El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 24 Quien trazó los caminos de salida
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CAPÍTULO 24 Quien trazó los caminos de salida

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No había una persona que hubiera diseñado los caminos.

Eso fue lo primero que Sebastián quiso aclarar.

La expresión que había generado la duda aparecía dentro de una copia tardía:

según relación de quien trazó los caminos de salida.

Mauro había interpretado la frase como una posible referencia a alguien que hubiera planificado los recorridos.

Sebastián no estaba convencido.

—“Trazar” no significa necesariamente diseñar.

—¿Entonces?

—Puede significar dejar asentado un recorrido después de ocurrido.

Irene volvió a mirar la reproducción.

—¿Un escribano que reúne las constancias?

—Eso quiero comprobar.

La copia procedía de un fondo particular y Adrián Cifuentes la había fotografiado años atrás. El original no estaba disponible, pero su transcripción incluía una advertencia manuscrita:

No interpretar como autor de la ruta. Posible redactor de relación.

Otra vez Cifuentes había sabido detenerse antes de convertir una expresión ambigua en una certeza.

Inés Montalbán revisó protocolos relacionados con Pedro de Grañón.

En varios aparecían referencias a avisos dejados durante el desplazamiento de bienes ajenos.

Un nombre se repetía con frecuencia.

Diego de Cañas.

Era escribano en Alesanco.

No tenían ningún dato que permitiera vincularlo familiarmente con Rodrigo de Cañas, y Sebastián decidió no dedicar tiempo a esa posibilidad mientras no apareciera una prueba.

Lo importante era su actividad.

Durante más de veinte años, Diego había intervenido en operaciones de personas que viajaban por la zona. Había certificado entregas y recibido avisos relacionados con bienes que permanecían temporalmente fuera de sus lugares habituales.

Su escribanía estaba situada en un punto de tránsito.

Eso bastaba para explicar muchas apariciones de su nombre.

Mauro preguntó:

—¿Puede ser el hombre que “trazó” los caminos?

—Puede ser. Pero primero tenemos que saber qué trazaba exactamente.

Sebastián encontró una segunda copia:

según los caminos que dejó trazados D. de C. en la relación de avisos.

Aquello aclaraba mucho.

Diego no estaba dibujando caminos sobre el territorio.

Había dejado por escrito los lugares en los que se recibían noticias sobre distintos bienes.

Irene comprendió.

—Entonces el recorrido surge después.

—Sí. A partir de las constancias.

Un responsable comunicaba dónde se encontraba o dónde había realizado una entrega.

Otro aviso podía quedar en una escribanía diferente.

Si esas noticias se conservaban y alguien las reunía, el desplazamiento terminaba volviéndose visible sobre el papel.

No era un itinerario concebido con anticipación.

Era una reconstrucción.

Inés encontró finalmente una relación atribuible al entorno documental de Diego de Cañas.

El encabezamiento decía:

Razón de los lugares donde se ha dado noticia de ciertos bienes que van fuera de sus casas.

Sebastián leyó con atención.

La lista no seguía exclusivamente libros.

Había dinero entregado a un procurador, documentación perteneciente a una familia y distintos bienes que permanecían temporalmente fuera de su lugar de origen.

Entre ellos aparecían varios volúmenes.

No compartían procedencia ni viajaban juntos.

Lo que los relacionaba era otra cosa.

Alguien había dejado constancia de dónde se encontraban.

Mauro entendió.

—Entonces no estamos ante una ruta de libros.

—No.

—Estamos viendo dónde fueron quedando los avisos.

—Exactamente.

Eso no disminuía su utilidad.

Al contrario.

Permitía comprender por qué ciertos lugares aparecían tantas veces sin necesidad de convertirlos en estaciones de una organización inexistente.

La relación incluía una entrada:

Libro grande de pergamino de origen monástico, llevado por P. de G.

Pedro de Grañón.

Más abajo figuraba:

Aviso recibido en Alesanco.

Y después:

continúa hacia poniente.

Nadie habló durante unos segundos.

Mauro fue el primero.

—Entonces después de Alesanco sigue hacia el oeste.

Sebastián aceptó.

—Eso sí podemos afirmarlo.

La cadena física demostrada hasta entonces quedaba así:

Nájera.

Después Azofra.

Más tarde Alesanco.

Y desde allí, una continuación hacia poniente.

Todavía no conocían el siguiente punto.

No había ninguna villa mencionada.

La fuente solo indicaba la dirección.

Irene señaló una pequeña marca situada junto a algunas entradas.

Sebastián buscó la leyenda:

aviso replicado

Parecía indicar que una constancia había sido reproducida en otro lugar.

En ocasiones la relación añadía:

segunda noticia en casa religiosa

La lógica era conocida.

Más de una copia aumentaba la posibilidad de que alguna sobreviviera.

No necesitaban imaginar un archivo perfecto ni una institución encargada de conservar todo.

Bastaba con que distintas constancias permanecieran en lugares diferentes.

Otros bienes incluidos en la relación demostraban que tampoco existía un único recorrido.

Algunos regresaban después de desplazarse durante un tiempo.

Otros avanzaban hacia direcciones distintas.

Lo que sí reaparecía eran determinados lugares.

Alesanco estaba entre ellos.

También Azofra.

No porque fueran estaciones oficiales, sino porque allí era sencillo dejar una constancia útil.

Y donde una obligación podía documentarse con facilidad, también resultaba más seguro prolongarla o transferirla.