BLOQUE 3
La primera vez que apareció una villa más occidental, Sebastián se negó a colocarla sobre la línea del códice.
No desconfiaba del documento.
El problema era que pertenecía a otro libro.
Mauro protestó.
—Está sobre el mismo corredor.
—Sí.
—Y aparece después de Alesanco.
—También.
—Entonces sirve.
—Para buscar. No para afirmar que el códice pasó por allí.
La distinción era fundamental.
El otro volumen había continuado hasta una villa donde su responsable fue reemplazado.
La escritura estaba completa.
El nuevo receptor había aceptado el bien junto con la documentación que acreditaba su procedencia.
Meses más tarde, el volumen regresó utilizando un recorrido parcialmente diferente.
Era un caso cerrado.
Sebastián marcó la localidad con una nota:
punto confirmado para otro manuscrito
Nada más.
Irene entendió la estrategia.
Si varios libros que avanzaban hacia occidente utilizaban aquella localidad después de Alesanco, podía tener sentido revisar allí los protocolos y fondos relacionados con bienes en tránsito.
No porque el códice necesariamente hubiera pasado.
Porque ese lugar ofrecía una posibilidad razonable de conservar documentación relevante.
Inés empezó a revisar índices notariales.
Encontró actos relacionados con depósitos y entregas.
También aparecían operaciones comerciales y poderes vinculados con personas que viajaban.
El códice no figuraba.
Pero algunos nombres de otros expedientes reaparecían.
—Hay mucha documentación de tránsito —dijo.
Sebastián asintió.
La expresión densidad documental empezaba a resultar útil.
Algunas localidades producían o conservaban muchas más constancias relacionadas con personas y bienes en movimiento.
Eso podía reflejar una actividad históricamente intensa.
También podía deberse, en parte, a que sus archivos hubieran sobrevivido mejor.
Debían considerar ambas cosas.
Mauro llegó con otra noticia.
La Fundación Velasco había recibido una oferta privada de dos documentos antiguos relacionados con entregas de libros en La Rioja.
No mencionaban el códice.
La fundación había pedido procedencia antes de considerar cualquier compra.
El intermediario solo respondió:
colección particular del norte de España
Leandro Velasco decidió no avanzar y remitió la información a Mauro.
Su conducta seguía siendo coherente con lo que habían visto.
No era necesario convertirlo en sospechoso.
Las fotografías mostraban dos piezas.
Una mencionaba un libro ya conocido.
La otra contenía una secuencia de lugares.
Nájera.
Después Alesanco.
Y finalmente una localidad situada más al oeste.
Irene preguntó:
—¿Es la misma que apareció en el otro manuscrito?
Sebastián comparó.
Sí.
Ahora tenían dos libros distintos vinculados con aquel punto occidental.
Las fechas eran diferentes.
También los responsables.
Sebastián lo marcó.
No dentro de la ruta del códice.
Dentro del corredor comparativo.
Los lugares empezaban a adquirir una estructura más concreta.
Nájera aparecía repetidamente como punto documental de origen.
Azofra tenía presencia en varios avisos.
Alesanco destacaba como lugar donde quedaban constancias y se formalizaban relevos.
Más hacia occidente comenzaban a repetirse otros puntos.
No necesitaban llevar todavía el recorrido hasta su destino final.
El patrón ya resultaba demostrable.
Irene reunió fotografías y piezas procedentes de fondos distintos.
Algunas habían sobrevivido en archivos religiosos.
Otras provenían de familias.
Varias habían reaparecido en el mercado.
Pese a esas diferencias, ciertas fórmulas cumplían funciones semejantes.
Se hablaba de dejar razón.
También de cotejar con una relación anterior o realizar un nuevo asiento.
En otras entradas simplemente constaba que el bien continuaba fuera.
Fray Julián dijo:
—Eso me convence incluso más que la coincidencia geográfica.
Sebastián preguntó por qué.
—Porque dos caminos pueden coincidir por necesidad. Estas fórmulas muestran qué problema intentaban resolver.
El problema era mantener identificable la responsabilidad y conservar la procedencia mientras el bien seguía fuera.
La geografía ofrecía los lugares.
La documentación permitía que el vínculo con el origen no desapareciera.
Mauro observó la tabla.
—Entonces tenemos coincidencia funcional y geográfica.
Sebastián asintió.
Eso permitía una conclusión robusta.
No existía una sola ruta.
Había recorridos recurrentes que aprovechaban una infraestructura común.
Dentro de ellos, el corredor occidental estaba apareciendo en varios casos.
El códice era uno.
Mauro señaló la línea tenue que Sebastián llevaba días trazando.
—¿Ahora la vas a hacer más gruesa?
Sebastián sonrió.
—Todavía no.
Pero añadió una nota:
repetición comprobada en varios casos
La frase cambiaba el método.
Hasta entonces habían seguido principalmente el rastro individual del códice.
Ahora podían utilizar otros expedientes para decidir dónde buscar nuevas fuentes.
No para llenar los vacíos por semejanza.
Para seleccionar archivos donde era razonable esperar documentación.
Inés dejó otra relación sobre la mesa.
Había estado trabajando con un inventario que agrupaba libros según el próximo lugar donde debía dejarse noticia.
—Creo que tenemos una pista nueva.
Sebastián miró las entradas.
Había referencias a Calahorra y Logroño.
También a otras villas.
Entre los casos orientados hacia occidente se repetía una abreviatura:
Sto. Dom.
Mauro habló primero.
—¿Santo Domingo?
Sebastián no respondió.
La abreviatura podía referirse a una persona.
También a una casa religiosa o a una localidad.
El documento no la desarrollaba.
Tomó el lápiz.
No escribió un destino.
Escribió una pregunta:
¿Santo Domingo?
Era suficiente.
Las rutas habían empezado a repetirse.
Y ahora, al final de varios recorridos occidentales, una misma abreviatura comenzaba a aparecer.