Capítulo XVII
El bajo astral
Los primeros rayos de luz que entraron por la ventana lo despertaron. De inmediato advirtió que Erika ya no estaba a su lado.
Debió haberse retirado en la madrugada para evitar un mal momento con sus padres, y sobre todo con su hijo, pensó, mientras la vista se le posaba en algún punto del cielo de la pieza.
Después de un confortable baño bajó las escaleras en dirección a la cocina. Para su sorpresa, solo Erika lo esperaba para desayunar juntos. Su rostro se iluminó al verlo llegar y, aprovechando que no había nadie más, se abrazaron y se brindaron un largo y apasionado beso.
—¿Cómo dormiste?
—Hacía bastante tiempo que no dormía tan feliz. ¿Y tú?
—Estoy un poco adolorida, pero radiante. Mis papás fueron a Puerto Varas con Fernandito. Salieron hace un rato y me dieron ganas de ir a acostarme otra vez contigo .
Fernando la abrazó cariñosamente. Ella le respondió con una sonrisa y un nuevo beso. Luego le indicó que se sentara, ya que la mesa estaba dispuesta para los dos.
—Voy a preparar huevos con tocino. ¿Te gustan?
—Sí, pero mucho más si tú los preparas.
Ella sonrió mientras encendía la cocina, ponía una sartén con aceite de oliva y sacaba del refrigerador un tazón con tocino picado y los huevos.
—¿Quieres té o café?
—Café. Yo me sirvo. ¿Y tú?
—Café también —respondió ella.
Una vez listos los huevos, los depositó en un pocillo, dejó la sartén en el lavaplatos y tomó asiento al lado de Fernando. Comenzaron a desayunar.
—Te quedaron deliciosos —dijo él.
—Gracias —respondió ella con una sonrisa.
—Erika, ¿cómo puedo salir del cuerpo?
—No sé si te resultará fácil hacerlo. Básicamente, el paso se da cuando logras una relajación total del cuerpo. De esa forma llegas a la interfaz entre lo consciente y lo inconsciente y es en ese preciso momento cuando debes dar el salto .
—¿Hay alguna otra manera de alcanzar ese estado?
—Es un proceso absolutamente mental. Ser capaz de dominar tus pensamientos es la clave; cualquier cosa puede distraerte. Puede ser de gran ayuda la autohipnosis o el sonido binaural, de manera tal de obligar al cerebro a entrar en una determinada actividad neuronal.
»Cuanto menores sean estos impulsos, más cerca estás de ese estado. Entre cinco y ocho ciclos por segundo es la fase de actividad del cerebro en que normalmente estamos inconscientes y durmiendo.
—No descansaré hasta alcanzar ese estado. ¿Tú me podrías ayudar?
—Preferiría no inmiscuirme en tu vida en ese estado. Estar contigo como ahora es como deseo estar: contemplarte, tenerte y amarte.
—Erika, hay algo que te quiero contar y me gustaría que me lo aclararas. Un día soñé que hacía el amor contigo, y fue el primer día que llegué a la isla. ¿Es posible que haya sido una realidad, o simplemente una invención de mi mente?
—Ay, Fernando. ¿Será este el momento adecuado para hablarlo? —respondió ella con cierta incomodidad .
Él la tomó cariñosamente de la mano, observando su rostro y sus ojos. Intuyó que algo le ocultaba y le incomodaba contar.
—Por favor. Es importante para mí. Te escucho —dijo él, apretando suavemente sus dedos.
—Anoche te dije que te amaba, y no fue producto de la excitación. Hay cosas que nunca he podido saber cómo ocurren. El hecho es que cuando quise tener un hijo, soñé tenerlo con un hombre que fuera físicamente como tú, que fuera sincero y bondadoso.
»Pero te juro que jamás pensé que fuera médico. Creo que si lo hubiese pensado, diría que existen los milagros. Es por eso que cuando Fernandito te estaba haciendo fiesta en la fila del aeropuerto, me di vuelta y te vi, y casi me desmayo de la impresión.
Erika se llevó ambas manos a la cara, mirando a Fernando con los ojos muy abiertos.
—Al frente mío tenía el rostro y el cuerpo del hombre que yo quería que fuera el padre de mi hijo. Incluso cuando fui al banco de espermas era lo que llevaba en todo momento en la mente.
Fernando acarició sus manos mientras la escuchaba, y Erika apretó sus dedos entrelazados con los de él .
—Esa noche llegué a la casa, decidida a ubicarte.
Me concentré en lograrlo y salí de mi cuerpo.
Nunca había intentado encontrar a una persona y, para mi sorpresa, me encontré en un cuarto oscuro y te vi.
Te juro que mi intención solo era saber dónde vivías; sin embargo, tu segundo cuerpo me deseaba, y fue algo increíble: nos acoplamos de inmediato.
»Nos amamos. Fue muy intenso, quizás porque tu cuerpo carnal estaba en sintonía.
No sé qué fue lo que sucedió, pero llegaron muchas entidades con el objeto de absorber la energía que estábamos generando.
Querían cada vez más y más; no iban a parar hasta quitarte toda tu energía.
Fue espantoso, Fernando. Estuve a punto de generar tu muerte.
Erika, desesperada, comenzó a llorar. Fernando la escuchó sin moverse. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de arriba abajo.
—Fernando. Estar en el bajo astral es muy perturbador y peligroso.
El joven no respondió. Tenía la vista fija en las manos entrelazadas de ambos sobre la mesa, y no encontraba una sola palabra para lo que acababa de escuchar.