El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 64
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Capítulo 64

Zane estaba esperando en la pequeña y sencilla terminal de Doña Ana cuando aterrizamos.

En cierta forma, estaba esperando que hubiera traído a la submanada local para que posara a su lado, pero no lo hizo.

Puede que no quisiera tener testigos. Ni siquiera había traído a sus colegas de Albuquerque, Jaz y Bode.

Estaba solo, llevaba unos pantalones militares de color kaki, una camiseta ajustada y una chaqueta de cuero marrón.

Estaba sentado en uno de los asientos como si le diera absolutamente igual que yo estuviera allí.

También soltó su dominación, pero por desgracia para la imagen que estaba intentando proyectar, había cierta sutileza en ello, como si estuviera escondiendo lo que realmente sentía.

También intentaba fruncir el ceño, para mostrarme lo enfadado que estaba, pero no podía esconder que sus ojos marrones y verdes me estaban devorando.

Tenía buen aspecto, aunque esa no era la perspectiva que yo debía adoptar, teniendo en cuenta lo que había planeado.

Y mi loba salió a jugar, resistiendo a su dominación para ver lo que hacía.

« Oh, mierda, para esto. »

Me senté a su lado. Yelena empezó a deambular por la terminal, sin perderme de vista, pero dándonos espacio.

Nuestros hombros se tocaron. Yo era muy consciente del calor que desprendía su cuerpo y también de que él percibía lo mismo.

Este hombre no iba a dar el primer paso. Seguía mirando al horizonte, con su rostro orgulloso y decidido.

« Frente a un oponente preparado, sé astuta. Haz lo inesperado. Toma control de la pelea. »

Estaba segura de que mi instructor de Ops 4-10, Ben-Jaim, no se refería a este tipo de pelea, pero valía la pena considerar su consejo.

Y a ese consejo, le añadiría la advertencia que Dominé me había dado justo antes de conocer a Zane: « No seas una presa » .

Me incliné, aparté el pelo oscuro de Zane, le besé en la mejilla y saqué mis colmillos de Athanate.

—¡Mierda! —dijo, retorciéndose. Su voz, que solía ser grave, se había vuelto ronca como la de un cuervo.

Un punto para mí.

—¡Bruja! —me maldijo.

—Sí, lo sé —le contesté—. Culpa mía hacer que el pobre Zane se vuelva loco. El tema es, mi corazón, que en realidad soy una bruja.

Resopló, y sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo.

—Una bruja, supongo que tiene sentido. ¿Es así como haces los rituales de los escorchados?

Asentí.

—¿Una bruja, además de un lobo y una serpiente?

Habría preferido que no utilizara el apodo « serpiente » para referirse al Athanate, pero asentí de nuevo.

—¿Entonces? —dijo, echándose hacia atrás.

—¿No tienes un poco de miedo, guapo?

—No.

Estaba escuchando los latidos de su corazón e inhalaba su aroma. No mentía. Estaba más excitado que cuando me senté a su lado. También le había gustado que le llamase guapo.

—Necesito… —A pesar de todo, no pude evitar una risita y alargué la frase. Mi voz había bajado un tono—. Necesito un favor.

Asintió de nuevo y luchó por recuperar su tono de voz habitual. Informal y controlado.

—No me escribes, no llamas. No contestas al puto teléfono. Vuelas hasta el sur, ¿y es porque necesitas algo que sólo yo puedo darte? ¿Debería sorprenderme?

Me mordí el labio para no decirle que « no era una sorpresa lo que tenía en sus pantalones » .

En cambio, dije:

—Es difícil de explicar.

—Inténtalo.

Dejó de fruncir el ceño y se centró en las palabras.

—Una mujer ha sido secuestrada, tengo que rescatarla —dije—. Se trata de política de los Adeptos…

—Poder, quieres decir. Y cuando la gente que está en el poder necesita rescatar a alguien, te envían a ti, como te enviaron a Albuquerque la última vez para hablar con los hombres lobo locos.

—No me enviaron y, de todos modos, mira lo que ocurrió.

—¡Sí, viniste sin tener ni puta idea de la situación en Nuevo México! Casi revientas el estado, casi haces que nos maten, casi te mata un Athanate renegado, nos metiste en una guerra con la Confederación…

—Rescaté a la persona que había ido a rescatar, y a un par más, tendí una trampa a los renegados, conseguí que Cameron y Félix acabasen juntos en la cama y también ayudé a un escorchado a transformarse.

La Confederación ya estaba en guerra con vosotros, a menos que fuerais a rendiros; cosa que dudo.

Y también sirvió para que nos conociéramos. Todo salió bien.

Me lanzó una mirada sombría antes de hablar.

—¿De qué loca estupidez se trata esta vez? Venga, dime que está retenida en terreno de la Confederación o algo así.

Hice una mueca.

—¡Joder! Tengo razón, ¿verdad? Quieres algunos lobos para ir a atacar a la manada de Wind River o algo así.

—No, no es tan malo. Creemos que la tienen retenida en el Bosque Nacional de Ashley.

Se encogió de hombros; no sabía dónde quedaba.

—La zona salvaje donde se unen Colorado, Wyoming y Utah.

Miró al techo.

—Así, no sólo vamos a llamar a la puerta de la Confederación, sino que también vamos a mearnos en el terreno neutral de los vecinos en Salt Lake. No, la respuesta es no, Amber.

—Escúchame, por favor. Esto es muy importante.

No dije: « Ayúdame, Obi-wan Zane-obi, eres mi única esperanza.

No, no iba a decir eso. Aunque pudiera ser verdad. »

—Si está demasiado cerca del territorio de Wind River o si la manada de Salt Lake se pone quisquillosa, nos retiramos a menos que Félix y Cameron nos den luz verde…

—Lo que no harán hasta que estén preparados —interrumpió— y convencidos de que esto vale la pena para ellos. Así que, dime, ¿vale la pena?

Llevar a Kaothos de vuelta a Tullah valía la pena para los hombres lobo, pero no podía explicarle el motivo todavía.

—Sí —dije, y lo dejé así—. Primero tenemos que saber exactamente dónde está, y no puedo conseguir suficientes lobos disponibles de la manada de Denver. Llevaría semanas llevar a mi nueva manada de El Paso a Colorado. Tampoco consigo reunir suficientes Athanate.

—¿Y qué hay de los Adeptos? ¿No hay ninguno que quiera ayudar?

—Un puñado, pero no es suficiente. Y, de todas formas, son mejores en combate defensivo.

—Así que vienes aquí a preguntarle a los locos de Nuevo México que no tienen nada mejor que hacer.

—Además de instalar una nueva manada en El Paso, ¿qué más tienes entre manos?

—La manada de Sonora está avanzando hacia Arizona —dijo, con un movimiento de mandíbula—, y la manada de Tucson son nuestros aliados. Les estamos ayudando.

—¿Y eso os ocupa muchos recursos?

Estaba mintiendo. Hace un año, las manadas de Nuevo México mantenían a todos fuera de su territorio, sólo con su reputación de ser unos locos letales. La manada de Denver al norte, Tucson al oeste, El Paso al sur, y Amarillo al este. Puede que también las manadas mexicanas.

Ahora, todas esas manadas de Estados Unidos estaban aliadas en la Liga del Sur. Eso tenía que haber liberado a muchos soldados rasos.

—Sí, bueno —aceptó—. Vamos a imaginar, en teoría, que te ayudamos a encontrar a esa mujer secuestrada, y no está en el territorio de la manada de Salt Lake o River Wind.

¿Entonces qué? ¿Quieres que mis lobos ataquen?

¿A qué nos estaremos enfrentando? ¿Una mezcla de Athanate, Adeptos y hombres lobo como en Carson Park? ¿Armas? ¿Magia?

—No sabremos mucho hasta que no averigüemos dónde están, y no me voy a lanzar a una confrontación sin que todos los jefes estén de acuerdo.

—¿Sólo vamos a buscar la ubicación?

—Excepto si los jefes deciden otra cosa.

« O los eventos nos sobrepasan. »

—¿Con quién has hablado?

—Skylur, Alex… Todavía no he hablado con Félix y Cameron… a no ser que creas que es necesario.

« Los chicos grandes como tú no necesitan hablar con los jefes. »

—No intentes esas tonterías de psicología de mierda conmigo —dijo.

—Vale, lo siento. Pero digamos que, en teoría, me prestas un centenar de hombres lobo

—Ni lo sueñes.

—Setenta y cinco.

Entrecerró los ojos y le tembló la mandíbula antes de hablar.

—Quizá.

« Quizá » estaba bien. « Quizá » ya era la mitad del camino.

Y a pesar de lo que había dicho Alex, Zane no iba a preguntarme qué iba a conseguir a cambio. O era lo suficientemente arrogante para creer que lo conseguiría de todas formas, o suficientemente inteligente para no decírmelo directamente.

—¿Podrías llevarlos mañana a la ciudad de Vernal y que estuvieran preparados para pasar varios días en plena naturaleza?

—¡Joder! No sólo te llevas a mi mejor lugarteniente y me enchufas este trabajo de trasladar a la manada de White Sands a El Paso, sino que también quieres que reúna a setenta y cinco hombres lobo y los envíe a la otra punta de Colorado, y quieres que se haga esta noche. Por cierto, ¿quién paga todo esto?

Estaba dispuesto a discutir los detalles.

—Envíame la factura.

Skylur había dicho « todo lo que necesites para esto, excepto más Athanate » . El transporte de hombres lobo que iban a echar una mano entraría en ese concepto.

—En cuanto a tu lugarteniente, Rita —continué—. Me ha dicho que se presentó voluntaria y que fue Cameron quien planteó la opción. Y, por último, cariño, te puedo ayudar con el tema de White Sands.

—Ah, ¿sí?

—Sí, en lugar de ir a escondidas por El Paso, como si estuvieras planeando invadir territorio enemigo, pásale el trabajo a Alex.

Ahora somos una única manada, ¿lo recuerdas?

Las palabras de Cameron fueron: « una manada, Nuevo México y Colorado » .

Alex tiene que estar por aquí debajo de todos modos, así que, ¿por qué haría falta que estuvierais los dos?

Frunció el ceño. No lo rechazó, y su mueca mostraba lo descontento que estaba por no haber pensado en eso antes.

—¿Por qué querría trabajar con Alex?

—Porque los jefes han dicho que tienes que hacerlo, y me designaron para asegurarse que así sea.

Gruñó. Eso era lo que Félix había dicho: «para garantizar que las dos partes de las manadas trabajen en coordinación y sin fricciones, nombramos a Amber Farrell como enlace » .

—Corazón, lo último que necesito es estar haciendo viajes entre vosotros dos, traduciendo vuestros gruñidos a un lenguaje diplomático que no os haga explotar. Ninguno de nosotros tiene tiempo para eso, y debilitaría la defensa contra la Confederación.