CAPÍTULO 16 Nombres repetidos en el mercado
BLOQUE 1
Mauro decidió empezar por los nombres que ya podía demostrar.
No por A. C.
Aquellas iniciales seguían siendo demasiado ambiguas.
Abrió una hoja nueva y escribió primero a Ramiro Echevarne.
Después añadió a Eduardo Fontalba, Sergio Valdemora, Rafael Roldán y Octavio Larraz.
A partir de ahí incorporó vendedores ya identificados y, en otra columna, a los compradores de las piezas cuya circulación moderna habían conseguido reconstruir.
La tabla ocupó una página.
Después otra.
Cuando terminó, permaneció mirándola más tiempo del necesario.
Sebastián lo encontró inclinado sobre las columnas.
—¿Qué buscás?
—Personas que se repiten.
Irene se acercó.
Mauro había organizado las operaciones por fecha, pero había tomado una precaución adicional.
No incluyó únicamente las piezas pertenecientes al paquete numerado.
Añadió también documentación riojana que Echevarne, Valdemora o Roldán habían manejado durante los mismos años y cuya relación con el códice no estaba demostrada.
Irene preguntó por qué.
—Porque si miro solamente las doce hojas, cualquier nombre que aparezca dos veces puede parecer importante. Necesito saber si esas personas se repiten también en operaciones normales.
Sebastián asintió.
Era el mismo criterio que utilizaban con las fuentes históricas.
Comparación.
No aislamiento.
Echevarne aparecía muchas veces porque era comerciante especializado. Roldán también intervenía con frecuencia en documentación histórica y Valdemora trabajaba precisamente localizando papeles para clientes privados.
Nada de eso, por sí solo, tenía significado.
Mauro señaló entonces dos operaciones pertenecientes al paquete.
En ambas, Valdemora había hecho averiguaciones antes de la venta y Roldán aparecía más tarde como intermediario.
Había una tercera pieza con un recorrido semejante:
Inventario parcial de bienes depositados. Nájera.
Sebastián la leyó.
—¿Sabemos si está relacionada históricamente con la serie?
—No.
—Entonces sacala por ahora.
Mauro tachó la línea sin discutir.
Prefería perder una coincidencia que construir un patrón con una pieza cuya relación todavía no podía probar.
Siguió con las hojas seguras.
La número cuatro había pasado por Echevarne antes de terminar en manos de Octavio Larraz.
La seis había sido ofrecida a la Fundación Velasco mediante Rafael Roldán.
La siete continuaba en poder de Echevarne.
La cinco había salido al extranjero por un circuito diferente.
La tres figuraba en una subasta anterior.
Parecía una dispersión sin centro.
Entonces Irene encontró un apellido dentro de una factura antigua correspondiente a la pieza tres.
Fontalba Gestión Patrimonial.
Mauro se quedó quieto.
—Eduardo Fontalba.
—Sí.
La subasta se había celebrado antes de la operación mediante la cual Echevarne recibió otras piezas.
Eso modificaba la cronología.
Fontalba ya había intervenido en la salida de una hoja del mismo conjunto varios años antes de aparecer como representante en la operación posterior.
Mauro revisó el catálogo.
El nombre de Fontalba no figuraba públicamente.
Solo aparecía en documentación interna que Inés Arbizu había conseguido revisar.
Sebastián observó la factura.
—Esto lo vuelve importante, pero no culpable.
—Exactamente.
Fontalba había gestionado documentación procedente de Valdeterra y había asegurado a Echevarne que no conocía limitaciones relevantes. Ahora sabían además que su intervención en la dispersión era anterior a aquella venta.
Hasta ese momento Mauro había imaginado un episodio principal de separación seguido por distintas transmisiones.
La nueva fecha obligaba a cambiar esa imagen.
La fragmentación parecía haber ocurrido de manera gradual.
—¿Cuánto antes salió la tres? —preguntó Irene.
—Casi tres años.
Irene volvió a mirar la fotografía del paquete completo.
Aquella imagen era anterior tanto a la subasta como a la operación con Echevarne.
En la faja podía leerse:
No dividir.
La tasación hablaba además de un conjunto documental.
Después aparecía la hoja tres vendida individualmente.
Años más tarde, otras piezas llegaban a Echevarne ya separadas.
Sebastián apoyó la mano sobre la mesa.
—Entonces no necesariamente hubo un momento único en el que alguien abrió el paquete y repartió todo.
Mauro asintió.
Podía haber habido salidas sucesivas.
Una pieza en subasta.
Otra en venta privada.
Varias agrupadas más tarde dentro de un lote distinto.
La unidad archivística se había ido debilitando con el tiempo.
Irene preguntó si Fontalba había actuado como propietario.
Mauro negó.
En algunas operaciones figuraba como apoderado o representante.
La dificultad estaba en determinar con qué facultades había actuado en cada momento.
Revisó los poderes.
Uno era amplio.
Otro tenía alcance más limitado.
En una operación concreta, la autorización específica para vender determinados bienes parecía haber vencido antes de la fecha efectiva de la transmisión.
Mauro se detuvo.
—Esto requiere revisión.
Sebastián preguntó por qué.
—Porque en esta operación no parece tener exactamente las mismas facultades que en la anterior.
Inés Arbizu ya había señalado el problema. El mandato general permitía realizar tareas de gestión y preparar documentación, mientras que determinadas ventas requerían una autorización sometida a plazo y a conformidad de los herederos.
La pieza tres se había subastado después.
Sebastián preguntó:
—¿Eso demuestra que vendió sin poder?
—No. Puede existir otra autorización que todavía no tenemos.
—Entonces buscala antes de concluir.
Mauro asintió.
Una fecha dudosa no iba a convertirse en delito por conveniencia narrativa.
Pero sí era una cuestión que necesitaba respuesta.
Irene volvió a la tabla.
—¿Cuándo empieza Valdemora a buscar las hojas?
Mauro comparó las fechas.
Muy poco después de la subasta de la pieza tres.
Sebastián vio una explicación posible.
—Puede haber conocido la serie a partir del mercado.
—Sí.
No era necesario que Valdemora hubiera tenido acceso al archivo original.
Una pieza pública podía haber bastado para despertar el interés.
Sin embargo, quedaba un dato difícil de encajar.
Valdemora había afirmado que su cliente poseía una fotografía del paquete cuando todavía estaba reunido.
Eso implicaba una fuente anterior a la dispersión.
Mauro revisó después los correos y facturas relacionadas con las consultas.
En una de ellas reaparecieron las iniciales:
A. C.
No como remitente.
Como referencia de facturación:
Consulta solicitada por A. C.
La fecha coincidía con la semana en que Valdemora había preguntado por la pieza cinco.
Irene observó la línea.
—Entonces A. C. era realmente un cliente.
—Al menos en esa operación.
Otra factura complicó la interpretación:
A. C. Patrimonio.
Podía tratarse de una razón comercial.
Mauro buscó entidades con un nombre compatible y apareció una pequeña sociedad:
Archivo y Colección Patrimonial S. L.
Las iniciales coincidían.
Eso abría una posibilidad distinta.
Tal vez llevaban días intentando identificar a una persona cuando A. C. podía corresponder a una entidad utilizada para gestionar adquisiciones.
La sociedad tenía un objeto amplio vinculado con patrimonio cultural privado y documentación histórica. Nada en su actividad era ilegal.
Sebastián preguntó quién la administraba.
La documentación básica remitía a una asesoría.
No permitía identificar inmediatamente a los socios.
Mauro tendría que profundizar.
Por ahora bastaba con aceptar la ambigüedad.
A. C. podía ser una persona.
También podía ser una estructura comercial.
Todavía no sabían cuál de las dos opciones era correcta.
Mauro volvió a la tabla.
Los nombres empezaban a adquirir funciones diferentes.
Fontalba aparecía cerca del origen de varias salidas.
Valdemora buscaba documentación para clientes.
Roldán actuaba como intermediario.
Echevarne comercializaba otras piezas.
Eso no significaba que trabajaran juntos.
Compartían un mercado pequeño.
Sebastián señaló las columnas.
—No confundamos cercanía con coordinación.
Mauro asintió.
La repetición no demostraba una conspiración.
Solo demostraba que determinadas personas aparecían una y otra vez alrededor del mismo tipo de documentación.
La diferencia parecía pequeña.
Para la investigación era fundamental.