Capítulo 64 #2
No le gustaba, pero sabía que tenía razón.
Esto era igual que boxear en el gimnasio; mientras él estaba desequilibrado, aproveché mi ventaja
—Por eso he llamado a Alex y le he dicho que me reuniría contigo aquí.
Debería llegar en cualquier momento. Al final del día, habréis llegado a un acuerdo para trasladar a White Sands mientras que se mudan los antiguos de El Paso.
Pueden intercambiar casas, traspasar negocios.
Menos líos, menos desperdicio, más eficacia.
Estarás disponible para preocuparte de cosas más importantes. Todos salimos ganando.
Zane gruñó, esta vez tan alto, como para que alguien que caminaba por la terminal tropezara y mirara a su alrededor en búsqueda del perro rabioso.
La reacción de Alex no fue tan diferente cuando le llamé de camino aquí, pero le convencí.
Al final, me había dado la dirección de la casa de manada en Vernal.
Estuvo de acuerdo en pedir a la manada de Denver que estaba en la zona que patrullase en busca del escondite de Weaver.
También prometió enviar a veinticinco hombres lobo de confianza de El Paso para ayudar…
y les ordenaría coordinarse con los miembros de la manada de Nuevo México que Zane iba a enviarme.
« Si consigues a alguno » , había dicho.
Irónico cabronazo. Bueno, en este aspecto me había ido bien.
Mientras tanto, Alex había llegado. Podía decir que estaba fuera y que no había ningún problema con los sensores lobunos de Zane.
Saltó del asiento.
—Sólo es Alex —dije—. Los dos sois alfas, pero también sois lugartenientes en igualdad de condiciones en la manada fusionada. No hay razones para gruñirse el uno al otro. Tenías que verle en algún momento y quería que fuera mientras yo estaba aquí en El Paso.
Alex entró acechando por las puertas, con ese andar de piernas rígidas que todos los alfas masculinos parecían utilizar ante sus posibles rivales.
Había moderado su dominación, no completamente pero tampoco desafiaba. Era lo máximo que podía pedirle.
Zane también luchaba por reducir su dominación, como si eso fuera a ahogarle.
Nos encontramos a medio camino.
El Paso y sus alrededores eran, temporalmente, territorio de Alex. Zane pensaba con la suficiente claridad como para reconocerlo, y habló primero.
—Deauville, hola —dijo, y ofreció su mano.
—Quivira —contestó Alex y se dieron un breve apretón de manos—. Bienvenido a El Paso.
« Vaya, había tenido que esforzarse para decir eso. »
—Genial —dije, y les ofrecí una gran sonrisa a ambos—. En nada, nos llamaremos todos por nuestros nombres.
Eso provocó un ligero gruñido en ambos, acompañado de algún tic en los labios.
Al final, no fue tan mal. Tanto Alex como Zane tenían un trabajo que hacer y yo tenía razón: lo estaban haciendo mal. Dejar a Alex a cargo de traspasar la manada de White Sands a El Paso directamente era mucho mejor.
Una hora más tarde, decidí que no se iban a atacar sin mi presencia, así que empecé a prepararme para dar una excusa y marcharme.
Alex recibió una llamada que tenía que contestar y me dejó con Zane un momento.
Zane no había dicho nada sobre nosotros y era demasiado orgulloso para empezar.
—Dime, guapo, ¿qué piensas de nosotros? —pregunté—. Tú y yo.
—Que tenemos algunos asuntos pendientes —dijo.
—¿De verdad? —Me reí. Le miré como le habría mirado Bian, y me pasé los dedos perezosamente por el pelo. Valió la pena sólo por el efecto que causó en su corazón—. Supongo que cuando me vaya, cariño, una de las cosas de las que vais a hablar es lo que ocurrió en el almacén antes del desafío.
A Zane se le salieron los ojos de las órbitas. No era lo que se esperaba.
Continué.
—Alex te dirá que no estaba en mis cabales. Estaba bajo la influencia de un hechizo maligno de un Adepto.
—¿Y lo estabas? —Me miró seriamente.
—Un poco. —No podía evitar burlarme de él—. Pero escúchame, si yo fuera una licántropa pura, estaría emparejada con mi alfa. Tú y yo no estaríamos teniendo esta conversación, y yo no tendría malos pensamientos sobre ti.
Sus fosas nasales se dilataron. Si fuera un toro, estaría pateando el suelo.
—Pero soy una híbrida, y mi lado serpiente hace las cosas de un modo diferente. La serpiente en mi interior me dice que tener dos alfas en mi cama sería espectacular.
Zane no podía saber si iba de farol o no.
Él quería que fuera verdad y lo deseaba tanto que estaba analizando todas y cada una de las razones por las que podría estar tomándole el pelo.
Le daba demasiadas vueltas. El mismo tipo de error que cometía jugando a las cartas.
No podía olvidar que le había ganado al póker y la sospecha de que lo había hecho con una buena jugada le carcomía por dentro.
—Claro, guapo. —Mi voz se volvió ronca y no estaba fingiendo—. Si quieres meterte en mis bragas, tienes que meterte en mi cama. Para meterte en mi cama, tienes que conseguir una invitación de mi marido.
—Mierda, ¡como si pudiera conseguir eso!
—Tú no lo sabes, pero te voy a decir lo que pasará de cualquier otra forma. Nada. La forma en la que vosotros dos trabajéis juntos a partir de ahora, determinará el futuro.
Alex estaba volviendo. Me levanté.
—Entonces, además de los veinticinco de El Paso; setenta y cinco lobos de Nuevo México, con sus colas en alto, llamarán a mi puerta en Vernal mañana a las siete de la mañana. Y te amaré para siempre.
Besé a Zane en la frente.
—Os dejo solos a los dos, estoy así de loca —dije.
Besé a Alex. En la boca. No fue ni tan largo ni tan apasionado como hubiera querido, pero lo suficiente para que a todo el mundo se le acelerase el corazón.
Estaba siendo mala y mi Athanate estaba disfrutando tanto de esto.