El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 3
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BLOQUE 3

La primera pieza del conjunto con procedencia prácticamente borrada no había pasado por Echevarne.

Mauro la encontró aquella misma noche.

Inés había seguido uno de los números ausentes.

La pieza número tres.

No figuraba en los registros de Echevarne.

Tampoco entre las adquisiciones de Larraz.

Pero había sido fotografiada años atrás para el catálogo de una pequeña casa de subastas.

La descripción decía:

Documento riojano, siglo XVII. Manuscrito. Procedencia: colección privada europea.

Sebastián examinó la reproducción.

—Es del mismo conjunto.

Irene necesitó apenas unos segundos.

El formato coincidía.

También la numeración y el tipo de plegado.

—Sí.

Mauro comprobó la fecha.

La venta era anterior a la operación de Echevarne.

Irene dijo:

—Entonces el paquete ya estaba abierto.

—Sí.

—Antes de que él recibiera sus ocho piezas.

—Exactamente.

La fragmentación debía retroceder al menos una etapa más.

El vendedor de la subasta no aparecía públicamente.

Mauro tendría que solicitar la información por otra vía.

Pero la procedencia comercial de aquella hoja era aún más genérica:

Colección privada europea.

Irene preguntó:

—¿Qué contiene?

Sebastián empezó a leer.

No mencionaba el códice.

Sí uno de los otros libros agrupados por Juan de Varea.

Un volumen procedente de una pequeña institución religiosa.

La pieza registraba un relevo y añadía:

se mueve con otros papeles por riesgo en la casa de origen

Sebastián se quedó quieto.

—Esto importa.

—¿Aunque no sea nuestro libro?

—Precisamente por eso.

Hasta entonces habían comprobado que varios libros podían quedar sujetos a guarda.

Aquella hoja aportaba una causa concreta en otro caso.

Riesgo en el lugar de origen.

No venta.

No transmisión hereditaria.

Protección.

Irene preguntó:

—¿Dice qué tipo de riesgo?

—No.

—Entonces lo dejamos ahí.

—Sí.

La pieza demostraba únicamente que, al menos en aquel caso, el movimiento había respondido a una necesidad de protección.

Eso reforzaba la práctica histórica sin convertirla en una estructura única.

Mauro miró la ficha de subasta.

—Y toda esa información se vendió sin mencionar de qué archivo procedía.

—Sí.

—¿Comprador?

La casa de subastas había registrado una adjudicación privada.

El nombre no era público.

Necesitaría un requerimiento formal.

Irene observó las fotografías.

—Entonces tenemos piezas del mismo conjunto en varios circuitos.

—Al menos tres.

Larraz.

Echevarne.

La subasta anterior.

Y todavía faltaban documentos.

Sebastián recordó la advertencia:

No separar estas relaciones porque unas explican las otras.

La dispersión contemporánea estaba destruyendo exactamente aquello que alguien había intentado preservar.

No el papel como objeto.

Su capacidad de explicar los demás documentos.

El teléfono de Mauro vibró.

Era un mensaje de Echevarne.

Una fotografía.

La pieza número siete.

Había pedido a su asistente que revisara el sobre original utilizado cuando Fontalba se la entregó.

En el reverso aparecía una anotación a lápiz:

Archivo V. — obligaciones / separar por contenido.

Nadie habló.

Inés leyó.

—“Separar por contenido”.

—Sí.

—Entonces alguien dio una instrucción concreta.

—Sí.

Ya no era solo el resultado de una reorganización.

Existía una indicación.

Separar por contenido.

Eso explicaba cómo un conjunto archivístico podía terminar convertido en grupos comerciales.

Cartas por un lado.

Inventarios por otro.

Protocolos notariales aparte.

Relaciones de libros en otra carpeta.

Mauro llamó a Echevarne y activó el altavoz.

—¿Hay más sobres con esa anotación?

—Estoy revisando.

—No descarte ninguno.

—No acostumbro a eliminar documentación de ingreso.

—Bien.

Hubo un silencio breve.

Echevarne añadió:

—Encontré algo más.

—¿Qué?

—Una copia de un correo de Fontalba.

Mauro se quedó quieto.

—Lea.

Echevarne tardó unos segundos.

—“El conjunto procede de un archivo mezclado y no interesa comercializarlo como fondo. Conviene individualizar piezas para facilitar salida.”

Mauro miró a Inés.

Aquello era distinto.

Todavía no hablaba de ocultar una procedencia.

Pero demostraba que el conjunto había sido desarmado deliberadamente por razones comerciales.

—¿Fecha?

—Anterior a que recibiera las piezas.

—¿Usted respondió?

—Sí.

—¿Qué dijo?

Echevarne leyó:

—“De acuerdo, siempre que cada pieza tenga título suficiente y no existan limitaciones de venta.”

Inés cerró los ojos un instante.

Mauro preguntó:

—¿Fontalba contestó?

—Sí.

—¿Qué escribió?

—“Ninguna conocida.”

Mauro anotó la frase.

Podía resultar decisiva.

Si Eduardo Fontalba conocía la cláusula de indivisión, aquella afirmación era falsa.

Si no la conocía, el sentido cambiaba por completo.

Por primera vez disponían de una declaración escrita concreta cuya veracidad podía comprobarse.

No una intuición.

No una ficha demasiado genérica.

Una afirmación:

Ninguna conocida.

Mauro terminó la llamada.

Sebastián observó las reproducciones extendidas sobre la mesa.

El problema histórico y el contemporáneo empezaban a compartir la misma lógica.

Siglos atrás, una procedencia había sobrevivido porque distintas personas dejaban constancia de lo que recibían, lo que entregaban y aquello que nunca les había pertenecido.

Ahora, para reconstruir cómo esas mismas pruebas habían terminado dispersas, Mauro tenía que hacer exactamente lo mismo.

Seguir entregas.

Identificar responsables.

Comparar copias.

Reconstruir descripciones.

Y cada vez que una procedencia desapareciera, preguntar quién había sido el último que todavía la conocía.

El mercado había ofrecido aquellas hojas como documentos independientes.

Sin archivo.

Sin relación visible entre ellas.

Sin el contexto que explicaba por qué habían sido conservadas juntas.

Pero no habían nacido así.

Habían formado parte de un conjunto.

Y ahora tenían una prueba escrita de que alguien había decidido individualizar ese conjunto porque, comercialmente, las piezas resultaban más fáciles de vender por separado.

Todavía faltaba demostrar algo más grave.

Si al hacerlo se había cambiado únicamente la manera de ofrecerlas.

O si alguien había decidido borrar conscientemente aquello que podía revelar de dónde procedían realmente.