Capítulo 66
El Arapaho, volando muy muy temprano por la mañana, no era el lugar ideal para recibir una llamada de David.
—¿Amber? —La voz de David era débil.
—Sí.
—Taylor ha encontrado información de Weaver que deberías ver.
—¿Ahora? —Eran las cinco de la mañana. No esperaba que el novio de mi hermana hubiera puesto tanto empeño en esto, pero estaba claro que David tenía otros planes.
—Hemos estado trabajando toda la noche —dijo. Su voz iba y venía—… se ha envuelto en una red de empresas; pero, según Taylor, es una chapuza.
—Es bueno saberlo.
—Sí. Casi no hay sociedades ficticias en paraísos fiscales imposibles de rastrear ni cosas por el estilo.
—Aunque su voz iba y venía, David parecía casi ofendido de que Weaver creyera que su estructura comercial fuera segura—.
No se localiza… compra de terrenos… te envío una lista por email…
en especial… hay un gran interés en algo por allí.
—Se está cortando, pero parece que tenéis buenas noticias. Seguid trabajando. Cualquier cosa que pueda ayudarnos a localizarle más rápido es oro ahora mismo.
La conexión mejoró y la voz de David se escuchó con más claridad.
—Te llamaremos de nuevo cuando tengamos más —dijo David.
Ya podíamos divisar Vernal cuando terminamos la llamada.
Había querido decir que llamarían « si » encontraban algo más.
Era frustrante que no pudiera decirme directamente dónde estaba Weaver, pero reducir el territorio a una lista de propiedades era una gran mejora.
Sólo teníamos un día, pero podíamos hacerlo.
Tenía que creérmelo, y no hacer caso al escalofrío que sentía en la boca del estómago.
Kane nos llevó directamente hasta la casa de la manada de Denver en los límites de la ciudad. La casa no tenía un helipuerto, pero el jardín trasero era lo suficientemente grande para que aterrizara el Arapaho.
Annie y los Ops 4-10 se nos habían adelantado. Había conducido un convoy de camiones durante la noche para entregar el Hill Bitch, un grupo de cachorros en formación con legañas y cinco escuadrones de Ops 4-10.
Las tropas Ops 4-10 parecían listas para cualquier cosa. Los cachorros no tanto. Los mantendríamos alejados de los problemas si podíamos. Sería un buen ejercicio para ellos, y quizá una oportunidad de demostrar a Ops 4-10 que no eran un desperdicio de tiempo y espacio.
Las patrullas de la manada local de Denver habían aparecido durante la noche. Estaban agitadas, su llamada hervía bajo la superficie, impacientes por salir a cazar.
Todos los lugartenientes experimentados estaban con Félix en Louisiana, así que no conocía al tipo que lideraba los equipos. Vino hacia mí y estrechó mi mano.
—Nathan Woodside, señora.
—Amber, por favor. Me alegro de verte, Nathan. Gracias por traer las patrullas aquí. ¿Entiendes la situación? Es muy importante localizar dónde tiene Weaver escondida a Tullah.
—Tullah es parte de tu Casa, lo que supongo que significa que es parte de la manada de Denver —dijo con sencillez—. Para nosotros, ese cabrón ha secuestrado a una hermana. No te preocupes, la encontraremos.
El frío viento me entró en los ojos y tuve que girar la cabeza, justo a tiempo para ver un par de todoterrenos acercándose.
Eran los primeros hombres lobo de El Paso y Nuevo México.
Zane y Alex habían organizado un vuelo chárter y los habían enviado al aeropuerto más cercano, Roosevelt Municipal, a unos treinta kilómetros de distancia. Habían venido un centenar, pero sólo había una docena apiñados en esos dos todoterrenos y no se veía nada más en la carretera detrás de ellos.
Annie salió de la casa escuchando su teléfono.
Malas noticias: se habían quedado sin camionetas y todoterrenos de alquiler en el aeropuerto de Roosevelt.
Habían conseguido alquilar algunos coches también, pero había demasiada nieve en la carretera.
Cinco hombres lobo podrían sacar a un coche de una zanja, pero necesitaríamos la altura de una camioneta para recorrer las carreteras y caminos nevados de Ashley.
Los equipos locales de Nathan pidieron algún favor. Tendríamos otras cinco camionetas en media hora. Algunos intentarían llegar desde Grand Junction, pero eso estaba a varias horas de distancia y esas carreteras también estaban nevadas.
Todo estaba ocurriendo muy rápido, teniendo en cuenta el poco tiempo del que disponíamos, pero también increíblemente lento, considerando la tarea que teníamos por delante.
—Podemos utilizar esas camionetas que tenemos como lanzaderas —dijo Nathan—. Dejamos a algunos y volvemos a buscarlos más tarde. Eso podría funcionar en los ranchos, pero está claro que no nos podemos mover a cuatro patas en las ciudades.
—Elabora un plan —dije—. Si lo necesitamos, también podemos utilizar el Arapaho para transportar grupos.
Había entregado algunas piezas de ropa de Tullah a Nathan.
Las habían lavado, claro, pero las narices de los hombres lobo serían capaces de extraer su esencia.
Luego entré en la casa para buscar un ordenador y una impresora.
Annie y Nathan se quedaron a cargo de la organización de los equipos, asegurándose que cada uno tuviera una pieza de ropa.
Recé para que la lista que David y Taylor me habían enviado redujera el enorme territorio a sectores más manejables. El problema con los todoterrenos implicaba que estábamos malgastando tiempo.
El correo electrónico que David había enviado era largo, pero incluía mapas que se habían marcado con las coordenadas y límites de las propiedades.
Todas estaban alejadas de ciudades, lo que era bueno porque la población local no se vería implicada; pero era malo en el sentido de que las vías de acceso no estarían bien mantenidas.
Preparé la impresora para sacar varias copias y llevé el primer juego a Annie.
—Estas son algunas de las propiedades de Weaver —dije—. Dales prioridad, utilízalas como puntos centrales para los patrones de búsqueda.
—Entendido —dijo—. Podemos enviar algunos todoterrenos de vuelta a Roosevelt sólo con un conductor para buscar a los equipos que están allí y enviarlos a estas localizaciones más al oeste.
—Trazó un círculo para las cinco propiedades más lejanas—.
Si en cualquier parte del camino encuentran vehículos adecuados para alquilar, el conductor los deja y vuelve.
—Bien.
Unos cuantos lobos de Nuevo México y El Paso llegaron en coche justo cuando volvía a entrar en la casa para buscar más mapas.
Dudé, pero me obligué a seguir adelante.
Quería darles la bienvenida. Maldita sea, quería salir y correr con ellos. Pero lo más útil que podía hacer en ese momento era dirigir la búsqueda, y tenía que estar aquí para coordinar los próximos pasos con Félix, Cameron y Skylur si… « cuando » encontráramos a Weaver.
Puse el siguiente juego de mapas en manos de Kane.
—Vuela hasta Salt Lake, sobrevolando estas propiedades por el camino —dije—.
Confirma si hay cantidades de tráfico inusual, señales de calor anormales y cosas así, pero no sobrevueles en círculos.
Annie hará algunas llamadas mientras esté volando y si hay todoterrenos para alquilar por la zona, puedes enviar a algunas tropas de Roosevelt a buscarlos.
Luego te pararás en Roosevelt en tu camino de vuelta y te aseguras de recargar los tanques.
Si necesitamos ir a algún sitio a toda velocidad, utilizaremos el Arapaho.
—Entendido. —Fue a paso ligero hasta el helicóptero.
Annie y yo distribuimos el resto de los mapas y el grupo empezó a dividirse en equipos.
Estábamos avanzando, pero demasiado lento.
De nuevo en el interior, tenía un correo de Abel Mathis, el alfa de Rock Springs. Enviaba más lobos para ayudarnos y me pedía que le llamase para hablar sobre los terrenos de la manada en el bosque de Ashly.
Eso era importante.
—Imagino que era demasiado esperar que la manada de Salt Lake no utilizase el bosque como parte de su territorio —le dije.
—Somos civilizados —dijo—. Ambos corremos por allí y nos organizamos para llevarnos bien.
He llamado al Alfa y dice que no tienen nada planeado, pero habrá algunos lobos por ahí fuera de todas formas.
Es mejor que cojas a mis chicos de Rock Springs y te asegures de llevar un par con cada equipo que tengas patrullando, especialmente con los lobos de Nuevo México o El Paso.
Salt Lake reconocerá a Denver, pero no a los demás.
—Así lo haremos, gracias, Abel.
—Otra cosa: casi todos mis chicos llegarán con sus camionetas con bastante espacio disponible. —Se rio—. Conociendo la zona, supongo que habéis colapsado la oferta local de alquiler de vehículos.
—Has acertado.
Sentí una oleada de gratitud por su apoyo y su valioso conocimiento de la escena licántropa local. Todo eso sin saber exactamente lo que estaba ocurriendo.
—Mis chicos llegarán en cualquier momento —dijo.
—Muchas gracias, de nuevo. Siento que todo esto tenga que ser tan secreto, pero es muy importante. Cuando tenga la autorización te lo explicaré todo.
Hubo un segundo de silencio.
—Lo aprecio mucho, Amber, pero tienes que saber…
—Había dudado un momento al decir mi nombre, como si le diera vergüenza—.
La manada de Denver expulsó a la Confederación cuando nos rodearon.
Y, en cuanto a ti… bueno, mi hermano pequeño estaba en ese ritual de Bitter Hooks.
—Su voz se volvió un susurro—. Para ser justos, la manada de Rock Springs no es gran cosa, pero si nos llamas, iremos.
Terminamos la conversación. Me sequé los ojos y salí de la casa con más mapas. Annie y Nathan estaban ordenando aquel caos. Les informé de la conversación con Rock Springs.
Nathan parecía más contento.
—Cuando llegue Rock Springs, tendremos suficientes vehículos para transportar a todo el mundo a donde tiene que ir.
Annie me entregó los auriculares principales de TacNet.
—Tu indicativo es Alfa 6 —dijo—. Yo soy Hotel 6. Voy a reorganizar los equipos y objetivos según los miembros de Rock Springs y los todoterrenos. Te daré una copia cuando haya terminado.
Los dos se fueron corriendo y el grupo empezó a agitarse mientras se difundían las nuevas instrucciones.
Había tensión en el ambiente, pero también emoción, y una Llamada.
¡Correr! ¡Cazar!