El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 28 Hacia el camino de los peregrinos
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CAPÍTULO 28 Hacia el camino de los peregrinos

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La expresión apareció por tercera vez antes de que Sebastián aceptara que ya no podía tratarla como una coincidencia.

Villas del camino.

El problema era que ninguno de los documentos explicaba qué camino.

Probablemente no había sido necesario hacerlo cuando fueron escritos. Quienes utilizaban esas expresiones conocían el territorio y compartían referencias que siglos después resultaban ambiguas.

Una villa podía ser suficiente.

También podía bastar con escribir el camino, como si no existiera ninguna posibilidad de confusión.

Sebastián tenía delante tres documentos pertenecientes a momentos y responsables diferentes.

Uno procedía de la relación que habían reconstruido parcialmente con las tiras encontradas dentro del libro de cuentas.

Otro sobrevivía en una copia de San Millán.

El tercero pertenecía a un expediente particular que Inés Montalbán había localizado gracias a una referencia marginal.

Las fechas no coincidían.

Las personas tampoco.

Sin embargo, todos situaban desplazamientos hacia occidente y en dos aparecía la misma fórmula:

por las villas del camino

Mauro observó el mapa.

—¿Cuántos caminos importantes podían tomar desde Nájera hacia el oeste?

Sebastián no respondió enseguida.

La respuesta más evidente era precisamente la que no quería aceptar por intuición.

—Más de uno podía compartir tramos o localidades.

—Pero hay uno que cualquiera reconoce.

Sebastián lo miró.

Mauro sonrió.

—El Camino.

—Todavía no.

—Sabía que ibas a decir eso.

Irene se acercó.

—No hace falta llamarlo así todavía. Podemos comprobar si los lugares que ya tenemos encajan dentro de ese corredor.

Eso sí era razonable.

Nájera estaba probada.

Después habían documentado Azofra.

Alesanco también había quedado vinculada a la presencia o a los avisos del códice.

No todos aquellos lugares tenían por qué constituir puntos obligatorios de una única vía, pero formaban parte de una zona atravesada por viajeros que avanzaban hacia occidente.

Sebastián aceptó añadir una segunda capa al mapa.

No la llamó ruta del códice.

La utilizó únicamente como contexto viario.

Inés consiguió repertorios antiguos y reconstrucciones históricas de caminos locales. No intentaron trasladar una carretera moderna al pasado ni decidir con precisión por dónde discurría cada tramo en todos los períodos.

Solo necesitaban saber qué conexiones eran históricamente razonables.

El resultado reforzaba la hipótesis.

Los lugares que habían ido apareciendo se integraban con naturalidad en un corredor occidental utilizado por comerciantes y viajeros.

También por peregrinos.

Irene señaló el mapa.

—Eso puede explicar la expresión.

Sebastián corrigió:

—Puede.

—Te cuesta mucho decir que algo encaja.

—Porque encajar no es demostrar.

Fray Julián, que seguía el trabajo desde otra mesa, preguntó:

—¿Qué necesitarías para distinguir ese corredor de cualquier otro?

Sebastián pensó antes de responder.

—Una referencia contemporánea que lo identifique por alguna característica propia.

—¿Que mencione peregrinos?

—Podría servir.

Inés encontró poco después una escritura relacionada con otro libro.

No tenía ninguna conexión con Valdeterra y eso hacía el ejemplo más útil.

El responsable debía desplazarse fuera de su localidad y la cláusula decía:

si siguiere por el camino mayor que usan los peregrinos, dejará aviso en la primera villa donde haya escribano conocido

La sala quedó en silencio.

Mauro miró a Sebastián.

—¿Ahora?

Sebastián tomó la reproducción.

La fecha era segura.

La procedencia del documento también.

Nada dependía del códice ni del paquete que estaban investigando.

Aquella frase demostraba que, al menos en determinados contextos, quienes redactaban las escrituras podían identificar una vía occidental mediante su asociación con el tránsito de peregrinos.

Irene leyó otra vez:

camino mayor que usan los peregrinos

No era necesariamente una denominación oficial.

Tampoco necesitaba serlo.

Era una identificación funcional suficientemente clara.

Sebastián preguntó por el recorrido de ese otro libro.

Avanzaba hacia el oeste.

No había constancia de que hubiera pasado por Alesanco.

Eso impedía superponer ambos casos sin más.

Pero la comparación ya servía para algo.

El lenguaje villas del camino podía referirse, en ciertos documentos, a localidades situadas sobre el eje de tránsito utilizado también por peregrinos.

No significaba que todas las apariciones de la expresión hablaran necesariamente del mismo itinerario.

Sí permitía sostener que aquella infraestructura aparecía en traslados de bienes distintos.

Mauro volvió al códice.

Sebastián reunió las frases demostradas.

Una decía:

Alesanco — aviso asentado. Sigue hacia villas del camino.

Otra:

continúa por poniente

Y una relación diferente utilizaba:

por camino ordinario

Cada expresión aislada permitía más de una lectura.

Juntas reducían el margen.

Sebastián formuló únicamente lo que podía defender.

—El volumen avanzó hacia el oeste utilizando un corredor de tránsito habitual.

Mauro preguntó:

—¿El mismo que usaban los peregrinos?

Sebastián negó todavía.

—No tengo una referencia directa al códice que diga eso.

Irene no insistió.

A esa altura el problema ya no consistía en encontrar un camino posible.

Consistía en demostrar que Pedro de Grañón había utilizado precisamente ese corredor mientras continuaba con el volumen.

Necesitaban una frase.

No otra inferencia.