Capítulo 52
Diana tenía un antiguo reloj francés de estilo carruaje en una mesa auxiliar. Dio las doce poco después de que recogiéramos la mesa.
—La hora de las brujas, creo —dijo Diana con rostro serio—. Kaothos está impaciente por que encontremos a Tullah. ¿Os apetece dar un paseo espiritual, jóvenes Adeptos?
Flint asintió.
Las drogas habían sido analizadas y eran puras. Estaban en un pequeño paquete de papel, al lado del reloj.
—Sólo uno de nosotros tiene que tomarlas —dijo Kane—. Mejor que sea yo.
—Incendias los bares cuando te emborrachas —dijo Flint.
—Una vez, y fue un accidente. Aprendí de la experiencia y ahora puedo controlarme mejor.
Me había sentado en un sofá con una somnolienta Tove acurrucada junto a mí. Rita la apartó, justo cuando Kane puso fin a la discusión con Flint acercándose a la mesita y tragándose una de las pastillas, sin necesidad de agua.
Todo el mundo se levantó, no sabíamos lo que iba a suceder ahora.
—Deja a Tove y a Mykayla aquí conmigo —dijo Diana. Se giró, con la voz tensa—. Los demás, levantaos y ayudad. Veamos si funciona este paseo espiritual con drogas.
Bian había dado órdenes para que la sauna estuviera limpia y disponible para poder ser utilizada como cabaña de sudar.
Parecía rara: una sauna normal y corriente. No tenía nada de mágico.
Habían descendido la temperatura un poco ya que habíamos planeado estar bastante tiempo.
Bian nos decía que no era tan normal; estaba construida a mano con una mezcla de maderas: abeto, álamo, cedro y pino nórdico. Metí la cabeza un momento y aspiré, disfrutando de la mezcla de esencias en una bocanada de aire caliente. Picante y suave. Me gustaba.
Bian estaba marcando algunas reglas de base. Quería que Alice estuviera en la sauna para seguir lo que mis Adeptos iban a hacer por instinto. La propia Bian también estaría con nosotros, para pararlo todo si fuera necesario.
—Vale —dije cuando terminó. Me encogí de hombros. Estábamos perdiendo tiempo—. Vamos, chicos.
Kane ya parecía un poco confundido. Aunque habíamos llegado hasta aquí, Flint parecía estar dudando.
« ¿Tenía vergüenza? »
Me reí, y me quité la ropa con la economía de movimiento que cualquier hombre lobo desarrolla rápidamente.
—Venga, chicos —ronroneé—. No muerdo, no mucho.
Kane se rio y negó con la cabeza.
Me parecía justo. Me habían visto morder a Mykayla y a Tove en la mesa del comedor hacía menos de una hora.
Los dos empezaron a desnudarse.
« Oh, muy bonito. Tranquila, chica. Compórtate. »
Por muy agradable que fuera la vista, hacía frío si nos quedábamos afuera. De todas formas, iba a estar desnuda con ellos el resto de la noche, así que entré en la sauna para esperar en la cálida oscuridad.
Alice y Bian llegaron primero, y se sentaron frente a mí. Empezaron a sudar inmediatamente. Luego entraron Flint y Kane. Cada uno se sentó a un lado. Cerca.
—Este ritual—murmuró Flint—, Oronhiateka dijo que él y sus amigos se estaban tocando.
—¿Es una orgía? —pregunté, y Bian soltó una risita.
La sauna estaba a oscuras, pero no tanto como para que mis ojos de lobo no pudieran distinguir los detalles de mis dos Adeptos. Muy guapos. También muy bien dotados e… interesados.
—No dijo eso…
—No explícitamente —terminó Kane.
Su ritmo cardiaco se había acelerado, bien por el peyote o por estar sentado desnudo a mi lado. O por ambos motivos. La temperatura de su piel había aumentado más rápido que la de cualquiera de nosotros. Desde mi visión lobuna, estaba brillando suavemente en la oscuridad.
Estrictamente para los propósitos del ritual, le pasé el brazo por encima para acercarlo. Ya estaba sudando mucho.
Nos incliné a ambos hacia atrás, buscando el abrazo de Flint. Unos brazos largos y poderosos nos envolvieron a todos juntos.
Me parecía que sus cuerpos estaban duros en todos los lugares adecuados.
Y ahora era yo quien tenía problemas con el ritmo cardíaco.
« Concéntrate. »
Habíamos hablado durante la cena, y entendía lo que mis Adeptos creían saber sobre la afirmación de este loco nativo americano de ser capaz de pasear espiritualmente por todo el continente.
Oronhiateka dijo que cualquiera podía dar un paseo espiritual que le llevase tan lejos como creyera que podía.
Según él, lo único que hacía la mescalina era levantar la barrera que imponía la mente.
Flint y Kane habían sugerido que sólo uno de nosotros tenía que tomar la droga.
Los que apoyaran el viaje espiritual podrían ver mejor si no la usaban.
Pero íbamos a estar conectados, de aura a eukori, así que esto iba a ser una experiencia de las buenas, de una forma u otra.
Sabía que podía viajar espiritualmente muy, muy lejos, al menos a veces.
Había visitado el cementerio con su árbol de las almas cerniéndose sobre él y estaba segura de que estaba en Irlanda.
Pero podía llegar tan lejos gracias al poder de la maldición, y parecía que sólo me llevaba en una dirección.
El árbol de las almas estaba arraigado, a falta de una descripción mejor.
No podría buscar a Tullah si ni siquiera podía salir de un cementerio al otro lado del Atlántico.
Mi juramento se agitó en mi Sangre. « Basta de retrasos. »
Extendí mi eukori.
Ninguno de mis Adeptos se contuvo. Eso era bueno y malo. Apretujar nuestros cuerpos resbaladizos y sudorosos tenía un efecto predecible. Era como caer en un torbellino de emociones y sensaciones recordadas. Los recuerdos de ellos haciendo el amor con Amanda provocaban una lujuria desenfrenada.
Mi propia imaginación se sumó a todo ese calor, esa humedad y ese sudor, y los avergonzó aún más.
« Genial. Pero Tullah, Tara, Hana… Tenía un juramento. »
—Escuchad, chicos —les susurré—. Me hubiera sentido decepcionada si no hubierais tenido una reacción, dadas las circunstancias. Puede que podamos explorar eso con Amanda en algún momento. Pero esta noche, no. Tenemos una misión, aunque uno de nosotros esté colocado.
Kane captó un reflejo de la imagen que tenía de él en mi mente, la de un hombre resplandeciente, y de repente los tres vimos las paredes de la sauna cubiertas de hombres desnudos y radiantes, trepando por los listones de madera.
Su aura, bajo la influencia de la mescalina, era fuerte y difícil de canalizar en la dirección correcta.
Esto no se parecía en nada a cómo Gabrielle abordaba un viaje espiritual.
Ella apostaba por una progresión tranquila y ordenada.
Entendí que esto era chamánico, y casi lo contrario del estructurado método de la Liga de Adeptos del Norte, pero ¿no habría algo que pudiéramos usar para ayudar a controlar la situación?
Flint recurrió a los rituales chamánicos. Marcó un ritmo con los dedos en el hombro de Kane. Él lo siguió, con la mano tratando torpemente de mantener el compás sobre las tablas de madera del asiento, terminando lento y rápido, como si estuviera tocando jazz borracho.
Los escaladores desaparecieron. En su lugar, me vino la imagen de un lagarto en el desierto al caer la noche, deslizando su suave vientre por las rocas calientes, tratando de absorber los últimos restos del calor del sol en el frío de la noche.
Me vi atrapada en la sensación de vientres suaves y rocas calientes.
Y un cuerpo sudoroso en mis brazos. Las reacciones de mi propio cuerpo.
Las vívidas alucinaciones de Kane nos estaban sacando a Flint y a mí del viaje espiritual.
¿Cómo demonios se suponía que iba a funcionar esto?
Intenté concentrarme en una imagen sin lagarto.
Sólo una puesta de sol en el desierto. Algo antiguo, de mis días de entrenamiento en el ejército.
Recordé que tenía la garganta seca, el cuerpo exhausto, pero no podía dejar de mirar mientras el sol se teñía de un rojo violento, derramándose por el horizonte como una explosión en las nubes.
El cielo ardía en tonos amarillos que se difuminaban hacia el índigo, y luego un negro sin fondo a mis espaldas.
« ¿Y si la imagen del desierto fuera una pista? ¿Sigue Tullah escondida en el desierto de Arizona? »
No, era falso. Imágenes al azar rebotaban en nuestras cabezas. Teníamos que dejarlas pasar y empezar a ver cosas. Cosas reales.
Pero obligar a Kane a salir del desierto nos llevó demasiado lejos en la dirección equivocada.
El cielo se derritió y se convirtió en piedra gris.
Piedra incrustada con líquenes. La iglesia en Irlanda, como la había visto la otra vez.
Las ventanas eran negras, como ojos esperando en la penumbra.
El silencio reinaba en el cementerio, alrededor de nosotros.
Estaba el árbol de las almas. Sus ramas se extendían por el aire nocturno.
Sus ramas se difundían en la tierra. Aire y tierra.
El poder latía a través de las plantas de nuestros pies, hinchando nuestros pulmones con cada respiración, nuestros corazones con cada latido. Nos llamaba.
Hablaba sin palabras.
« ¿Ash? »
Algo sobre Ash, las cenizas.
« El mal. Esto es el mal. »
Kane estaba hablando en voz alta y estábamos escuchando su eco en nuestras cabezas.
En algún lugar, sabía que Bian se movía y redoblé mis esfuerzos para salir de este sitio. Tenía que buscar a Tullah. Teníamos que volver a eso.
Oía el batir de las alas de un cuervo sobre mí. Era Flint, que nos sacaba del pantano de imágenes que nos mantenía atrapados en este lugar.
Entonces Kane empezó a cantar. Mitad canción, mitad aullido. Algo que nos rodeaba hipnóticamente. Apreté su rostro contra mi garganta e intenté escuchar sólo los sonidos que él hacía. Y finalmente logré sincronizar nuestros corazones. Ralentizarlos.
Por un momento, estuvimos unidos, esforzándonos por volver al lugar donde teníamos que buscar. Flotamos en el cielo, mirando hacia abajo, hacia Haven.
Tullah flotaba delante de mí, con la cabeza gacha, vestida para el verano. Líneas, ligeras como telarañas, recorrían su piel, marcando los bordes de las escamas de dragón. No era Tullah. Era Kaothos. Levantó la cabeza y sus ojos eran como lámparas.
« Busca a Tara. A Tara. Tara. »