El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 29 Inventario de manuscritos evacuados
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CAPÍTULO 29 Inventario de manuscritos evacuados

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El inventario no tenía título.

Eso fue lo primero que llamó la atención de Inés Montalbán.

No había encabezamiento solemne ni una explicación sobre el motivo por el que aquellas hojas habían sido reunidas. Solo aparecía una sucesión de entradas breves escritas por manos diferentes a lo largo de varios años.

Las tintas variaban.

Algunas líneas eran oscuras.

Otras se habían vuelto pardas.

Todo indicaba que el documento había permanecido abierto durante bastante tiempo para recibir nuevas anotaciones cuando alguien consideraba necesario actualizar una situación.

Sebastián tardó poco en comprender que no estaba ante un inventario patrimonial ordinario.

No había tasaciones.

Tampoco valores económicos ni reparto entre herederos.

La organización tampoco seguía habitaciones o categorías de bienes domésticos.

Solo aparecían libros.

Y junto a cada uno, una situación.

Irene se sentó a su lado mientras Inés preparaba las reproducciones.

La primera entrada describía un volumen litúrgico:

Fuera por reparación de cubierta.

Debajo, una anotación posterior:

devuelto.

Otra entrada correspondía a un libro de cuentas antiguo perteneciente a una casa religiosa:

Puesto en guarda por humedad.

La actualización decía:

continúa.

Más abajo aparecía un volumen de pergamino entregado durante la ausencia prolongada de la persona que respondía por la casa.

La nota posterior indicaba:

mudado de persona.

Mauro observaba desde el otro extremo de la mesa.

—No aparece la palabra “evacuados”.

Sebastián negó.

—No.

El término era de ellos.

Una manera moderna de describir un fenómeno que en los documentos aparecía mediante expresiones mucho más concretas.

Lo que tenían delante era una relación de libros que se encontraban fuera de su lugar habitual por motivos diferentes.

Sebastián siguió leyendo.

Había once entradas completas y otras fragmentarias.

En una, el texto había sido tachado después de que el volumen regresara.

Otra mostraba un nombre sustituido posteriormente por otro.

También aparecía el signo R., que ya conocían como referencia a un relevo asentado.

Irene observó:

—El lenguaje administrativo se repite.

—Sí.

Pero el documento aportaba algo más importante.

Hasta entonces habían reconstruido cada caso de manera separada.

Aquí alguien había reunido distintos libros porque compartían una condición común.

Seguían fuera.

Eso bastaba para tratarlos conjuntamente.

Mauro preguntó quién había iniciado la relación.

No había una firma única.

Una mano parecía haber escrito las primeras entradas.

Tiempo después otra persona había añadido información y alguien más había actualizado varias situaciones.

La hoja había terminado dentro de un fondo relacionado con Santa María, aunque eso no permitía afirmar que se hubiera originado allí.

Podía tratarse de una copia recibida desde una escribanía.

También era posible que hubiera sido conservada por incluir bienes vinculados con casas religiosas.

Todavía no lo sabían.

Irene examinó los pliegues.

El papel había estado doblado longitudinalmente y después cosido dentro de algún legajo.

Las perforaciones recordaban otros documentos, aunque no coincidían exactamente con las relaciones del paquete de Valdeterra.

Sebastián decidió no forzar ninguna conexión.

El inventario debía explicarse por sí mismo.

Inés señaló la sexta entrada:

Volumen grande de pergamino, falto en su comienzo, de procedencia emilianense.

No fue necesario discutir la identificación.

Era el códice.

La línea siguiente decía:

continúa fuera y bajo obligación.

No aparecía ningún nombre.

Tampoco un lugar.

Una mano posterior había añadido:

última noticia por camino de peregrinos.

Mauro se inclinó.

—Eso sí es directo.

Sebastián asintió.

La anotación parecía posterior a la referencia conocida de Pedro de Grañón y la cronología resultaba compatible.

No podían demostrar que ambas hubieran sido escritas al mismo tiempo.

La descripción del volumen, sin embargo, era suficientemente precisa para identificarlo.

Irene dijo:

—Entonces alguien que mantenía esta relación recibió una noticia nueva y la agregó.

Eso era lo que parecía.

El documento funcionaba como una herramienta de seguimiento de asuntos abiertos.

Cuando un libro regresaba, la entrada podía cerrarse.

Si cambiaba el responsable, se actualizaba.

Cuando seguía fuera, permanecía activa.

El códice continuaba fuera.

Y su última noticia lo situaba dentro del corredor que ya habían identificado.

Mauro preguntó si algún otro libro mostraba una referencia comparable.

Había dos.

Uno decía:

pasa por camino de mercaderes hacia poniente.

Otro:

último aviso en villa del camino.

La repetición empezaba a tener una fuerza distinta.

Ya no procedía únicamente de documentos dispersos que ellos habían decidido reunir.

El propio inventario colocaba casos diferentes dentro de un mismo marco administrativo.

No eran trayectos idénticos.

Pero sí podían compararse.

Sebastián revisó cuántos expedientes se cerraban.

La mayoría mostraba una devolución clara o terminaba después de algún relevo.

Había un caso que permanecía abierto sin ubicación final.

El códice también continuaba fuera.

Mauro dijo:

—Entonces casi todos terminan regresando.

—Sí.

—Y el de San Millán no.

Sebastián hizo la precisión:

—No en esta copia.

Eso no demostraba que el volumen jamás hubiera vuelto.

Significaba que, cuando se produjo la última actualización conservada, la obligación seguía abierta.

Era suficiente para definir mejor su anomalía.

El códice no había sido excepcional porque hubiera salido.

Lo excepcional era que su expediente no terminaba de cerrarse.