Capítulo 60
Cuando recuperé mi móvil de manos de Yelena, encontré el mensaje de David, tan críptico como específico: « No hables con tu familia. Ven a mi casa lo antes posible » .
Primero, subí a Gabrielle desde la mazmorra y la instalé en una habitación con Flint, Kane y Alice. Les amenacé con no dejarles salir a menos que encontrasen una fórmula para que los cuatro pudieran realizar una localización segura y encubierta para encontrar a Tullah. Les di un par de horas.
Luego Yelena me llevó a casa de David en Wash Park mientras yo iba devolviendo algunas llamadas.
Me salió el contestador de Alex. Zane no respondió.
Jen contestó. Estaba entre dos reuniones, cansada y de mal humor. No estaba enfadada conmigo. No, conmigo estaba cansada y cariñosa. Lo que la sacó de quicio fue cuando le hablé de los intentos de mi madre por hablar conmigo por teléfono.
—Empiezo a estar harta de ella —soltó.
—¿Eh? —Mi respuesta fue corta y poco inteligente.
—Mira, querida, lo siento, pero Alex y yo lo hemos estado echando a suertes para decidir quién te lo decía, e imagino que me ha tocado a mí.
—¿Decirme qué?
—Los dos pensamos que tu madre es un grano en el culo.
—Aaah…
—Siempre que algo va mal, tú tienes que solucionarlo. Es peor que Skylur, y ya es decir. Nada de lo que haces es suficiente. Y mientras tanto Kathleen tiene barra libre.
—Oh, eso no es…
—Confía en mí, querida, todos pensamos lo mismo. Alex y yo sonreiremos y seremos amables, y nunca te causaremos problemas ante ella, pero teníamos que decírtelo en algún momento. Kathleen necesita ayuda. Vale, dásela. Haz lo que sabes que es bueno para ella, no lo que tu madre dice que necesita.
—No sé qué decir.
—Piénsalo. Me están llamando para la siguiente reunión, querida. Lo siento, tengo que irme. Te quiero.
—Te quiero —le contesté, y la línea se cortó.
Yelena había escuchado todo.
—Tiene razón —dijo, y agitó la mano—. Más o menos, no del todo, pero un poco.
—Es una sorpresa —dije—. No me había dado cuenta.
Podía haber usado mi eukori para espiar a mi marido y mi mujer, y entonces lo habría sabido, pero no iba a utilizar esa opción.
Y sí, imaginaba que mamá podía ser difícil de gestionar. Desde el exterior podría no tener buena pinta.
El mensaje de David parecía cobrar más importancia. « No hables con tu familia » .
Por suerte, ya casi habíamos llegado a Wash Park y un par de calles más tarde, Yelena aparcó delante de la casa de David.
El jardín estaba cubierto de nieve y debía de haber bajado aquí para meter las plantas en el interior, porque el patio estaba vacío. Había luces en el interior y él nos estaba esperando en la puerta, incluso antes de que hubiéramos tenido tiempo de llamar.
—Entrad —dijo.
Taylor, el prometido de Kath, estaba dentro.
—Siento todo este caos —dijo nervioso mientras se estrujaba las manos—. Lo ordenaré lo antes posible.
El « caos » eran maletas y bolsas de plástico con ropa. El tipo de cosas que tienes cuando alguien tiene que mudarse a toda prisa.
David y Taylor intercambiaron una mirada, luego Taylor cogió una de las maletas y desapareció en una habitación.
—¿Dónde está Kath? —pregunté ansiosa—. ¿Qué está pasando?
—Kath está bien, está dormida. —David nos llevó a la cocina—. Siéntate.
Me senté en el taburete al lado de la barra y me sirvió una taza de café.
—Kath está embarazada —dijo sin rodeos—. Ella y Taylor han sido despedidos de su empresa, y parece ser que en su contrato de alquiler había una cláusula sobre continuidad del empleo.
—¡Oh, mierda!
Casi me caí del taburete. ¿Kath, embarazada? Me invadió una avalancha de miedos. Una alcohólica que iba a tener un bebé. Una desempleada, alcohólica sin techo, posiblemente a punto de romper con su prometido.
Todo pasaba en el mismo momento en el que tenía que concentrarme en encontrar a Tullah, Tara y Hana.
Me contuve antes de que mi boca soltara una reacción inapropiada. Nadie me dijo que la vida tenía que ser justa. Sólo pasaba, y tú debías encontrar una forma de gestionarlo.
Tenía la impresión de que había algo más.
Respiré profundamente varias veces.
David irradiaba calma y confiaba en él.
Tomé un sorbo del excelente café.
—Bien —dije—. Estoy lista. Dime qué más está pasando.
—Primero, déjame decirte algo. Creo que esto podría ser algo bueno para Kath. Taylor dice que es el golpe de efecto que necesitaban.
—¿Necesitaban? Puedo entender en efecto en Kath.
—Según Taylor, él ha estado actuando como una especie de amortiguador, aislando a Kath de los problemas.
—Se encogió de hombros—. No ha sido capaz de aislarla de esta situación y esto les ha hecho darse cuenta de todo lo que él había estado haciendo.
Según él, no son tan estúpidos como han podido parecer.
Fruncí el ceño. Esperaba que eso fuera lo que iba a pasar.
David continuó.
—Tu madre está molesta. Quiere que Kath se mude a la casa de Aurora y está hablando con Kath sobre las diferentes opciones teniendo en cuenta que no están casados y…
—¡Nadie va a presionar a Kath!
Me sorprendí por la intensidad de mi reacción. Ni siquiera había pensado en eso, así que mi respuesta salió sin filtros.
David asintió.
—De acuerdo. Les he dicho a ambos que acepten la oferta de Jen de trabajar para ella en temas de contratos legales. Se pueden quedar aquí pagando un alquiler simbólico. —Hizo un gesto mostrando la casa—. Alguien tiene que cuidar la casa y yo no tengo tiempo.
—Gracias. —Me acerqué y le apreté la mano—. Gracias desde el fondo de mi corazón. ¿Estás completamente seguro?
—Claro.
Podía ver que todavía no había terminado.
—¿Qué más?
—Bueno, tenemos un problema con Tamanny quedándose en Manassah. Tarde o temprano va a ver algo que no debería ver.
Tenía razón. Con tantos cuellos mordidos y Scott trotando por ahí a cuatro patas, sin mencionar la frecuencia sexual de algunos habitantes, algo lamentable podría suceder.
—Sí…
—Creo que debería mudarse aquí.
Hoy, las sorpresas llegaban una detrás de otra. Parpadeé.
De hecho…
—¿Qué piensan ellos sobre eso? —Podía imaginar la reacción de Kath cuando le dijeran que tenía que hacer de canguro, aunque Tammany sea una adolescente relativamente madura. Tampoco es que Taylor fuera ese tipo de hombre, por lo que había visto.
David sonrió.
—Les gusta la idea.
—Quieres decir que… —Paré de hablar y bajé el tono de mi voz hasta que fuera sólo un susurro—. ¿Quieres decir que han aceptado porque es un buen trato?
—No —dijo David—. Los he presentado, y se han gustado. Tamanny piensa que el hecho de que Kath tenga un bebé es, palabras textuales, « lo más guay » . Además, buenas noticias, la nueva mejor amiga de Tamanny, se muda a Wash Park, a sólo un par de calles de aquí.
—¿Mejor amiga como Emily Schumacher?
Me había estado preocupando por los Schumacher durante mucho tiempo.
No es que fuera a menudo a visitarles, pero estaban relacionados conmigo y Emily ya había sido secuestrada una vez por las tropas de Peterson.
Tuvimos que borrar eso de su memoria. Por suerte, no parecía haberle causado ningún efecto duradero.
Puede que sólo fuera una ilusión, pero al tenerles a unos minutos de distancia de Manassah me hacía sentir mejor que estuvieran en el centro.
—Sí, Emily —confirmó David—. Has estado un poco distraída últimamente o te habrías dado cuenta de lo mucho que significa esto para Tamanny.
Una casita, una familia, un bebé en camino, una amiga cerca y el instituto.
Es el paraíso para ella. Después de toda esa mierda en Los Angeles, se muere por un poco de normalidad. Lo necesita.
Ahora que me lo decía, podía verlo perfectamente. Lo último que Tamanny necesitaba era vivir en Manassah. Por otro lado, estaba asociada conmigo y eso significaba que tenía que estar cerca nuestro por su propia seguridad.
David continuó.
—Si están aquí en Wash Park podemos vigilarlos a todos fácilmente. De hecho, he sugerido comprar otra casa cercana e instalar a una de las parejas de Ops 4-10 aquí.
—Si nos asignan a alguno de ellos —dije, intentando mantener los pies en el suelo—. La decisión es de Skylur. Pero lo hagamos o no, muchas gracias, David.
—Sólo pongo mi granito de arena —dijo, con una pequeña sonrisa mientras se encogía de hombros—.
Ya sabes. Dime que estoy metiendo las narices donde no me importa, pero creo que la forma de llegar hasta Kath es a través de Taylor.
Por muy mal que se hayan puesto las cosas entre ellos, ella parece confiar ciegamente en su criterio.
Resoplé.
—¿Y qué tiene eso de bueno? Sé que Kath es irracional, pero como mínimo es el tipo de irracionalidad que puedo predecir. No sé nada se Taylor, excepto que le gusta la vida nocturna lujosa, como ir al ballet.
—Ya ves, ya tienes un gancho. Está muy a favor de Jen por su patronazgo del ballet de Denver y, además, Kath ya no es tan negativa respecto a Jen.
Parecía que mi Casa había empezado a encontrar una solución para Kath.
Y Taylor. Tendría que empezar a pensar en ellos como una pareja de verdad.
—¿Algo más que hayas averiguado sobre él?
David se encogió de hombros.
—Es un cerebrito del derecho mercantil. Del tipo que puede desentrañar los acuerdos empresariales y las operaciones financieras y decirte exactamente en qué armario esconden los cadáveres.
—Mmm…
Me quedé absorta intentando visualizar a Taylor como un activo en lugar de un lastre.
Yelena iba muy delante de mí.
—Pon a Taylor a trabajar en Weaver y la comunidad de Adeptos de Denver —dijo—. Compañías, sociedades… Queremos saber las propiedades que tiene.
Era una excelente idea.
Dejé a Yelena informando a David y aproveché para colarme en la habitación en la que estaba Kath.
Se levantó y se cubrió la cara con las manos.
Taylor estaba sentado al final de la cama e intentaba reconfortarla poniendo una torpe mano sobre su pierna.
Tenía que hacer o decir algo.
¿Qué?
Tenía muy poca experiencia en este tipo de cosas. Me arrodillé junto a la cama y me incliné para darle un beso en la cabeza.
—Felicidades, hermanita.
Casi no pude oír su respuesta murmurada.
—No voy a fastidiarlo.
—Lo sé —dije—. Tendrás todo lo que necesites.
No podía cumplir esa promesa, en realidad. La rodeé con mis brazos y la abracé con cariño.
Para empezar, era como abrazar un tronco de madera. Un tronco de madera que mojaba mi camiseta. Luego, poco a poco, se fue relajando un poco.
—De verdad, quiero…
No terminó la frase y yo no hablé de nuevo. Dije muy poco, sólo las frases típicas. Todo parecía extraño, pero cuando me fui diez minutos más tarde, me parecía que habíamos progresado, aunque fuera sólo un poco.
Nos paramos en Manassah para ducharnos y cambiarnos de ropa.
Las dos hubiéramos querido quedarnos más tiempo.
Sentía a Yelena a través de nuestro eukori medio abierto; notaba el latido fantasmal de su mandíbula.
Quería intercambiar Sangre. Por su parte, ella sentía mi frustrada ansiedad por Kath y el bebé.
Pero ambas sabíamos que teníamos que rescatar a Tullah, y el primer paso era saber dónde la tenían cautiva.
En quince minutos ya habíamos salido y estábamos de camino a Haven.