El Archipiélago Mágico Capítulo XXXI
94%

Capítulo XXXI

En el otro mundo

—¿Pero cómo puede ser posible? Lo toqué; era rígido.

—¿Me dices que está en Chacao?

—Sí, y es muy visible supuestamente para todos los que entran y salen de la isla —le argumentó Fernando a Erika.

—Las pocas veces que he visitado la isla, no he estado en esa parte.

En todo caso recuerda que ese plano está sustentado por energía pura.

Energía de pensamiento creador. Si yo viera y recibiera el mismo mensaje de lo que está escrito, como tú dices, significaría que efectivamente está dirigido para todas las personas o entidades que entren o salgan de la isla.

—¿Vivas o muertas?

—Fernando, la muerte no existe. ¿O tienes dudas aún?

—Tienes razón.

—Tengo entendido que la Recta Provincia era una organización que, desde tiempos de la colonia, aplicaba justicia y tomaba partido en varios aspectos de la vida de los habitantes de Chiloé. Que hasta nuestros días persista, me cuesta creerlo .

—¿Tendrá algo que ver con la leyenda de los brujos de Chiloé?

—No lo tengo muy claro. Con el tiempo, los conceptos se van distorsionando al pasar de persona a persona, y los hechos reales terminan mezclándose con la leyenda —le respondió ella.

—Me inquieta el hecho de haber visto salir de la pensión esas formas de luces —murmuró Fernando.

—¿Tienes alguna sospecha de que alguien de ahí incursione en lo mismo? —insistió ella.

—Me resulta extraña la presencia, cada cierto tiempo, de esos dos huéspedes. Sin dejar de mencionarte que, a excepción de ti, nadie más visita esa casa, y se supone que es una pensión.

—¿Pero si tú viste tres entidades, cuál sería la otra?

—Podría ser uno de los dueños de casa —respondió él.

—Ay, Fernando, me dejas preocupada.

—¿Pero qué podría pasar?

—No sé. En todo caso, esta noche veré si puedo observar lo mismo que viste en Chacao y luego pasaré por ti.

—Bueno, como a la medianoche —respondió Fernando.

Terminó la comunicación con Erika y se apresuró a levantarse. Había decidido llegar más temprano al centro médico para indagar en la red acerca de la Recta Provincia.

Ya instalado frente al computador, pudo leer algunos artículos relacionados con la organización.

Se mencionaba que fue una cofradía de brujos de Chiloé, perseguidos por la justicia chilena en el siglo XIX.

Una organización estructurada jerárquicamente, con tentáculos en Santiago y hasta en Buenos Aires.

Aplicaban su propia justicia, envenenaban, hacían hechicerías y ocasionaban la muerte a quienes fueran contrarios a la cofradía.

¿Sería posible que aún en estos días existiera esta organización? ¿Tan poderoso había sido su accionar? ¿Tantos prosélitos tendrían que aún persistían sus influjos más allá de esta existencia, con tan espectacular monumento?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Angélica, que ingresó a su consulta. Era hora de comenzar un nuevo día de atención médica.

*

Era casi la medianoche y hacía rato que estaba acostado. Sus párpados le pesaban; no sentía su cuerpo. El manto de la inconsciencia lo envolvió por completo .

Recobró el conocimiento. Todo estaba oscuro. El reloj marcaba las cuatro de la madrugada. Se dio cuenta de que se había quedado dormido sin haber dado el salto. Seguramente Erika habría venido. Quizás hasta habían conversado, pero era inútil intentar recordar.

Era inevitable haber llegado hasta este punto e ignorar el hecho de que ya había estado en el más allá.

Nuevamente, su vista se dirigió en ángulo hacia el cénit; cerró los ojos y comenzó la meditación.

Se dejó llevar por el aterciopelado sentir de adentrarse en su propio ser; sintió una vibración estruendosa en los oídos y en el cuerpo entero.

Ya estaba su conciencia en el vehículo etéreo.

Observó su inerme cuerpo desde la altura.

El muro, la entrada oscura, y dos fuertes pares de brazos invisibles lo impulsaron a una velocidad inconmensurable hacia la oscuridad del túnel.

Era interminable; se dejó llevar, aunque la velocidad era cada vez mayor.

Comenzó un sentimiento de inquietud: era demasiado tiempo y mucha velocidad, sin embargo continuó.

Se divisó un puntillo blanco que comenzó a aumentar su diámetro. Cada vez era más grande; nuevamente, sintió la sensación de ardor en los ojos. ¿Pero cómo era eso posible?, se preguntó.

Para su inmensa sorpresa, no había llegado al mismo sitio anterior. Ante sus ojos se abrió una ciudad. Estaba llena de vida, atestada de personas. Quizás pertenecían a otra época que Fernando no podía asociar.

Emocionado de estar en un mundo nuevo y desconocido, dio unos pasos a fin de ubicarse y ordenar sus ideas. Se encontraba en una calle corta y angosta que empalmaba a una especie de avenida, donde había bastante movimiento de personas y vehículos que se deslizaban por una plataforma.

Los vehículos eran bastante anchos, muy similares en su forma, pero de diversos colores. La gente iba cómodamente sentada.

Observó los rostros de las personas. La mayoría caminaba de manera natural, sin apresuramiento. Si bien no eran rostros efusivos de alegría, tampoco denotaban expresiones de preocupación.

Decidió mezclarse entre la gente. Había comercio de diferentes rubros; en cambio, no logró ver artículos electrónicos. Efectivamente, no existía en este lugar desarrollo tecnológico, aunque si había luz en los escaparates de las tiendas y en el alumbrado público.

¿Sería posible que ese lugar no existiera y solo se encontrara en su imaginación? ¿O cabía la posibilidad de que hubiera cruzado algún vórtice de energía y que efectivamente estuviera en algún planeta del universo, o en otro muy distinto?

Sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente por un extraño sentimiento que lo inquietó, mientras la gente circulaba en un sentido y en el otro.

Un rostro le llamó la atención: era un muchacho de unos quince años que venía acompañado de otros tres, jóvenes; una era una linda muchacha de rostro luminoso, ojos de un intenso color verde y cabello oscuro con dos trenzas cayendo sobre sus hombros.

La curiosidad de escuchar sus conversaciones lo hizo concentrarse en el relajado rostro del muchacho, cuando todo cambió bruscamente.

Ya no estaba de observador. Se dio cuenta de que, por alguna razón o extraño mecanismo, se había transportado al interior del juvenil cuerpo del muchacho y la mente de este se había desvanecido.

Solo estaba consciente de que, de pronto, sentía la emoción en una garganta física y en el palpitar de un corazón que de momento se agitó, lo que lo obligó a llevar su mano derecha hacia el pecho para oprimirlo.

La muchacha, sorprendida, lo observó.

—Damián, ¿qué te sucede? —le preguntó preocupada.

Sin saber qué decir, sintiéndose en un cuerpo extraño, no le salía el habla.

—¡Hermano! Por favor, ¿qué te sucede?

Los jóvenes se detuvieron en torno a él, y una sonrisa le iluminó el rostro.

—Estoy bien. No me sucede nada.

—¿Pero cómo? De pronto te llevas la mano al corazón con una expresión de desesperación en el rostro y te quedas callado. La verdad es que me asusté mucho.

—Discúlpame, no fue mi intención preocuparte.

—Yo también me asusté —dijo uno de los muchachos.

—Sigamos. Llegaremos tarde al paso que vamos —mencionó la muchacha.

Los cuatro retomaron su andar, apurando un poco más el ritmo impuesto por la niña, mientras él continuaba en el juvenil cuerpo de Damián, pensando en la mejor manera de averiguar en qué lugar se encontraba, en qué año, y qué extraño mecanismo lo vinculaba a ese cuerpo al que había podido ingresar con absoluta facilidad.

—Nos ibas a contar cómo te fue con el profesor —le dijo ella.

El usurpador del cuerpo del joven no sabía qué responder y siguió caminando sin mirar a la muchacha.

—¿Me puedes responder, hermanito, por favor? —le preguntó ella un tanto molesta.

Ante esto, Fernando decidió salir de inmediato, y se encontró al lado de los muchachos, mientras la conciencia de Damián regresaba a su legítimo cuerpo físico.

*

—Me quedé dormido —respondió Fernando—. No obstante, al despertar horas más tarde, crucé el túnel y salí a un sector de una ciudad grande y con bastante gente.

—¿Y qué pasó?

—No logro comprender cómo me fue tan fácil usurpar el cuerpo de un muchacho, estar en su interior y sentir mi conciencia en su cuerpo.

Me puse nervioso ya que me hicieron preguntas de una aparente entrevista con un profesor, y con bastante facilidad salí al manifestar mi deseo; al instante llegué a mi cuerpo .

—¿Qué te pareció la experiencia?

—Fascinante, inexplicable y preocupante.

—¿Por qué, Fernando?

—El tiempo transcurrido allá no es el mismo de aquí.

—Es así, aunque no sé si te lo había dicho —respondió ella, y por un instante pareció dudar si debía contarle algo más.

Fernando permaneció un instante callado.

—Vi el arco sobre Chacao y verdaderamente impresiona —dijo Erika, interrumpiendo el silencio—. Luego estuvimos conversando, pero está claro que no recuerdas nada, como es habitual. ¿O me recuerdas como en tu sueño?

—No, en absoluto. Debo haber estado muy cansado.

—¿Cuál es tu explicación del arco?

—He visto muchas cosas y, como te he comentado, la fuerza del pensamiento es la energía creadora, pero me cuesta creer que tenga algún vínculo con el mundo físico.

—Lo que no me deja de sorprender es que es real, pues viste lo mismo que yo. Lamentablemente no hay ninguna forma de demostrarlo.

—Así es, Fernando, y así será siempre .

Ambos se despidieron sin dejar de expresarse con palabras dulces el gran amor que los unía.