡Espera! —la llamó, y Olivia se giró—. Olvidé decirte algo…
Se acercó y se plantó frente a ella.
—¿Qué pasa?
Su humor no era el mejor.
—Olvidé decirte que… —Se acercó aún más, sin apartar la mirada de aquellos ojos—. Te quiero…
Sin pensarlo más, atrajo el rostro de Olivia hacia el suyo y la besó con una intensidad que algunos llamarían amor.
Minutos después, cuando se separaron, Olivia estaba sonriendo, sin saber cómo reaccionar ante aquella inesperada declaración.
—Ahora también tienes eso que digerir…
Olivia separó los labios para decir algo, pero Emily la detuvo.
—Como dirías tú: Shhhh… Hablamos luego…
Besó los labios de Olivia rápidamente y volvió al ascensor.
Liv no pudo dar ni un solo paso, aturdida por lo que acababa de suceder. No apartó los ojos de Emy hasta que las puertas del ascensor se cerraron.