BLOQUE 3
El documento que vinculó directamente al códice con aquel corredor estaba en una copia que ya habían leído varias veces.
Eso fue lo que más molestó a Sebastián.
Pertenecía a la relación de Pedro de Grañón.
Una abreviatura había sido interpretada inicialmente como una fórmula administrativa.
Inés Montalbán fue quien la cuestionó.
—Esto no parece “cam.” de cambio.
Sebastián tomó la reproducción.
La secuencia decía:
cam. per.
Hasta entonces habían supuesto que las letras abreviaban algún concepto relacionado con cambio de persona.
Inés señaló otras páginas.
Cuando aquel escribano abreviaba cambio, lo hacía de otra manera.
Irene acercó la imagen.
Sebastián comparó varios ejemplos.
Tenía razón.
—Entonces ¿qué proponés?
—Camino de peregrinos.
Sebastián no aceptó la expansión hasta encontrar usos paralelos.
Buscaron la misma abreviatura en otros protocolos de la misma mano.
Apareció varias veces.
En una copia posterior, una de esas apariciones estaba desarrollada por completo:
camino de los peregrinos
Ahora sí.
Volvieron a la línea correspondiente al códice:
P. de G. continúa con el libro por cam. per., dejando razón donde acostumbra.
Sebastián permaneció inmóvil.
La abreviatura ya no podía sostener la interpretación anterior.
Pedro de Grañón continuaba con el volumen por el camino de los peregrinos.
Directo.
Documentado.
Mauro lo miró.
—Ahí lo tenés.
Sebastián asintió.
Había evitado aquella conclusión durante demasiado tiempo porque no quería que el mapa la decidiera antes que las fuentes.
Ahora podía incorporarla.
El recorrido demostrado seguía partiendo de Nájera y pasaba por Azofra hasta Alesanco.
Después ya no tenían una localidad concreta.
Pero sí podían identificar el corredor:
camino de los peregrinos
Irene observó el mapa.
—Entonces sabemos por dónde siguió.
Sebastián hizo una última precisión.
—Sabemos por qué corredor continuó. No hasta dónde llegó.
Era suficiente.
La frase terminaba:
dejando razón donde acostumbra
Eso abría otra pregunta.
¿Dónde acostumbraba Pedro a dejar constancia?
Necesitaban reconstruir sus desplazamientos comerciales y los lugares donde había otorgado poderes o realizado operaciones.
Inés empezó a revisar documentos asociados con él.
Alesanco aparecía de nuevo.
Había también referencias a una villa más occidental y a un lugar relacionado con alojamiento.
Ninguna era todavía suficiente para fijar el siguiente punto del códice.
Sebastián no iba a saltar directamente hacia una localidad famosa solo porque el corredor fuera conocido.
El camino era largo.
Necesitaban la siguiente prueba.
Fray Julián consiguió además una copia procedente de San Millán.
Un índice antiguo decía:
libro que siguió por camino de peregrinos con obligación de aviso.
La entrada no nombraba de manera inequívoca el volumen emilianense.
La fecha y la descripción eran compatibles.
Por sí sola no bastaba.
Junto con la relación de Pedro, reforzaba la interpretación desde una fuente independiente.
Eso era lo que Sebastián quería.
No una frase que se sostuviera aislada.
Varias piezas capaces de confirmarse entre sí.
Mauro recibió otro mensaje.
La pieza cuya salida a Francia se había suspendido contenía una referencia a libros trasladados hacia occidente.
Su propietario había aceptado permitir el examen antes de decidir qué hacer con ella.
Podía convertirse en otro caso comparativo.
Sebastián dijo:
—Entonces no sigamos buscando únicamente referencias directas al códice.
Mauro sonrió.
—Eso ya lo dijiste.
—Ahora lo digo por el recorrido.
Si otros libros habían utilizado el mismo corredor y sus expedientes conservaban mejor los relevos, esos casos podían enseñarles dónde tenía sentido buscar el siguiente documento de Pedro.
No porque los libros debieran terminar en el mismo lugar.
La comparación servía para conocer cómo se documentaban los movimientos.
Irene puso sobre la mesa varias trayectorias verificadas.
Algunas terminaban pronto.
Otra volvía a su origen.
Había un caso que avanzaba en dirección diferente.
El códice, en cambio, continuaba hacia occidente por el camino de los peregrinos.
Otro expediente completo compartía durante un tramo esa orientación.
Irene señaló este último.
—Si sabemos dónde cambió de responsable, quizá podamos reconocer qué tipo de constancia debería haber dejado Pedro.
Sebastián estuvo de acuerdo.
Los procedimientos podían repetirse aunque los destinos fueran diferentes.
Un relevo podía aparecer en una escritura.
Una copia podía sobrevivir en una institución situada junto al recorrido.
También era posible encontrar una anotación de tránsito dentro de una relación posterior.
La evidencia empezaba a tener formas reconocibles.
Mauro volvió a mirar la línea occidental.
—Entonces la pregunta cambia otra vez.
—Se hace más precisa.
Antes querían saber quién había recibido el códice después de Pedro de Grañón.
Seguían necesitando ese nombre.
Pero ahora podían preguntar también en qué clase de lugar era razonable que se hubiera producido ese relevo.
El corredor reducía el territorio.
No resolvía la búsqueda.
Ya no tenían que imaginar cualquier dirección posible.
Tenían un camino.
Una vía muy transitada donde convivían actividades religiosas con movimientos comerciales y comunicaciones ordinarias.
A lo largo de ella existían lugares capaces de recibir viajeros y conservar constancias.
Eso era exactamente lo que necesitaba un responsable que llevaba un bien ajeno y debía mantener demostrable su obligación.
Sebastián trazó la línea con lápiz.
Todavía tenue.
No escribió ruta de manuscritos.
No existía tal cosa.
El camino había surgido por razones mucho más amplias que la historia del códice.
Los libros podían utilizarlo porque las personas ya lo utilizaban.
Y por primera vez podían seguir al volumen emilianense no solamente de una mano a otra.
También podían seguir el corredor por el que avanzaba.
Hacia occidente.
Por el camino de los peregrinos.