El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) CAPÍTULO 19 La venta que Mauro decidió seguir
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CAPÍTULO 19 La venta que Mauro decidió seguir

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Mauro eligió una venta que, en apariencia, no era la más importante.

No era la pieza número seis.

Tampoco la siete.

Ni siquiera una de las hojas que mencionaban directamente al Códice de San Millán.

Eligió una carta.

Una sola hoja.

Sin sello llamativo.

Sin miniaturas.

Sin una firma reconocible para el mercado general.

La ficha comercial la describía como:

Carta privada sobre entrega de libros y papeles. La Rioja. Siglo XVII. Procedencia: colección particular española.

Nada más.

Sebastián la leyó y levantó la vista.

—¿Por qué ésta?

Mauro dejó sobre la mesa tres documentos.

—Porque sé de dónde salió.

Irene se acercó.

La carta había aparecido cuatro años atrás en una venta privada gestionada por Rafael Roldán.

Después pasó a un coleccionista de Zaragoza.

Más tarde volvió al mercado.

Finalmente había sido ofrecida a una librería especializada de Madrid, que no la compró.

—¿Y ahora?

—La tiene un intermediario.

—¿Cuál?

—Otro.

Sebastián miró la cadena.

—Demasiadas manos para una carta que no parece especialmente valiosa.

—Exactamente.

Mauro había aprendido algo durante los últimos días.

Si perseguía únicamente las piezas relacionadas de manera visible con San Millán, siempre iba a encontrarse con investigadores interesados en el códice.

Eso contaminaba el patrón.

Necesitaba seguir una pieza aparentemente secundaria.

Una pieza cuyo valor no dependiera del manuscrito perdido.

—¿Qué sabés del origen? —preguntó Irene.

Mauro señaló el primer documento.

Era una fotografía antigua tomada antes de la dispersión del archivo Valdeterra.

La carta aparecía dentro de una carpeta identificada como:

Correspondencia de administradores — bienes ajenos.

Segundo documento.

Una relación de tasación.

La carta estaba incluida con otras siete piezas y descrita como parte de documentación procedente de una rama familiar vinculada a Valdeterra.

Tercer documento.

La ficha de venta.

Colección particular española.

—Entonces se repite —dijo Irene.

—Sí.

—La procedencia se acorta.

—Sí.

Sebastián leyó la carta.

No mencionaba a San Millán.

Hablaba de un libro depositado temporalmente durante ausencia de su responsable y de varios papeles que debían ser entregados después.

Uno de los nombres era conocido.

Baltasar de Ezcaray.

Sebastián se quedó quieto.

—Entonces sí toca nuestra cadena.

—Pero no habla del códice.

—No.

Eso era precisamente lo que Mauro quería.

La carta demostraba que Baltasar intervenía en otras custodias.

No era una figura excepcional.

Pero la investigación policial podía seguirse sin depender del valor simbólico del códice.

—¿Quién la vendió primero? —preguntó Sebastián.

Mauro respondió:

Eduardo Fontalba.

No como propietario.

Como representante.

—¿Y el comprador?

—Un coleccionista que falleció dos años después.

—¿Herederos?

—Vendieron parte de la colección.

—¿A Roldán?

—Sí.

Irene miró.

—Entonces Fontalba y Roldán vuelven a cruzarse.

—Sí.

—¿Eso prueba algo?

—No.

Mauro ya había aprendido a responder antes de que Sebastián lo hiciera.

Pero la operación tenía una particularidad.

La primera venta se había realizado después de que Fontalba recibiera la oposición formal de la tercera rama familiar.

—¿Esta carta estaba dentro del conjunto afectado? —preguntó Sebastián.

—Eso quiero demostrar.

—¿La foto alcanza?

—No.

—Bien.

Mauro sonrió.

Necesitaba más.

La fotografía demostraba presencia.

No titularidad.

No restricción concreta.

Inés Arbizu había encontrado un inventario sucesorio previo.

La carpeta aparecía descrita como:

Correspondencia histórica incorporada al fondo común. No adjudicar separadamente hasta determinar pertenencia.

Sebastián se quedó quieto.

—Entonces estaba alcanzada por la misma cautela.

—Sí.

—¿Fontalba conocía ese inventario?

Mauro sacó una copia.

Firmado al pie.

Eduardo Fontalba. Recibido para gestión.

Silencio.

Ahí estaba.

La carta que Mauro había elegido podía demostrar algo que las hojas numeradas todavía no.

Una venta concreta.

Un documento concreto.

Una advertencia concreta.

Un responsable moderno que había recibido el inventario.

Y después una operación individual.

—¿Fecha de venta? —preguntó Irene.

Mauro la dio.

Meses después.

Sebastián entendió.

—Entonces no necesitamos demostrar todavía qué hizo con todo el archivo.

—No.

—Solo qué hizo con esta pieza.

—Exacto.

Mauro había decidido seguir una única venta hasta el final.

Quién autorizó.

Quién entregó.

Quién facturó.

Quién describió.

Quién cobró.

Quién compró.

Quién volvió a vender.

Si conseguía reconstruir esa cadena moderna con la misma precisión con que Sebastián reconstruía la antigua, podría demostrar dónde había desaparecido la procedencia.

Y, sobre todo, quién sabía que desaparecía.