El Archivo de Nájera (El Secreto de San Millán: Tomo II) BLOQUE 2
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Ramiro Echevarne no negó las diferencias.

Eso sorprendió a Mauro.

La entrevista se realizó en un despacho que el comerciante utilizaba para recibir clientes y examinar documentos.

No había vitrinas teatrales.

Tampoco manuscritos desplegados sobre terciopelo.

Había archivadores, una mesa amplia, lámparas de trabajo, una lupa y cajas de conservación.

Echevarne los recibió solo.

Rondaba los cincuenta y tantos años.

Vestía traje sin corbata y hablaba con una calma que recordaba más a un profesor que a un comerciante.

Mauro había acudido con Inés Arbizu.

Sebastián e Irene no participaron.

Aquella parte correspondía a la investigación patrimonial.

—Sé por qué vienen —dijo Echevarne.

Mauro dejó sobre la mesa las fichas.

—Entonces nos ahorra tiempo.

Echevarne las miró.

No intentó apartarlas.

—Sí. Son nuestras.

—Las de ingreso y las comerciales.

—Sí.

—No dicen lo mismo.

—Porque no cumplen la misma función.

Mauro esperó.

Echevarne señaló la ficha interna.

—Ésta documenta lo que recibimos y la información aportada por el vendedor. La comercial describe lo que podemos ofrecer al comprador.

—¿Por qué desaparece Valdeterra?

—Porque no estaba acreditado que la pieza perteneciera históricamente al archivo de esa familia en el sentido que exigiría una atribución segura.

Inés intervino.

—Pero sabía que procedía materialmente de las cajas identificadas como Valdeterra.

—Sabía que me la vendían dentro de ese lote.

—Eso es procedencia.

—Es procedencia inmediata. No necesariamente procedencia archivística completa.

La respuesta era buena.

Mauro lo sabía.

Echevarne también.

—¿Y la frase “titularidad documental no individualizada”?

—Una cautela interna.

—¿No era relevante para quien compraba?

—Dependía de la pieza.

—¿Quién lo decidía?

—Nosotros.

Inés sostuvo su mirada.

—Una incertidumbre de titularidad puede afectar la licitud de una transmisión.

—Si existía una limitación y nosotros la conocíamos, sí.

—¿La conocían?

—No.

Mauro sacó la fotografía.

La faja:

No dividir.

Echevarne la observó durante varios segundos.

—Nunca había visto esta imagen.

—¿Recibió el paquete unido?

—No.

Era la primera respuesta que cerraba una posibilidad.

Mauro preguntó:

—¿Cómo llegaron las piezas?

—En varias carpetas. Ya estaban separadas por tipo documental.

—¿Quién hizo esa clasificación?

—Fontalba. O alguien que trabajaba para él. Llegaron así.

—¿Conservaban numeraciones marginales?

—Sí.

—¿No pensó que podían formar parte de un conjunto?

Echevarne cruzó las manos.

—Por supuesto que podían.

—¿Y aun así se ofrecieron separadas?

—Señor Cebrián, casi todos los archivos familiares que llegan al mercado han sido reorganizados, divididos y mezclados antes de llegar a un comerciante.

Mauro no cedió.

—Eso no responde.

—Sí responde. Una numeración antigua demuestra relación material o archivística. No demuestra por sí misma que exista una obligación jurídica actual de mantener las hojas juntas.

Inés dijo:

—Pero sí aporta contexto.

—Por supuesto.

—Y ese contexto no aparece en las fichas de venta.

Echevarne respondió:

—No lo incorporé porque no podía garantizar la atribución.

Mauro señaló la ficha de ingreso.

—Acá escribió “mismo lote”.

—Porque llegaron juntos.

—Y acá “conjunto de obligaciones y depósitos”.

—Porque así estaba descrito.

—Después al comprador solo le indicó “colección privada española”.

—Sí.

—¿Por qué?

Echevarne tardó un instante.

—Porque era lo que podía garantizar.

Mauro entendió el argumento.

Era comercialmente conveniente.

También jurídicamente prudente si la procedencia específica no estaba demostrada.

Pero tenía otra consecuencia.

Eliminaba información incómoda.

—¿Quién redactó las fichas comerciales?

—A veces yo. A veces mi asistente.

—¿Estas?

Echevarne revisó.

—La cuatro y la siete son mías.

Mauro anotó.

—¿Por qué vendió la siete separada?

—Ya le dije que llegó separada.

—¿Sabía que el tasador había valorado el conjunto como unidad?

—No.

—¿Sabía que faltaba la autorización de una de las ramas hereditarias?

—No.

—¿Sabía que determinados paquetes estaban sujetos a restricciones de división?

—No.

Inés lo observó.

—¿Y si demostramos que esa información le fue comunicada?

Echevarne no se alteró.

—Responderé por lo que corresponda.

No parecía un hombre acorralado.

Tampoco particularmente asustado.

Mauro cambió de tema.

—La pieza número siete.

—Sí.

—Quiero examinarla.

—Pueden hacerlo.

—¿Por qué sigue con usted?

—Porque nadie pagó lo que pedíamos.

La cifra que mencionó era modesta.

Nada espectacular.

El contenido de aquella hoja tenía mucho más valor para Sebastián que para el mercado.

Mauro preguntó:

—¿Sabía que enlaza a Cristóbal de Medrano con Tomás de Arceo?

Echevarne lo miró con interés real por primera vez.

—No.

—¿Sabía que pertenece a una secuencia relacionada con un manuscrito procedente de San Millán?

—No.

—¿Nunca leyó el conjunto completo?

—Nunca tuve el conjunto completo.

La frase quedó suspendida.

Mauro preguntó:

—¿Cuántas piezas recibió?

Echevarne abrió un registro.

—Ocho.

—El inventario antiguo habla de doce relaciones y tres copias.

—Yo recibí ocho documentos de ese grupo, si efectivamente hablamos del mismo paquete.

—¿Dónde están los demás?

—No lo sé.

Eso cambiaba otra vez el foco.

Parte de la dispersión había comenzado antes de Echevarne.

—¿Fontalba le dijo que existían más piezas?

—No.

—¿Le entregó un inventario?

—Uno resumido.

Echevarne lo mostró.

La descripción decía:

Ocho documentos notariales antiguos.

Sin mencionar el paquete.

Sin números.

Sin advertencia de indivisión.

Una parte importante de la pérdida de contexto había ocurrido antes de que el comerciante recibiera las hojas.

Eso no resolvía todo lo ocurrido después.

Pero impedía convertirlo prematuramente en responsable único.

Mauro cerró la copia.

—Necesito hablar con Fontalba.

Echevarne asintió.

—Yo también lo haría.

Antes de irse, Inés preguntó:

—¿Piensa vender la número siete mientras investigamos esto?

—No.

—¿Por decisión propia?

—Sí.

—¿Por qué?

Echevarne miró la carpeta de conservación.

—Porque si pertenece a un conjunto cuya transmisión estaba limitada, no quiero agravar el problema.

Mauro lo observó.

Aquella ambigüedad era exactamente la que necesitaba conservar.

Echevarne podía haber simplificado procedencias porque así funcionaba su mercado.

Podía haber obtenido ventaja de esa simplificación.

Incluso podía haber sido negligente.

Pero todavía no existía prueba de que hubiera inventado conscientemente una historia falsa.

Como tantas veces en aquella investigación, la responsabilidad podía estar repartida.