El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 57
77%

Capítulo 57

— Estoy bien.

« Mentira. »

La mazmorra estaba en silencio: reinaba la asfixiante quietud de un funeral cuando terminé de explicar lo que había ocurrido en San Juan.

Después de que se llevaran a Tullah, Flint me había sacado de los tres metros de nieve en los que había caído y Yelena capturó a los Adeptos que Weaver había abandonado.

No había nada más en el molino. No había señales de nadie más que Tullah.

Todas las materializaciones habían desaparecido. Las nubes en el cielo sólo eran nubes.

Kane voló hasta Telluride y les convenció para que recargaran el depósito de combustible del helicóptero.

Luego volvió para llevarnos a nosotros y a los rehenes de vuelta a Denver por una ruta más segura, por el sur. Un largo camino de vuelta que me dio demasiado tiempo para pensar.

Casi no había hablado hasta que llegué a Haven y encontré a los demás en la mazmorra.

—La Liga de Adeptos del Norte nos ha traicionado —dije para romper el silencio—. Puede que no toda la Liga, pero sí la Hécate. Ella estuvo allí. Cuando la vi en las materializaciones, pensé que había venido para ayudar y rescatarme, pero estaba allí con Weaver. Le protegía. Lo vi.

Dije las palabras, pero seguía sin creerlo.

Había confiado en ella.

—Y ahora no sólo tenemos que preocuparnos por Weaver, sino también por el Imperio y Matlal —dijo Alice.

—Teníamos que preocuparnos por ellos antes de esto —contestó Diana—. Ellos no sabían lo que estábamos haciendo, pero Weaver tiene a Tullah. Nos tenemos que centrar en eso primero.

—No entiendo cómo has atacado las materializaciones —dijo Bian,

—Este poder, o maldición, o lo que sea que es. —Fruncí el ceño e intenté recordar exactamente lo que había hecho—. En el mundo espiritual, estás conectado. No de la misma forma que estaba conectada cuando Matlal me atacó en la Asamblea, pero algo parecido. Canalicé el poder a través de la conexión.

Si tuviera que hacerlo otra vez, lo haría de una manera diferente. Me concentraría en uno cada vez. Había debilitado el efecto al intentar abarcar demasiado. Debería haber matado a Weaver.

Pero no lo hice. Ahora tenía a Tullah.

La había estado buscando porque creía que ella todavía era la anfitriona de Kaothos, pero ya se habrá dado cuenta de su error.

O quizá pensaba que podía utilizar las amenazas contra Tullah para obligarnos a entregarle a Kaothos.

Tenía el estómago revuelto. No podíamos hacer eso. Ni siquiera por Tullah.

Seguramente, Weaver ya se habría dado cuenta. Pero tenía que seguir adelante, arriesgarse, y llevarse a Tullah.

Así que ahora sabría que ella era un camino hacia Kaothos, que había una manera de utilizar el enlace entre Tullah y su dragón.

—Ahora Weaver las tiene a todas —dije—. Tullah, Hana y Tara.

—Tú necesitas que Hana y Tara vuelvan —dijo Kaothos—. Igual que yo necesito que regrese Tullah.

—Descubriremos dónde tiene a Tullah, iremos allí y la traeremos de vuelta —dije—. Todavía no sé cómo, pero es todo lo que podemos hacer. La he encontrado una vez utilizando a Flint y Kane. Puedo encontrarla de nuevo.

—Excepto que ahora Weaver la ha atrapado y él sabe exactamente lo que tiene —dijo Bian—. Estará esperando un ataque.

Kaothos siseó descontenta.

—Encontrarla de la misma manera volvería a abrir una conexión. Él estará esperando y podría utilizar esa conexión para rastrearnos hasta aquí.

—¿Estamos corriendo despavoridos?

Fue Alice quien contestó.

—Sea como sea, Weaver es mucho más fuerte de lo que habíamos pensado y…

—Y ahora tiene a la Hécate de su lado.

Dije las palabras y sentí la agitación en mi interior.

Bian se alejó de la mesa y se llevó una mano a la oreja, donde estaba el diminuto sistema de comunicación.

—¿Estás seguro? —dijo, y un segundo después—: ¿Sola? —Se giró—. Amber, tienes visita en la verja de la entrada.

Fruncí el ceño.

—¿Quién?

—La amiguita de la Hécate, Gabrielle.