Capítulo XXVI
El otro mundo
La conversación continuó.
—¿Y qué es específicamente?
—Es otro mundo, y quizás uno de miles, de acuerdo con el comportamiento de la energía. Es Robert Monroe quien lo tipifica como el escenario III, para distinguirlo del plano astral o escenario II, tomando como base el aquí y el ahora como escenario I.
—Pero ¿dónde se ubica?
—En algún lugar del vasto universo, o en otros universos, o quizás conviviendo paralelamente con el nuestro.
No tengo respuesta a eso y dudo que alguien la tenga.
Lo único que puedo afirmar es que existe y es real, sin dejar de admitir que todo lo que hay en el Escenario I también lo es.
Es más: todo puede ser, existir y coexistir.
Fernando tomó del pocillo un puñado de maní salado y se lo llevó a la boca. Luego vació de un sorbo lo que quedaba en su copa .
—¿Cómo es que no hay tecnología ahí?
—Al menos yo no he visto computadores, televisores ni pantallas luminosas de publicidad.
—¡Qué aburrido debe ser!
—Estar ahí es maravilloso: no hay contaminación, no existe el ruido, la sobrepoblación ni la pobreza de nuestras grandes ciudades; tampoco violencia ni guerras. El reino animal y vegetal convive de forma armónica.
»No hay depredación de ninguna forma. No existe en nuestro mundo un concepto que alcance a explicarlo razonablemente. Pareciera que hay algo de nosotros en ese mundo, viviendo en forma paralela.
»Debes saber que es un lugar material como este: sientes y tocas la materia. No se tiene el poder del pensamiento para desplazarse de un lugar a otro. Tu cuerpo sutil se diluye.
Erika hizo un gesto de cansancio.
—Estarás allí y no tengo dudas de que conocerás a tu réplica; es decir, otra persona que, si bien no es similar a ti físicamente, te dará la certeza de que es parte tuya.
»Lo podrás ver, pero él ni nadie de allí te verá. Existe la particularidad de que podrás entrar en su cuerpo y ser parte de su vida, entrar y salir a tu voluntad. Todo esto que te digo es con base en mi experiencia: lo hice un par de veces, pero no lo volvería a hacer.
—¿Por qué no lo volverías a realizar?
—Porque la persona tiene su vida propia. No es agradable ocupar la existencia de otro cuando uno tiene la propia.
—Desde ese punto de vista, es una usurpación. —Concuerdo contigo.
El joven hizo una pausa, tomó una inspiración profunda y miró la hora en el celular sobre la mesa de centro. Erika propuso irse a descansar dado lo avanzado de la noche.
Fernando guardó el celular, se levantó y le ofreció la mano. Había mucho más que conversar, pero podía esperar.