El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 3
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La relación separada no estaba en el primer fondo revisado en Santo Domingo.

Solo encontraron una referencia:

Se remitió copia a Nájera.

Sebastián se quedó quieto.

Otra vez la documentación podía moverse en dirección contraria al bien.

Pedro podía continuar hacia occidente mientras una copia regresaba a Nájera para mantener allí la memoria de su responsabilidad.

Inés buscó en fondos ya examinados.

La referencia apareció dentro de una carpeta que habían revisado semanas antes.

No la habían relacionado con Pedro porque el nombre estaba abreviado.

Decía:

P. de G. da aviso desde Sto. Dom. de continuar con bienes ajenos recibidos bajo obligación anterior.

Mauro señaló el plural.

Sebastián hizo la misma observación.

La frase todavía no identificaba el códice.

La línea siguiente remitía a una lista adjunta que no se conservaba.

Una copia posterior resumía parte del contenido:

un libro grande y otros papeles

Era una descripción demasiado general para resolverlo sola.

Pero añadía:

procedente de casa monástica según testimonio anterior.

Mauro se inclinó.

La convergencia aumentaba.

Pedro de Grañón era responsable del códice.

El volumen era grande y procedía de San Millán.

Pedro viajaba por el camino de peregrinos.

Ahora estaba documentado en Santo Domingo avisando de un libro grande procedente de una casa monástica y recibido bajo una obligación anterior.

Irene preguntó si conocían algún otro libro grande bajo responsabilidad de Pedro que pudiera encajar.

Sebastián revisó lo que tenían.

Pedro había gestionado otros bienes y papeles.

No aparecía otro volumen con esas características dentro de aquella obligación.

Eso cambiaba la fuerza de la identificación.

Inés señaló la convergencia cronológica y documental.

No había otro candidato conocido que reuniera esas condiciones.

Sebastián asintió.

Ahora podían sostener que la referencia correspondía al códice.

El volumen emilianense había llegado hasta Santo Domingo de la Calzada bajo responsabilidad de Pedro de Grañón.

Mauro sonrió.

—Entonces ya lo tenemos.

Sebastián negó.

—Tenemos el lugar. Todavía no sabemos qué ocurrió allí.

La relación no describía un relevo.

Tampoco nombraba a una nueva persona.

Solo decía:

P. de G. continúa con bienes ajenos.

Eso significaba que Santo Domingo no era, al menos en aquel momento, el punto donde Pedro dejaba de responder.

El códice seguía bajo su obligación.

La villa había funcionado como lugar de tránsito y de aviso.

Irene encontró una nota marginal:

si prosigue, dejar nueva razón antes de la salida.

—Entonces hubo otro documento.

Sebastián corrigió:

—O debía haberlo.

La anotación remitía a:

en relación siguiente

Ese documento no estaba allí.

Sí apareció una referencia dentro del inventario general:

otros destinos en relación posterior.

Sebastián levantó la vista.

Eso les daba la siguiente búsqueda.

La relación posterior probablemente agrupaba varios bienes según el lugar hacia el que continuaban después de sus avisos.

Si el códice seguía abierto, era razonable esperar que figurara.

No era certeza.

Era la lógica demostrada por los inventarios que ya habían estudiado.

La diferencia era que ahora el territorio de búsqueda se había reducido enormemente.

Ya no buscaban en todo Nájera ni en toda La Rioja.

Tenían un punto comprobado.

Santo Domingo de la Calzada.

Y sabían qué clase de documento necesitaban.

Una nueva constancia anterior a la continuación del viaje.

Fray Julián aportó entonces una fuente independiente procedente de San Millán.

La anotación decía:

recibida noticia de tránsito por Santo Domingo, sin constar todavía nuevo responsable.

Sebastián la leyó dos veces.

Aquello cerraba el tramo.

No dependía del mercado.

Tampoco de una transcripción moderna.

San Millán había recibido noticia del tránsito.

El códice seguía bajo obligación y no constaba todavía un relevo posterior.

Santo Domingo de la Calzada era, por tanto, un punto del recorrido.

No el destino final.

Tampoco una nueva custodia.

Un lugar donde había quedado constancia mientras Pedro de Grañón continuaba respondiendo.

Mauro señaló el mapa.

—Ahora sí podemos dejar Nájera definitivamente atrás.

Sebastián asintió.

El códice había salido de Nájera.

Después estaba documentado en Azofra y Alesanco.

Más tarde continuó por el camino de peregrinos.

Y finalmente podían situarlo en Santo Domingo de la Calzada bajo la misma responsabilidad.

La investigación acababa de atravesar una frontera importante.

Ya no seguían una hipótesis sobre dónde podía haber llegado.

Tenían una constancia documental independiente de que efectivamente había llegado allí.

Pero todavía faltaba lo que debía venir después.

No era momento de buscar al siguiente responsable por intuición.

Primero necesitaban encontrar la relación donde se habían agrupado los destinos posteriores.

Sebastián volvió a la nota:

otros destinos en relación posterior

Ahí estaba la próxima búsqueda.

No el códice en sí.

El documento capaz de mostrar hacia dónde continuaban varios bienes después de dejar sus respectivos avisos.

Y quizá, entre ellos, el volumen emilianense.

Santo Domingo dejaba así de ser una abreviatura dudosa escrita al margen.

Se convertía en un lugar demostrado dentro de la cadena.

No era el final.

Era otro destino en la relación.