BLOQUE 2
La frase siguiente estaba en un margen que nadie había transcrito.
Irene la detectó porque la tinta tenía una tonalidad ligeramente distinta del cuerpo principal.
La hoja pertenecía a uno de los documentos que la librería madrileña había retenido mientras se aclaraba la titularidad. Mauro consiguió autorización para examinar el original durante unas horas, con el propietario presente y dejando constancia formal del acceso.
La pieza principal describía la entrega de otro libro.
A primera vista no parecía especialmente relevante.
En el reverso, sin embargo, alguien había añadido posteriormente una anotación:
Los que van hacia las villas del camino dejan razón en las casas donde paran los peregrinos.
Mauro fue el primero en reaccionar.
—Eso ya es mucho más claro.
Sebastián volvió a leer.
La frase no decía que los libros viajaran con peregrinos.
Tampoco implicaba que existieran casas pertenecientes a una estructura organizada para custodiar documentos.
Explicaba algo mucho más ordinario.
Quienes transitaban por aquellas villas podían dejar constancia en lugares utilizados habitualmente por personas que viajaban.
Irene preguntó qué debía entenderse por casas.
El documento no lo aclaraba.
Podían ser hospederías o dependencias religiosas.
También establecimientos privados acostumbrados a recibir viajeros.
No necesitaban elegir una posibilidad.
Lo importante era la función.
Los responsables aprovechaban lugares donde había movimiento y donde resultaba razonable encontrar testigos, alojamiento o alguien capaz de conservar una nota.
Inés observó:
—Eso coincide con todo lo que venimos viendo.
Sebastián aceptó por fin una formulación más amplia.
No existía una ruta de manuscritos.
Lo que empezaban a demostrar era un corredor de desplazamiento compartido con viajeros y peregrinos.
Mauro sonrió.
—Te costó.
—Por eso ahora puedo decirlo.
La diferencia no era menor.
Una hipótesis solo adquiría valor histórico cuando dejaba de depender de lo que resultaba plausible y encontraba apoyo documental.
El códice todavía necesitaba su propio vínculo.
Los casos comparativos demostraban la práctica.
No demostraban por sí solos que Pedro de Grañón hubiera seguido exactamente el mismo camino.
La anotación incluía otra línea:
si hubiere cambio de mano, hágase ante escribano o quede copia en casa conocida del camino.
Sebastián volvió al cuadernillo de Salvatierra.
La lógica coincidía con lo que habían visto allí, aunque no utilizara las mismas palabras.
El cambio de responsable podía formalizarse ante un escribano.
Si eso no ocurría, era posible dejar una copia en un lugar conocido del recorrido.
No era una institución nueva.
Era el uso combinado de recursos ya existentes.
Irene examinó la tinta.
La anotación se había añadido después del texto principal.
No podía fecharla con exactitud, pero materialmente pertenecía a una intervención posterior.
Sebastián pensó en las relaciones que se iban ampliando.
Una hoja podía empezar como registro de una entrega y terminar acumulando notas útiles para hechos posteriores.
La memoria documental crecía sobre el propio papel.
Mientras ellos trabajaban, Mauro recibió una actualización de Inés Arbizu.
Las piezas inmovilizadas seguían bajo revisión.
Una de ellas tenía iniciada una operación para salir hacia Francia, pero el propietario había aceptado detenerla hasta que se aclarara la procedencia.
Irene preguntó si pertenecía al paquete de Valdeterra.
Todavía no lo sabían.
Compartía vínculos familiares con otros documentos, pero eso no era suficiente.
La cautela ya se había convertido en una forma común de trabajo.
Sebastián regresó al hilo histórico.
Inés Montalbán había encontrado además una referencia dentro de un fondo eclesiástico menor:
libro entregado a persona que va por el camino de los peregrinos
No era el códice.
Precisamente por eso el caso resultaba útil.
El libro había sido confiado a alguien que ya tenía previsto viajar.
Irene entendió la implicación.
—No necesariamente organizaban un viaje para trasladar el objeto.
—Eso parece.
El desplazamiento podía aprovechar una movilidad que ya existía.
Un comerciante podía llevar el bien mientras continuaba con sus negocios.
Lo mismo podía ocurrir con una persona vinculada a una institución o con alguien que tuviera motivos propios para recorrer el territorio.
Eso convertía el traslado en una operación mucho más verosímil.
No hacía falta organizar ninguna expedición.
El manuscrito se incorporaba a un viaje real.
Mauro recordó a Baltasar.
Era comerciante.
Pedro de Grañón también tenía actividades que lo obligaban a desplazarse.
Los responsables móviles aparecían precisamente cuando el volumen empezaba a abandonar el entorno relativamente estable de Nájera.
Sebastián reconoció que la coincidencia tenía sentido.
Las etapas anteriores estaban dominadas por responsables relacionados con casas, administraciones familiares o instituciones más estables.
A partir de Baltasar, el libro quedaba en manos de personas habituadas a moverse.
Un bien que debía continuar fuera podía necesitar precisamente eso.
Inés encontró una nota sobre Pedro:
frecuenta el camino por trato de paños y otras mercaderías
No era peregrino.
Era comerciante.
Pero utilizaba el mismo corredor.
Mauro dijo:
—Entonces el camino de los peregrinos estaba lleno de gente que no peregrinaba.
Sebastián respondió:
—Como cualquier vía importante.
El tránsito religioso podía darle una identidad reconocible, pero la misma infraestructura servía al comercio y a las comunicaciones ordinarias.
Eso era precisamente lo que hacía plausible el movimiento del códice.
No entraba en un itinerario esotérico.
Entraba en una vía utilizada por personas reales para actividades corrientes.
Y por primera vez ese mundo empezaba a hacerse visible con suficiente precisión.