El Archipiélago Mágico Capítulo XXV
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Capítulo XXV

El cuerpo sutil

Fernando aún llevaba grabada en la memoria su primera experiencia fuera de los límites del cuerpo: su madre, sus hermanos, los duendes, la casa de Cecilia, aquel extraño sentimiento de nostalgia, la calle de adoquines, el carruaje y el túnel. Una vivencia mágica, breve, pero absolutamente real.

Habían transcurrido dos meses desde aquella noche. Ahora, ambos conversaban tranquilamente.

—¿Cuál es tu opinión al respecto? —le preguntó él.

Erika lo miró con profunda ternura, le dio un beso tierno en los labios y luego le tomó las manos.

—Como te dije después de tu experiencia, y según mi punto de vista, ni el más sabio de todos puede explicar de forma sencilla este fenómeno. El milagro de la vida es todavía más inconmensurable que el universo en el que nos desenvolvemos.

»Según mi percepción, la conciencia del ahora y del ayer, junto a todo lo que procesamos, se ubica en la zona superior de nuestro cuerpo físico, de los ojos hacia arriba.

Esa esencia sale y entra a un cuerpo sutil o incorpóreo compuesto puramente de energía, el cual se desliza con total facilidad en el plano astral.

»Sin embargo, para que no se disperse ni se pierda, permanece unido al cuerpo físico por un lazo energético y elástico.

Intentar controlar las acciones en este medio es muy complejo, ya que los pensamientos son energía pura.

Ellos son los amos absolutos allí, y por eso te trasladaste con tanta facilidad a tu antigua casa en aquella oportunidad: era lo que más anhelabas.

—Es cierto, fue mi primer pensamiento —asintió él.

—Luego sentiste mucha angustia y nostalgia. Fue en ese instante cuando tu cuerpo sutil te arrastró a un lugar completamente real, construido por un pensamiento poderoso. Quizás se trataba de imágenes de una película ambientada en el siglo pasado que viste durante tu infancia.

Fernando seguía con absoluta atención cada palabra de su explicación.

—¿Y los duendes en la habitación de mis hermanos?

—Es que los duendes siempre han existido. Han habitado en la memoria de todos los niños del mundo por generaciones, en libros y en películas. ¿Acaso no me dijiste que te llamaron por tu nombre ?

—Sí, es verdad —respondió él, con un leve escalofrío.

—Te pregunto entonces: ¿existen los duendes?

Fernando asintió en silencio ante la pregunta. Aún recordaba la viveza y el colorido de sus vestimentas, las risas infantiles y el tono exacto de la voz pronunciando su nombre.

—¿Y esa fuerza que sentí en los brazos, que me impulsaba a entrar al túnel?

—Creo que el túnel es otra de las representaciones de ingreso al escenario tres. Lo de la fuerza en los brazos no es tan extraño, ya que el mundo astral está poblado por millones de entidades. Ignoro por qué esos seres tenían tanto interés en mostrarte el acceso a ese umbral.

—¿Escenario tres? —inquirió Fernando, extrañado.

—Es un estado muy diferente al astral —explicó ella con voz pausada—.

Allí el cuerpo sutil es más estable, ya que es su medio natural.

Cuando entres a ese mundo, te darás cuenta de que es como vivir en el eterno ahora.

Existe de todo: ciudades, pueblos, comarcas y gente como nosotros, pero sin tecnología ni combustibles.

—¿Tú has estado ahí ?

—Sí —confesó Erika con una sonrisa enigmática—. Mi primera experiencia fue directamente en ese mundo.

Fernando la miró en completo silencio, procesando la inmensidad de lo que acababa de escuchar.