Capítulo 52 #2
Entonces, tan rápido como vino, se fue, y mi espíritu quedó libre. Me elevaba. Volaba hacia el cielo nocturno, muy por encima de Colorado, y el aire salía de mis pulmones en un grito.
Me elevaba tan alto.
Puedo ver las montañas Rocosas y la tierra más allá, al oeste y al norte.
Las altas llanuras al este. Los desiertos al sur.
Puedo ver las nubes en los valles y la nieve que oculta las duras líneas de las montañas.
Puedo ver las estrellas y el cielo. Puedo ver los racimos de luz donde la gente se apiña en la oscuridad.
Puedo ver las grandes marcas de las garras de los ríos.
Cañones, lagos y arroyos; fríos y claros.
Puedo oír a los perros aullar en las ciudades al sentir mi presencia.
Los hombres lobo en las colinas se detienen y olfatean el aire mientras paso volando por encima de ellos.
Cantando.
—Amber. —La voz de Fint era dura—. Estás haciendo demasiado ruido en el mundo espiritual.
« Tiene razón. No soy la puñetera reina de la noche. »
Me paré. Dejé de buscar, dejé de volar. En su lugar, floté y escuché la noche.
« Tara. »
Hice que el latido de nuestros corazones cantase su nombre.
« Ta-ra. Ta-ra. Ta-ra. Si encuentro a Tara, encontraré a Tullah. »
Si esta búsqueda espiritual funcionaba con conexiones entre personas, sería más fácil buscar a Tara. Por muy fuerte que fuese mi conexión con Tullah, no se podía comparar con la conexión que tenía con el espíritu de mi hermana gemela.
El susurro del viento nocturno se hacía más fuerte.
« Oeste. No al sur. En una línea que viene de Arizona. »
La sensación de la tormenta que se avecinaba. Espirales de poder se retorcían a mi alrededor como brazos sudorosos. La noche estaba cargada con la promesa del poder, como las tormentas eléctricas que llegaban juntas.
Emocionante. Estábamos borrachos de poder.
Kane aulló al cielo y, cuando el aullido terminó, se había convertido en un coyote. Un coyote resplandeciente con ojos como campos de estrellas. Un coyote enorme, tan grande como un caballo. Flint y yo nos aferramos a su lomo mientras echaba a correr como un cerdo engrasado en la feria del condado.
El tiempo parecía pasar lento y rápido a la vez.
Observé cómo los relámpagos se arrastraban, como lagartos perezosos bajo el sol, sobre los huesos desnudos de las Rocosas.
Vi oleadas de gente ir y venir, en busca de metales preciosos en aquellos lugares fríos y solitarios.
Las bandas de música tocaban mientras se instalaban triunfalmente las vías férreas, que luego se oxidaban hasta sumirse en el silencio.
Los pueblos florecían como patrones fractales tras mis párpados.
Algunos se desvanecían de nuevo en las melancólicas praderas, otros crecían hambrientos e hinchados alrededor de los nudos de vías y carreteras, tragándose a la gente en su oscuridad.
Parpadeé y esa gente desapareció. Fantasmas. Buscaba fantasmas en los lugares altos y solitarios.
« No se han ido, no se han perdido, no hace mucho, mientras el espíritu camina.
Hay alguien ahí fuera, en la noche. Alguien en los grandes espacios en blanco entre las luces apiñadas. Alguien que me oye y me responde. »
Las estrellas se habían ido y el cielo nocturno era un espejo negro. Miré y vi a mi hermana gemela. Durmiendo en un edificio oscuro. Fría y atrapada en un sueño.
Entonces las estrellas volvieron a brillar y de su presencia no quedó más que un susurro: « ¿Amber? »
Siento un dolor en el pecho. Una pérdida insoportable. Es el vacío que han dejado mi Tara y mi guía espiritual, y el ansia por recuperarlas. Mis brazos se extienden hacia donde la vi, pero es difícil calcular la distancia, rozando el mundo espiritual de esta manera.
Me caí y grité. Desequilibré a Flint y a Kane. Nos estrellamos contra el suelo en una explosión de nieve. No estábamos allí, pero estábamos tendiendo un puente entre el mundo físico y el espiritual con tanta fuerza que nuestras auras tuvieron el impacto de un meteorito.
Estaba mareada, me sentía torpe. En parte porque Kane estaba así por las drogas. En parte porque ver a Tara me había sacudido hasta lo más profundo.
Podía oír el eco de nuestra caída en el mundo espiritual. Podía ver nubes arremolinándose, y otras cosas que no eran nubes. Si Weaver estaba observando y escuchando en mitad de la noche, habíamos enviado una señal.
Teníamos que ponernos en marcha. Encontrar a Tara y detenernos antes de que llamáramos su atención aquí.
« Todo lo que hace falta para volver a volar es creer. »
Pero habíamos llegado muy lejos. No podía.
El poder de la maldición se agitaba bajo mí. Podía volver a volar. Todo lo que tenía que hacer era dejar que ese poder fluyera a través de mí. Era tan fácil.
Pero Kane se estremeció y fue el coyote quien nos hizo volar de nuevo, galopando locamente por el aire con nosotros a lomos una vez más.
Él quería dirigirse al sur, pero yo lo dirigí más hacia el oeste.
Había algo en mi visión de Tara. Ni siquiera era una imagen; era más bien una palabra que se me escapaba, que se negaba a ser nombrada. Me resultaba familiar como una forma en mi boca, como una reacción en mi corazón ante la palabra, pero las letras se negaban a posarse en mi lengua.
« Un edificio frío, rodeado de hielo. »
Kane redujo la velocidad. Empezamos a ir a la deriva, perdidos en mi confusión. Sin un objetivo, nuestro viaje espiritual carecía de impulso y nos empujaban los vientos espirituales ascendentes.
« ¿Por qué rodear un edificio de hielo? »
Algo no cuadraba.
« Hielo. Agua congelada. Un edificio completamente envuelto en agua congelada. Nieve, no hielo. »