El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 61
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Capítulo 61

De vuelta en el Hill Bitch, era el momento para intentar llamar a Alex otra vez. Necesitaba a gente en el terreno para buscar a Tullah. O lobos. Los lobos serían mucho mejor.

Utilizaría a mi manada como parte de su entrenamiento, pero no serían suficientes.

Estaba la manada de Denver y yo tenía cierta posición en ella, pero no lo suficientemente alta para dar órdenes a los otros grupos.

De todas formas, Alex tenía esa autoridad y sabía lo de Diana y Kaothos, así que entendería la situación.

Descolgaron el teléfono, pero no era Alex. Era una mujer.

Casi pude oír cómo tragaba saliva al escuchar mi gruñido.

—Te paso con el alfa —dijo.

Podía oír voces de fondo. Así que o estaba en alguna reunión con la manada… o en una orgía.

« No seas hipócrita », me dije a mí misma.

Me pregunté si le había llegado algún rumor sobre Zane y yo. Y cómo iba a gestionar eso.

—Amber. —La voz de Alex me cautivó, como solía hacerlo muchas veces, y me provocó escalofríos por todo el cuerpo.

A pesar de la culpabilidad, no pude evitarlo.

—¿Quién era esa mujer?

—Alguien de la manada, responsable de contestar a mi teléfono porque todo el mundo quiere hablar conmigo.

Se estaba riendo, así que lo dejé como estaba.

« Negocios, chica, habla de negocios. »

—Necesito algunos miembros de la manada de Denver —dije—. Puedo darte los motivos, pero tienes que estar fuera del alcance de otros oídos.

—Espera —dijo. Le escuché decirle a los demás que iba a hablar conmigo fuera y las bromas subidas de tono con las que le contestaron.

—Vale, estoy lejos. Dispara.

Le expliqué todo, mientras él iba gruñendo y murmurando sobre los problemas que esto creaba.

—Entonces, ¿esta cosa de la materialización parece que fue hacia el norte de San Juan cuando secuestraron a Tullah?

Hacia ese lado hay mucho terreno de Colorado por cubrir.

Hay grupos de la manada en Grand Junction y pueblos como Steamboat.

Tenemos patrullas para controlar las fronteras, que podrían utilizarse para la búsqueda, si se les puede decir lo que tienen que buscar.

Los lobos podían oler a una persona a través de una ciudad, si estaban concentrados. Podría darles ropa de Tullah. Si Alex se lo ordenada, no tendría que explicar nada sobre Kaothos, sólo que Tullah había sido secuestrada y que había que rescatarla.

—¿Dónde están exactamente las fronteras de la manada en este momento?

—pregunté. Eso era otro problema. Las fronteras de la manada de Denver siempre habían sido difusas.

Ahora que éramos parte de la Liga del Sur y que estábamos en conflicto abierto con la Confederación de las Montañas Centrales « difusas » ya no era aceptable.

Alex soltó un suspiro.

—Weaver no tiene que llevarla muy lejos dentro de Wyoming para que quede fuera de nuestro alcance —dijo—. Cualquier manada de Denver que pase la I-80 está provocando a la manada de Wind River.

Tracé una línea en mi mente entre Rock Springs y Cheyenne que era la carretera interestatal. No estaba muy lejos dentro de Wyoming. Tanto la manada de Rock Springs como la de Cheyenne formaban parte de la Liga del Sur, pero no eran muy fuertes y sus territorios eran pequeños.

—¿Y hacia el oeste? ¿Salt Lake?

—No. —Alex descartó eso—. Salt Lake, el oeste de Utah y buena parte de Nevada no están oficialmente alineados. No queremos hacer nada que les acerque a la Confederación. Si necesitamos ir allí, necesitaremos a Félix y Cameron en esto. Y tendrán que saber las razones.

—Lo que quiere decir que Skylur tendrá que estar dispuesto a informarles.

—Sí, como si eso fuera a pasar pronto. —Podía ver a Alex frunciendo el ceño—. Incluso con esos límites, sigue siendo mucho territorio, Amber. No tenemos suficientes lobos.

—He pedido a mis Adeptos que hagan un hechizo para reducir el espacio de búsqueda.

—¿Cuánto? —dijo Alex—. Incluso si pudieras reducirlo a un condado como Moffat, siguen siendo más de once mil kilómetros cuadrados. Podemos cubrir las ciudades, carreteras principales, vías férreas. El campo… ya es otra cosa.

Nos quedamos en silencio un momento.

—Podrías pedirle ayuda a Zane —dijo, y mi corazón se paró.

¿Había escuchado los rumores? ¿Era algún tipo de prueba para ver lo que decía?

Me di una patada mental. No era el estilo de Alex.

Y lo que era más importante, dar evasivas tampoco era mi estilo.

Y llevaba su anillo.

Preferiría haber hecho esto cara a cara, pero no podía permitirme ese lujo.

—Sí, bueno, sobre él… —dije—. Él me… Nos besamos apasionadamente en el almacén, justo antes del desafío. Es normal que haya rumores…

—Pia me llamó y me explicó lo del hechizo que Weaver te había lanzado —dijo Alex—. No es culpa tuya.

—Tampoco es culpa de Zane —dije.

Alex sólo resopló.

Podía sentir que estaba enfadado, pero no conmigo. No me había dado cuenta de lo mucho que me preocupaba ese tema, así que sentí una oleada de alivio tras su reacción.

—Te cubro las espaldas —dijo.

—Y yo te cubro las tuyas. Te quiero.

—Sí, lo sé, soy adorable.

—Tonto.

Nos reímos en voz baja. Me sentía bien, aunque estuviéramos a más de ochocientos kilómetros de distancia.

—Tengo noticias familiares —dije—. Tu cuñada está embarazada.

—Oh, mierda.

—Eso mismo he dicho yo. Ahora están en casa de David, es complicado… pero puede que funcione.

—Bueno, me alegro de oír eso, pero no me refería sólo a eso. Si la investigación que hicimos sobre la maldición de la familia Farrell era correcta…

Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago. ¿Cómo podía haberlo olvidado?

—Es su primogénito… el bebé morirá —dije—. No, no, eso no va a pasar.

Tiene que haber algo que pueda hacer. Algún tipo de defensa.

¿Esconder a Kath en la mazmorra de Haven?

¿Y si la maldición no necesitaba llegar hasta ella y tocarla? ¿Y si ya estaba dentro de ella? ¿O dentro de mí?

Podía oír los ruidos de fondo cerca de Alex, pero tenía una última y difícil pregunta.

—¿Sería aceptable que le pidiera un favor a Zane? Me refiero desde un punto de vista político de alfa y todo eso.

—Esperará algún favor a cambio, lo que no tiene nada que ver con las políticas alfa. Puedo gestionar las políticas alfa. Espera un momento.

Alguien le estaba hablando a Alex sobre uno de los negocios de manada que quería aceptar nuevos pedidos y cambiar la fecha de salida programada.

—Tengo que irme —dijo Alex rápidamente—. Llama a Zane, siempre puede decir que no. No aceptes ninguna mierda de su parte. De cualquier forma, trae a Tullah de vuelta y deja que yo me preocupe por los rumores. Te quiero. Adiós.

Yelena afirmó con la cabeza cuando colgué el teléfono.

—Es lo que tú me dices de tu época como soldado —dijo—. David, Alex, Jen. Confía en la gente de tu equipo para que sean lo suficientemente buenos en su trabajo. Y tú concéntrate en el tuyo.

Había escuchado lo que había dicho, sólo intentaba distraerme.

—¿Supongo que hay un antiguo proverbio ucraniano sobre eso? —pregunté.

—Oh, claro. Si corres detrás de dos liebres no atraparás a ninguna.

—Eso no es ucraniano. Bueno, puede que lo sea, pero también lo decimos en América.

—¿En serio? Entonces, los ucranianos no somos los únicos inteligentes.

De regreso en Haven, informé a Bian de lo que estaba pasando y fui a ver a Mykayla y Tove, que estaban en la mazmorra con Diana.

Las dos estaban bien, aunque somnolientas.

Tove se despertó un momento para darme un abrazo. Por su aroma, pude deducir que Rita había bajado a ver cómo estaba.

Mykayla también quería un abrazo, fingió aullar, hizo algún chiste sobre hombres lobo y su resistencia sexual, y luego se dejó caer en la cama y se durmió en diez segundos.

Las dejé con Diana y subí en el ascensor. Era hora de que mis Adeptos intentaran su localización a larga distancia.

No, no que lo intentaran. Que lo consiguieran. No nos podíamos permitir nada más.