CAPÍTULO 32 Tras la señal de Santo Domingo
BLOQUE 1
La relación posterior existía.
No completa.
Y tampoco en el lugar donde habían esperado encontrarla.
Eso fue lo primero que descubrieron.
Inés Montalbán localizó una referencia cruzada dentro de un índice notarial donde se mencionaba una relación de destinos de bienes que continuaban fuera.
El original no estaba en el legajo correspondiente.
Podía haberse perdido durante una reorganización antigua o haber terminado dentro de otro fondo.
Sin embargo, sobrevivían copias parciales.
Una estaba en Nájera.
Otra, mucho más breve, se conservaba en Santa María.
Había además una tercera versión que siglos después había terminado dentro de un archivo familiar relacionado con las piezas cuya procedencia moderna Mauro estaba revisando.
Sebastián extendió las reproducciones.
—No vamos a combinarlas todavía.
Irene asintió.
—Primero hay que saber qué dice cada una por separado.
La copia de Nájera era la más extensa.
Su encabezamiento estaba deteriorado, pero permitía leer:
Razón de los lugares donde deberán dejar nueva noticia los bienes que continúan fuera después de los avisos anteriores.
Sebastián comprendió inmediatamente la función.
No era una relación de propietarios.
Tampoco identificaba necesariamente destinos finales.
Indicaba dónde debía quedar una nueva constancia si el bien continuaba moviéndose.
Mauro observó.
—Entonces esto es exactamente lo que buscábamos.
—Sí.
Sebastián empezó a revisar las entradas.
Había papeles que continuaban hacia Logroño.
Un volumen perteneciente a una iglesia debía dejar noticia en una casa religiosa.
Otro libro avanzaba hacia occidente.
También aparecía una referencia a Calahorra.
Después encontró:
Volumen grande de pergamino, procedencia de San Millán según relaciones anteriores.
No había duda sobre la identificación.
Debajo decía:
última razón recibida en Santo Domingo.
Mauro se inclinó.
—¿Y después?
La línea siguiente estaba dañada.
El borde había perdido algunos milímetros y solo permitía leer:
si prosigue, dejar aviso en...
Nada más.
Irene examinó la hoja.
El daño parecía antiguo y compatible con desgaste producido mientras el papel permaneció plegado.
Sebastián no apartó la vista.
Habían llegado exactamente al lugar donde la relación podía revelar el siguiente punto.
Y esa parte faltaba.
Inés colocó al lado la copia de Santa María.
Era mucho más breve y solo reproducía ciertas entradas relacionadas con bienes de origen religioso.
La del códice decía:
Libro emilianense: noticia de Santo Domingo. Continúa.
Mauro soltó el aire.
Sebastián, en cambio, se quedó mirando la última palabra.
Continúa.
Eso bastaba para confirmar algo importante.
Santo Domingo no cerraba la obligación.
No aparecía devolución ni cambio de responsable.
El volumen seguía fuera.
La tercera versión era más difícil de valorar.
Había sido comercializada años atrás simplemente como:
Relación de bienes diversos, siglo XVII.
Nadie había reconocido su conexión con las copias de Nájera.
Irene examinó el papel.
Los pliegues mostraban semejanzas con otros documentos procedentes del entorno Valdeterra, aunque aquello no permitía todavía afirmar una unidad de origen.
Sebastián empezó a leer.
Las entradas eran mucho más abreviadas.
Anotaban un lugar anterior, el bien y el próximo punto donde debía quedar aviso.
El orden general coincidía con la copia de Nájera, aunque las fórmulas no eran idénticas.
Eso era esperable.
Aparecían Calahorra y Logroño.
Más abajo figuraba:
Sto. Dom. — libro de pergamino de San Millán — sigue.
Junto a la línea había una flecha dirigida hacia una nota inferior:
ver relación del camino.
Mauro fue el primero en reaccionar.
—¿Qué relación?
Sebastián negó.
—Todavía no lo sé.
La expresión era nueva.
No decía camino de peregrinos ni villas del camino.
Hablaba simplemente de una relación del camino.
Eso podía significar una lista organizada según recorridos.
Nada indicaba una institución ni una estructura reservada.
Solo una forma práctica de clasificar movimientos.
Inés recordó una caja catalogada hacía décadas como:
Papeles de camino y tránsito.
Ya la habían revisado buscando a Pedro de Grañón.
No habían encontrado nada que entonces pareciera decisivo.
Sebastián levantó la vista.
—Tenemos que volver.
Esta vez sabían qué necesitaban.
No buscaban directamente el códice.
Buscaban una relación de tránsito capaz de explicar qué significaba continúa después de Santo Domingo.