El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 71 #2
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Capítulo 71 #2

Por un momento, pensé que era demasiado tarde para Tullah, que ya no quedaba nada.

Entonces capté una pequeña chispa; el más mínimo destello de la antigua Tullah escondida en lo más profundo de su ser. Tenía que sacarla a la luz. La necesitaba a mi lado.

Ella me miró, y yo me vi tal y como ella me veía: una figura salvaje, con el pelo cubierto de barro, pintura de guerra embarrada cubriendo la mitad superior de mi rostro, los ojos fijos como los de una loca.

—Es sólo en momentos como estos, aprendiz —dije con voz ronca—, cuando ya no tienes ningún lugar al que ir, cuando consigues una escalera interna contra todo pronóstico.

—¿De qué está hablando? —Weaver frunció el ceño y me miró.

Le ignoré. Ignoré los hechizos que atacaban mi mente. Ignoré todo a mi alrededor, excepto a Tullah.

Me forcé a decir las palabras.

—Recuerda lo que te enseñé sobre conseguir una escalera interna. Dímelo.

Sus ojos estaban apagados por el dolor, pero movió los labios.

—Escalera externa, buena. Escalera interna, mala. Malas probabilidades. Nunca la aceptes, excepto si no tienes otra opción.

Tullah estaba hecha un desastre, pero al contestarme pude volver a ver ese brillo feroz. Estaba luchando.

Tara la ayudaba. Sentía a mi gemela, pero no podía verla con claridad. La mente de Tullah estaba entumecida por el dolor y cada segundo iba empeorando.

Compartir el eukori podría ayudarle con el dolor, pero ese no era el objetivo.

Nos habría dado más poder del que tenía yo sola. Pero también expondría a Tullah a los efectos que el hechizo de Weaver había causado en mi mente. Sería una carrera entre nuestros espíritus que se liberarían del crisol y Tullah que podría caer en el hechizo de Weaver.

—Si fallo… —Sus ojos se cerraron cuando la onda de dolor empeoró. Su voz se quebró. Los labios seguían moviéndose, murmurando las mismas palabras una y otra vez—. Prométemelo. Si fallo, mátame. Salva a Kaothos.

Podría. Si estuviéramos fuertemente enlazadas, unidas por el eukori, podría detener su corazón. Probablemente el mío también se detendría.

Lo haría. Ella lo intuyó y bajó sus defensas. La acogí por completo en mi eukori, la uní a mí tan rápido y tan completamente como pude, y extendimos nuestras manos.

Nos topamos con el resbaladizo escudo de agua que cubría la sala.

No había ni un sólo cable eléctrico que atravesara ese escudo y, al igual que la construcción, el escudo se hacía más fuerte por segundos. Tullah y yo nos estrellamos contra él y no pudimos atravesarlo.

No había ningún otro poder que me atreviera a usar en esta habitación. Ash no estaba. Lo intenté y no había nada allí. El escudo resistió.

Ojalá lo hubiera hecho antes. Ojalá lo hubiera intentado cuando la gente atravesaba esa puerta de agua.

Intentar formar una escalera interior era una tontería. Ni siquiera podíamos salir de esta habitación.

Y, como dijo Tullah, no podíamos dejar que nos utilizaran para capturar a Kaothos.

Pero nuestro intento no había pasado desapercibido.

Un aura como humo frío se filtró a nuestro alrededor. Podía saborear a quién pertenecía.

¿Estaba de nuestro lado? ¿Nos ayudaría?

¿O dejarla entrar le permitiría impedir que escapáramos?

O peor aún, si salíamos y llamábamos a Kaothos, ¿descubriríamos que todo esto no era más que otra elaborada trampa para los propios fines de la Hécate?

Quizá. Quizá no. No teníamos otras opciones en ese momento.

Tiré de mi segunda carta para completar una escalera y la dejé entrar.

« Grandes alas a mi alrededor, elevándome. Frío. Frío. Azul. »

La puerta de agua titubeó.

Una fracción de segundo sin la continua cortina de agua que envolvía toda la habitación. Una pequeña interrupción en el funcionamiento. Era suficiente para alargar la mano, pero ¿sería suficiente para un paseo espiritual?

Tullah sufría demasiado como para ayudarme.

La Hécate ya no estaba allí.

Mi eukori atravesó la puerta de agua, atravesó la mina vacía.

Necesitaba un ancla ahí fuera, un punto de apoyo. Algo a lo que aferrarme, para poder recomponerme para el siguiente salto. Todo en esa fracción de segundo que se cerraba.

« ¡Kane! »

El coyote loco había encontrado la rejilla de ventilación del generador y se estaba abriendo paso a gatas por el pozo hacia la mina.

Estaba usando alguna ilusión de metamorfosis para hacerse pasar por uno de los hombres lobo de Celum, por si se encontraba con alguien. Arrastrándose detrás de él iba Flint.

« Estúpidos muchachos. »

No podía proyectar palabras con un simple eukori, pero ambos sabíamos lo que el otro estaba pensando.

« De nada, jefa. »

Me aferré a ellos y me dieron la fuerza para mantener el más mínimo orificio en la puerta de agua mientras mi eukori subía a toda velocidad por el conducto de ventilación para encontrar a Yelena y a Rita.

« Alivio. Miedo. »

No tenía tiempo. Necesitaba el poder del árbol del alma. Ni siquiera tenía tiempo para avisar a nadie. Lo mejor que pude hacer fue llegar lentamente. Intentar limitar el impacto.

« ¡Ash! ¡Ash! »

El poder del árbol del alma irlandés bullía y comenzó a ascender a través de mí, y a través de todos los que estaban conectados a mí. Oscuro. Seductor.

Pero ascendía demasiado despacio, como si algo lo frenara. Tres anclas espirituales luchaban contra mí. Grité. No tenía tiempo. ¡No había tiempo!

Kane lo entendió.

Sentí que dudaba y se estremecía al sentir la magia de Ash. Sentí que temblaba al borde del abismo. Si me apartaba, la puerta de agua probablemente se cerraría y me dejaría atrapada en el pozo.

Pero lo que le estaba pidiendo era que pusiera toda su fuerza en la magia de sangre.

Mi vínculo eukori se estiró, se volvió pálido e insustancial como la niebla.

La presencia de Ash, esa sensación de poder, se desvaneció.

La desesperación se apoderó de mí.

Y entonces Kane se sacudió y canalizó su poder hacia nuestro vínculo. De alguna manera, sin palabras, advirtió a los demás.

« ¡Gracias! »

Intuí lo que tenía que hacer y tiré con todas mis fuerzas. Derramé el dolor y la rabia sobre lo que retenía a Ash. Volví a tirar. Sin piedad. Sentí la sacudida. Sentí cómo se rompían las ataduras espirituales y absorbí el poder de Ash hacia mí.

¡Dolor!

Como lava fundida corriendo por mis venas.

Burbujeando. Las manipulaciones de Weaver se apagan en mi cabeza. El daño hecho, hecho está.

Los hechizos en la cabeza de Tullah son más difíciles. Se ralentizan. Se detienen. Eso tiene que bastar por el momento.

Mi entorno desaparece. Estoy en la mina y estoy fuera y estoy en el suelo y estoy en Irlanda y estoy en el cielo y estoy volando hacia el sur y el este sobre las Montañas Rocosas como un misil, gritando ira y dolor al cielo.

—¡Está haciendo un viaje espiritual! ¡Se ha escapado! ¡Detenedla!

En algún lugar, muy lejos, hay una gran alarma. Gente gritando. Corriendo.

No me importa. Todo va tan lento.

Desciendo en arco.

Denver. Evergreen. Bear Ridge.

Por fin, Haven.

Hay un hilo de seda en el cielo de donde vengo y lo tiro tras de mí, bajando por el ascensor secreto, a través de los diminutos huecos en el hechizo de Alice, hasta la mazmorra.

Diana da un respingo, sorprendida. ¿Qué está pasando?

Kaothos habla: ¿Amber Farrell? ¿Eres tú?

Su voz sacude la mazmorra.

Sí, soy yo. Rápido.

Ella se materializa presa del pánico, su cuerpo llena la sala, destroza los muebles y empuja a los Lyssae de sus pedestales. Gritos y miedo.

Golpeo con mi hilo de seda el hocico del dragón y señalo. Síguelo. Arriba, atrás. Tullah. ¡Date prisa! ¡Ahora! Vete. Vete. ¡Vete!

Kaothos es lenta. Muy lenta. Es como si ahora formara parte de Diana. No puede liberarse.

Está destrozando a Diana. Las está destrozando a ambas.

Dolor.

Todo es doloroso.

Excepto la muerte, quizá.

Y fue entonces cuando alguien allá abajo en la mina debió de coger una pala y golpearme en la cabeza con ella.