Capítulo 65
Todavía estaba pensando en Zane cuando el Pilatus despegó y Yelena nos llevó de vuelta a Denver.
Sí, había ido hasta Doña Ana con la intención de coquetear con Zane y conseguir que me prestara unos hombres lobo para la búsqueda de Tullah. Me parecía justo. No es como si Zane fuera un angelito. No hice nada que él no hubiera hecho.
Pero me había pasado de la raya. Nunca había sido muy buena para pestañear, pero de repente parecía haber aprendido a flirtear a lo grande.
¿Por qué le estaba provocando así? ¿Resultados?
Lo que había dicho era verdad; si yo fuera una mujer lobo pura, Alex y yo seríamos exclusivos; en eso consiste el auténtico emparejamiento para los licántropos.
Lo que no significaba que las uniones amorosas entre licántropos fueran menos importantes por no ser emparejamientos de verdad.
Dada la disparidad de números, la mayor parte de las mujeres lobo tenían un par de hombres lobo como amantes, si así lo querían.
Mi loba no estaba tan interesada en mi Casa Athanate o mis necesidades de Sangre y parientes, aunque disfrutase de los beneficios. Mi loba se habría contentando sólo con Alex.
¿O eso había cambiado?
¿Por qué tenía la sensación de que esta historia con Zane no era algo puramente Athanate?
Había provocado a Zane cuando lo visité en Albuquerque con Tullah. Él se vengó provocándome cuando vino a Denver con Cameron.
Pero nada de eso se acercaba ni de lejos a la ardiente lascivia en el almacén, o la forma en la que había estado actuando con él.
¿Podía culpar al hechizo de Weaver que había reducido mis inhibiciones?
¿Y si era algo más que eso?
Era evidente que nada iba a ocurrir. Claro. Alex no iba a convertirse en el mejor amigo de Zane y luego invitarle a meterse en la cama con nosotros. No, nada iba a pasar más allá de los niveles lupinos de coqueteo.
« Sí, pero ¿y si había algo que mi loba quería o necesitaba? »
Una pareja de lobos acoplados ganaba en dominación con su unión, más que una simple suma. Uno más uno eran cuatro. ¿Y si hubiera tres lobos emparejados? Auténtico acoplamiento. ¿Cuánto sería eso en la escala de dominación? ¿Nueve?
Y si Zane estaba descartado, ¿qué tal Billie de Los Angeles, por decir algo? Sería más aceptable para Alex.
¿Y ambos? ¿Cuatro alfas? ¿Nivel dieciséis de dominación?
Nunca había tenido ese tipo de pensamientos. Desde que el hechizo de Weaver había entrado en mi mente, algo había cambiado y no era sólo una cuestión de lívido.
Utilicé el sistema de telefonía móvil del helicóptero para llamar a Amanda.
—Sí, Kane y Flint están bien. Te los paso en un momento —le dije—. Sólo quería saber si el doctor tenía consulta esta mañana.
—Claro que sí, jefa.
—¿Y está amparado por el secreto profesional?
Se rio.
—Eso son los abogados, Amber. Los psiquiatras le llamamos confidencialidad del paciente. Pero sí, no le diré a nadie sobre qué hemos hablado. Estoy sola ahora mismo, y voy a cerrar la puerta.
—Me parece suficiente. Bien, cuando el Athanate borra la memoria de una persona, cuanto más hay que borrar más difícil resulta porque todo está conectado, ¿verdad?
—Más o menos.
—Entonces, cuando un Adepto diseña un hechizo que afecta una parte de la mente de alguien, no estamos hablando de una precisión quirúrgica.
Su respuesta fue llegando poco a poco, conforme se daba cuenta de a dónde quería llegar.
—No, no es precisión quirúrgica.
—Algo que debería dirigirse a las inhibiciones o reducir la resistencia a las coacciones… podría afectar a muchas otras cosas mentales.
—Probablemente. ¿Me estás preguntando si el hechizo de Weaver podría haber cambiado tu comportamiento en otros aspectos?
—Exacto. Si mi aversión a la política estaba almacenada en mi cerebro en el mismo lugar que mis inhibiciones…
—¿Te vas a presentar para gobernadora? —Se volvió a reír—.
Veo a dónde quieres llegar, pero ya has identificado el problema con esta teoría.
No hay ninguna parte aislada en el cerebro o la mente en la que se pueda almacenar la aversión política.
Pero, en cambio, y considerando que no soy una experta en hechizos de Adeptos, puedo aceptar que un hechizo que ataque las inhibiciones también podría afectar a las aversiones.
Entonces, tras haber desarrollado una aversión a la política durante toda mi vida, ¿ahora iba a estar interesada?
Me estremecí.
De hecho, no quería implicarme, a menos que pueda evitarlo.
—Gracias por tu ayuda. Te paso a Flint.
Le entregué el teléfono y me recosté.
Los hechizos de Weaver eran sutiles y poderosos. Para hacerme más susceptible a sus coacciones, había creado un hechizo que socavaba las inhibiciones, pero que podría haberme afectado en una docena de aspectos relacionados antes de que la Hécate lo hubiese detenido.
¿Qué locuras iba a cometer?
¿Algo así como empezar a construir una base política con bastante dominación como para que Félix y Cameron la percibieran como una amenaza? Y utilizando sus propias manadas para hacerlo. Eso quedaría bien cuando volviera a verlos la próxima vez. En Louisiana, en un par de semanas.
No.
Pero como si mis pensamientos que se desviaban de Weaver hacia la Hécate hubieran invocado a Gabrielle, esta llegó con una taza de café.
No me miraba a los ojos.
—Siéntate —dije, y se sentó a mi lado.
—Gwen no es así —dijo antes de que tuviera la oportunidad de iniciar la conversación.
—¿Qué otra explicación podría haber?
—No lo sé. —Sonaba desolada.
—Estás tan segura de ella, pero ella no confía en ti lo suficiente para decirte su espíritu guía. No comparte los planes de la Liga con nadie, ni siquiera sus propios planes.
Gabrielle no sabía qué responder.
Estaba enfadada porque me había convencido a mí misma que debía confiar en Gwen y era evidente que nos había traicionado. Pero seguía sin entender por qué. ¿Había decidido que secuestrar a Tullah era más importante que aliarse con Kaothos?
No podía entenderlo. Pero ahora tenía una ligera idea de dónde estaba Tullah, y puede que tuviera suficientes lobos para ir a buscarla. Si encontraba a Tullah, puede que encontrase las respuestas a por qué la Hécate había hecho lo que había hecho.
Mientras tanto, tenía que pensar más en Tullah.
—Bien, olvídate de lo que la Hécate ha hecho o ha dejado de hacer. ¿Qué crees que puede hacer Weaver, ahora que tiene a Tullah?
—Está claro que tenderá algún tipo de trampa para conseguir a Kaothos, utilizando la conexión de Tullah. Puedo entender cómo podría forzar a Tullah a establecer esa conexión, pero no entiendo cómo podría crear algo lo suficientemente fuerte para retener a Kaothos.
Le hice la pregunta que me había estado provocando pesadillas.
—¿Y si su primer paso fuera hacer algo en la mente de Tullah?
Se puso pálida.
—No creo que funcionase. Lo único que consigue de Tullah es una conexión con Kaothos. Y si toda la comunidad de Denver trabaja junta en un hechizo, podrían tenderle una trampa.
—¿No sería lo suficientemente fuerte para retener a Kaothos?
—No durante mucho tiempo. Incluso si los obligara a trabajar bajo una coacción, nunca tendría el control absoluto sobre todos los miembros. En el momento en que alguien cometiera un error, Kaothos podría escapar.
Pensé en el control, y en el aquelarre de la Hécate que había cometido un desliz que sirvió para que Kane y Flint rompieran el hechizo. Entonces pensé en un aquelarre manteniendo el control de un hechizo de magia negra durante años.
—Háblame sobre los árboles del alma —dije.
—Se supone que no debo hablarte de ellos —contestó, mordiéndose el labio antes de continuar—.
Pero, de todas formas, tampoco sé tanto.
No es algo que se fomente en la Liga. La gente piensa que es un poco chamánico.
Yo creo que sólo los antiguos aquelarres los tienen.
Los aquelarres franco-canadienses lo llaman Cœur de Lune .
—¿Corazón de Luna?
—Sí, me encanta ese nombre. Hablé con una mujer en un aquelarre que tenía uno.
Creo que son un poco como un depósito para el aquelarre.
Un repositorio de todos los miembros a lo largo del tiempo.
Cada uno comparte un poco de sí mismo con el árbol de las almas y, a cambio, obtiene un poco de los demás.
—¿Un viejo árbol de las almas puede ser poderoso?
—Es posible.
—¿Más poderoso que los miembros individuales? ¿Y con suficiente conciencia de sí mismo para actuar de forma independiente?
Parpadeó.
—Se supone que no debo hablar de eso fuera de la Liga.
—Lo que significa que la respuesta es afirmativa —dije.
—En teoría —respondió con cuidado—. Pero estoy bastante segura de que Denver no tiene un árbol de las almas, si estás pensando en cómo podrían intentar capturar a Kaothos.
No estaba pensando sólo en eso.
Aunque mi experiencia se limitase a mi maldición familiar, parecía que Gabrielle no era más experta que yo en temas de árboles de las almas, así que lo dejé así.
Llamé a Bian para informarle de los resultados de la triangulación y para organizar la salida de Ops 4-10 hacia Vernal bajo las órdenes de Annie.
Durante todo ese tiempo, en el fondo de mi mente, seguía dándole vueltas a lo poco que sabía sobre los árboles de almas.
Tenía que suponer que Ash, si ese era su nombre, era el árbol de las almas del aquelarre irlandés responsable de la maldición que pesaba sobre la familia de mi bisabuelo: que todos los primogénitos morirían.
Una maldición que era un hechizo enorme y complejo y que demandaba una gran cantidad de poder, durante muchos años.
Lo que significaba que Ash debía ser un árbol de almas viejo y poderoso. Posiblemente, muy poderoso.
Sostuve mi taza de café frío e intenté concentrarme en los hechizos, tal y como Tullah había sugerido, pero primero busqué en mi interior hasta que sentí la conexión con la oscuridad que había ahí dentro.
Me imaginé hablando con una persona llamada Ash.
Preguntándole si podía transmitirme el poder directamente, en silencio.
El café se calentó en un instante.
Nadie más se dio cuenta. Yo no necesitaba canalizar este poder a través de nadie más. Y para cosas sencillas, respondía.
Enfrié el café. Lo calenté de nuevo. Era mucho más rápido y fácil si tocaba la taza, pero, en cualquier caso, funcionaba.
Sabía por Tullah que frío, calor y fuego eran conjuros mágicos estándar y que, aunque mi control no fuera suficiente para crear fintyne —el equivalente Adepto del napalm—, calentar y enfriar podía ser un hechizo muy útil que controlar.
Así que… tenía algún tipo de acuerdo extraño que parecía permitirme utilizar el poder que alimentaba la maldición. ¿Era Ash quien dirigía la maldición o Ash sólo era el poder?
Si Ash estaba dirigiendo la maldición, no entiendo por qué me permitiría utilizar el poder. Suponiendo que Ash fuera el poder y que el aquelarre que lo dirigía no se había dado cuenta y que no me había detenido, presumiblemente podría utilizarlo de alguna manera contra Weaver.
A no ser que fuera una trampa, destinada a hacerme depender del poder, para desaparecer en el momento menos oportuno. O que utilizar el poder fuera parte de la maldición y se volviera contra mí de cualquier otra forma.
Si utilizaba el poder, ¿podría alejarlo de Kath y su bebé?
¿O, si intentaba eso, me cortarían el acceso?
Me pasé los dedos por el pelo y suspiré.
Demasiadas preguntas. No tenía tiempo para experimentar y no podía confiar en esta habilidad.
Tenía que enfrentarme a Weaver con lo que sabía que podía confiar: armas y violencia física.
Y tenía de dejar de lado los problemas de Kath y resolver la maldición en otro momento.