BLOQUE 2
El inventario de Adrián Cifuentes contenía algo más que una lista de documentos.
Mauro lo comprendió al llegar a las últimas páginas.
Cifuentes había intentado reconstruir también el recorrido moderno de cada pieza.
Valdeterra aparecía junto a otros orígenes familiares y a distintas operaciones de mercado. Algunas hojas remitían a Briones o Medrano. En otras figuraban comerciantes, subastas o colecciones particulares.
Sebastián observó el conjunto.
—Está reconstruyendo el archivo después de la dispersión.
Cifuentes había entendido años antes que un documento histórico no podía estudiarse completamente sin saber cómo había llegado hasta el presente.
Una frase subrayada resumía su criterio:
La dispersión moderna reproduce el mismo error que los inventarios antiguos: confunde posesión con procedencia.
Mauro continuó.
Había identificado varias salidas modernas y no las trataba de la misma manera.
Una correspondía a una venta familiar correctamente documentada.
Otra procedía de una subasta sobre la que no había encontrado objeciones.
En cambio, una operación presentaba dudas de titularidad y Valdeterra tenía una observación específica:
No comprar hasta aclarar indivisión.
Cifuentes había detectado el problema antes que ellos.
—¿Cómo llegó a saberlo? —preguntó Mauro.
Clara no podía responder.
El inventario, sin embargo, remitía a unas iniciales:
E. F.
Eduardo Fontalba.
La anotación completa decía:
E. F. niega limitaciones. Contrastar con partición.
Irene observó.
—Entonces habló con Fontalba.
Sebastián evitó convertir la frase en algo que todavía no demostraba.
—Y decidió verificar lo que le dijeron. Eso es lo único seguro.
La cautela volvía a ser importante.
Cifuentes había preguntado directamente por las condiciones de venta y no se había conformado con la respuesta.
Clara les indicó un disco duro que contenía parte del correo de su padre.
Mauro pidió una autorización explícita antes de abrirlo.
—Pueden revisar lo relacionado con estos documentos —dijo Clara—. Lo personal, no.
Buscaron el apellido Fontalba.
Aparecieron varios mensajes.
Uno tenía por asunto:
Papeles Valdeterra
Cifuentes preguntaba:
Necesito confirmar si el conjunto de obligaciones antiguas podía enajenarse por piezas y si existe conformidad de todas las ramas.
La respuesta de Fontalba decía:
La documentación fue incluida en la operación autorizada y no existe impedimento conocido para su individualización comercial.
Mauro recordó inmediatamente la expresión utilizada con Echevarne.
Ninguna conocida.
Pero aquella vez la pregunta había sido mucho más precisa.
Cifuentes quería saber si todas las ramas habían prestado conformidad.
Mauro llamó a Inés Arbizu y le dio la fecha.
Ella tardó poco en responder.
—Para entonces la tercera rama ya se había opuesto.
Sebastián levantó la vista.
—¿La oposición está documentada?
—Sí. Tengo una carta anterior donde dicen que los papeles históricos no deben salir hasta que se determine la titularidad.
Mauro preguntó si podían demostrar que Fontalba la había recibido.
Inés creía que sí, pero todavía necesitaba encontrar el documento que lo acreditara.
Eso era justamente lo que faltaba.
Si la oposición había llegado a manos de Fontalba antes de que respondiera a Cifuentes, existiría una contradicción concreta entre lo que sabía y lo que afirmaba.
Todavía no podían decirlo.
Necesitaban el vínculo documental.
Sebastián volvió al inventario.
—¿Hasta dónde había llegado Cifuentes con la cadena histórica?
Mauro abrió la sección Reconstrucción documental.
Allí aparecía prácticamente toda la sucesión que ellos habían reconstruido.
Sancho Martínez llevaba a Diego de Arce y después a Bernardo de Villamediana.
Más adelante figuraban Martín de Soria y Pedro de Arenzana, seguidos por Rodrigo de Cañas y Bernardo Riaño.
La secuencia continuaba con García de Azofra, Juan Alonso de Briones y María de Briones.
Después aparecían Fernando de Navarrete y Esteban de Torremontalbo, hasta llegar a Lorenzo de Santurde, Andrés de Leiva, Cristóbal de Medrano, Tomás de Arceo y finalmente Martín de Nalda.
Sebastián recorrió los nombres en silencio.
—Llegó hasta nuestro mismo punto.
Mauro señaló la línea siguiente.
—Un poco más.
Debajo de Martín de Nalda aparecía:
P. S. — posible receptor. No confirmado.
Y a continuación:
Buscar copia monástica.
Cifuentes no había convertido las iniciales en una certeza.
Eso era importante.
La nota siguiente explicaba por qué:
Riaño cree que P. S. no recibió el libro. Solo intervino en el cotejo. Revisar.
Mauro se quedó quieto.
—Entonces hablaron específicamente de esto.
Aquellas pocas palabras dejaban ver una discusión metodológica entre los dos investigadores.
Cifuentes había considerado la posibilidad de que P. S. fuera el siguiente responsable.
Riaño sospechaba que aquella persona podía haber intervenido únicamente en la documentación de la entrega.
Era el mismo tipo de problema que ya habían tenido con Alonso de Heredia y con Juan de Varea.
Una persona podía aparecer en una escritura sin haber recibido el bien.
Sebastián encontró otra anotación:
Si P. S. es escribano, buscar nombre del compareciente siguiente.
Era exactamente el camino correcto.
Inés Montalbán recibió una fotografía de la abreviatura.
Respondió poco después.
—P. S. podría ser Pedro Salvatierra. Hay un escribano con ese nombre activo en Nájera durante el período.
Sebastián preguntó si conservaban protocolos.
Sí.
—Entonces, hasta que aparezca la escritura, lo tratamos como escribano posible. No como receptor.
Inés estuvo de acuerdo.
Dos investigadores anteriores habían llegado al mismo borde de la cadena y habían tenido la disciplina suficiente para detenerse.
Ahora podían continuar.
Antes de cerrar la caja, Irene volvió a la hoja nueve.
Había una perforación distinta de las demás.
La examinó con cuidado.
—Esta hoja estuvo cosida más de una vez.
Sebastián se acercó.
—¿Pudo pertenecer a otro conjunto antes de entrar en la serie numerada?
—Es posible.
Aquello modificaba otra vez la historia material del paquete.
Las relaciones numeradas podían haberse formado utilizando documentos o copias que antes habían pertenecido a expedientes diferentes.
La numeración, entonces, podía ser posterior al contenido.
Sebastián dijo:
—El paquete podría ser una reorganización.
Irene no quiso fecharla solamente a partir de la observación material.
Pero Cifuentes había dejado una nota:
Numeración posterior a las primeras escrituras. Conjunto creado para reconstruir obligaciones pendientes.
Sebastián leyó despacio.
Eso explicaba mucho.
El paquete no tenía por qué haber nacido al mismo tiempo que cada entrega que registraba.
Podía haber sido armado después para reunir documentos dispersos relacionados con obligaciones que todavía seguían abiertas.
Por eso contenía historias de distintos libros.
Alguien ya había intentado reconstruir lo pendiente siglos antes que ellos.