Capítulo 51
La cena estaba tan buena como Bian había dicho: cordero suculento y un vino tinto añejo de la cuenca del Ródano, en Francia; un vino que olía a madera de cedro con un toque que me recordaba a los albaricoques secados al sol del desierto.
—Es de Grande de Beauvenir, uno de los viñedos más antiguos de Châteauneuf-du-Pape —dijo Diana—.
Era un productor de vino antes de que bautizaran la región con ese nombre, de cuando el papa vivía cerca del río en Avignon.
Es un lugar precioso. Las bodegas están excavadas en la roca y todavía se pueden visitar algunos de los edificios antiguos.
Naturalmente, ahora es un negocio moderno, Chateau La Nerthe, con un auténtico castillo.
Es uno de los vinos favoritos de Skylur.
—Espero que no lo eche de menos —dije, mientras me servía un poco más. Diana se rio.
No tuve a Mykayla de postre. A cambio, Diana propuso una selección de pequeños pastelitos baklava que chorreaban miel. Bian insistió en darme un par. Para practicar, insistió con una sonrisa juguetona.
—Todo estaba delicioso, Diana —dije cuando el último baklava desapareció. Los demás estuvieron de acuerdo.
—Me mantiene ocupada aquí abajo —dijo quitándole importancia a los cumplidos.
Después de una cena que había sido ruidosa con conversaciones alrededor de la mesa, se impuso el silencio y sentí a Kaothos agitarse invisible a nuestro alrededor.
Alice trajo café a la mesa y volvimos a cambiar de sitio, tal y como habíamos hecho con cada plato de la cena.
Ahora Mykayla estaba sentada a mi lado. Podía saborear su entusiasmo y su pulso hizo palpitar mis colmillos.
Para acompañar el café, Diana puso una botella de brandy en la mesa.
Me serví un chupito y pasé la botella.
La velada era una mezcla confusa de la vida clásica y el mundo paranormal: una cena con amigos, con buena comida, buen vino y una conversación agradable; tras lo cual mordería a Mykayla en el cuello y la impregnaría.
Yo no estaba preparada, pero sabía que nunca me sentiría preparada y los eventos me empujaban a seguir avanzando.
Yelena y Bian recogieron la mesa, ante las protestas simbólicas de los demás vagos que nos habíamos quedado sentados.
Al pasar por mi lado para recoger mi vaso de brandy, Yelena se tomó el tiempo de darme un beso en la mejilla y una palmadita en el hombro.
—Todo irá bien —me susurró, mientras me quitaba el teléfono móvil.
Uno de los muchos temas que aumentaba mi preocupación era Tove, que estaba tardando más tiempo de lo previsto.
Estaba a punto de pedirle a Yelena que llamase para saber qué había ocurrido cuando los guardias de la entrada enviaron un mensaje a Bian diciendo que Rita y Tove habían llegado con la droga.
Bian había pedido a uno de sus parientes con el conocimiento necesario que hiciera una prueba química para asegurarse que era mescalina pura; así que todavía habría otro retraso hasta que pudiéramos hacer algo con eso.
Diana me miró, intuía la agitación en mi mente.
—¿Qué quieres hacer, Amber?
Respiré profundamente.
—Por favor, diles a las dos que bajen.
Apreté la mano de Mykayla y me contestó con otro apretón.
Tal y como había prometido, Tove iba a saber lo que éramos. Desde la primera fila.
Rita y Tove salieron del ascensor un minuto después.
Ambas tenían un aspecto descuidado: tejanos rotos, sudaderas sucias y pelo revuelto, pero incluso así, las dos estaban estupendas. Me sorprendió que hubieran podido hacerse pasar por adictas; aunque, claro, Tove todavía encajaba en el rol.
Tove estaba intentado imitar la forma de caminar de Rita.
Les hacía gracias a las dos, y por un segundo volví a ver a la adolescente risueña de Minnesota.
¿Cómo habrían ido las cosas si nunca se hubiera encontrado con Forsythe?
¿Si la suerte le hubiera dado un papel en una serie de televisión sobre adolescentes risueñas de Minnesota?
¿O si hubiera abandonado Los Angeles y hubiera vuelto a casa antes de que nada malo ocurriera?
Demasiados « y si » .
Tendría que conformarme con el aquí y el ahora.
La risa de Tove se cortó en cuanto observó el entorno. Los inquietantes Lyssae quietos en las paredes. El grupo esperando en la mesa.
Di una palmada a la silla que había vacía a mi lado. Al otro lado estaba Mykayla, que había colocado una posesiva mano en mi pierna.
Tove se sentó, de nuevo seria y con los ojos muy abiertos. Su ritmo cardiaco se aceleró. Rita echó a Yelena para poder sentarse al lado de Tove. Le tomó la mano y el corazón se calmó un poco.
Interesante.
—¿Has tomado una decisión? —pregunté, intentando ser amable, pero yendo directamente al tema que nos ocupaba.
Asintió con un movimiento brusco.
—Siento haber causado tantos problemas. Entiendo que están pasando otras cosas, cosas importantes, y que soy un estorbo.
—Las lágrimas hacían brillar sus ojos cuando los levantó un momento para mirarme—.
No necesitas esta mierda, pero sé que necesito ayuda.
Rita y tú no podéis estar siempre conmigo.
Y sé que no soy lo suficientemente fuerte yo sola.
Lo he visto esta noche. Ya lo has visto, siempre complico todo.
—Yo no lo veo así —dije—. Pero podemos trabajar en esa visión que tienes de ti misma más adelante. Lo que necesito esta noche es que entiendas lo que somos y lo que nuestra ayuda implica. Pero déjame que antes te diga algo: nunca volverás a estar sola.
Le podría haber ofrecido un millón de dólares por la reacción que le causaron esas palabras: los ojos muy abiertos y un anhelo muy profundo que mi eukori, entreabierto, pudo detectar sin problema.
—Pensabas que éramos todas brujas —dije—. ¿Lo sigues pensando? ¿Rita, por ejemplo?
Rita se rio un poco y Tove negó con la cabeza.
—Ellos son brujos. —Señalé a Flint y Kane—. Y Rita es una mujer puma —dije, y olí el subidón de adrenalina.
Tove se giró rápidamente hacia Rita. La licántropa puma le sonrió. Sus ojos se volvieron un poco más verde gatuno, pero no dijo nada. Tove no soltó su mano.
Podía ver que Tove confiaba en Rita hasta el extremo que, cuando Rita no negó ser una cambiaformas, Tove sabía que era verdad.
El ritmo cardiaco volvió a subir, se giró hacia mí.
—Y aunque no utilizamos ese nombre, la gente diría que soy una vampira.
Ahora la adrenalina se disparó de verdad. Tove sabía que no estaba bromeando.
Su respiración se aceleró y apretó los labios, pero en lugar de bajar la cabeza, me miró directamente a los ojos.
Mis colmillos ya estaban palpitando, y ese gesto, no desviar la mirada, era justo lo que mi Athanate necesitaba ver.
« Mía. »
Pero lo primero es lo primero. Mykayla.
—Vas a tener una presentación poco común, Tove —dije—. Si todavía quieres seguir adelante después de esto, irás aprendiendo todo lo demás durante las próximas semanas. Pero esta noche, ahora mismo, verás lo esencial.
Levanté a Mykayla y la senté en la mesa delante de mí.
Estaba sonriendo y se retorcía de emoción.
—Se supone que es una ocasión solemne —dije, y ella se rio de nuevo.
—¿Cómo me quieres? —preguntó, pero yo ya la estaba empujando y girando para que se estirase en la mesa, con la cabeza colocada justo enfrente de Tove.
La camiseta le dejaba el cuello descubierto.
Dejé que mi eukori se expandiera lentamente.
Mykayla emanaba un resplandor rosado, con su cuerpo encendido por la anticipación.
Tove estaba pálida, luchaba consigo misma, desconcertada y conmocionada al sentir todo lo que estaba ocurriendo en nuestros cuerpos.
Malinterpretó las sensaciones y se llevó la mano a la boca para confirmar que no le habían salido colmillos como los míos.
Rita le estaba susurrando explicaciones al oído. Dudo que oyera mucho en este momento, pero esa voz la tranquilizaba.
Lamí la garganta de Mykayla, me dolían los colmillos por la necesidad de morder. Sentí las pequeñas protuberancias de antiguos mordiscos en mi lengua, el latido de su pulso cuando arqueó la espalda, su respiración entrecortada, sus brazos a mi alrededor, animándome a seguir.
« Oh, sí. »
Mi eukori se liberó y se desbordó, tocó a todos en la sala. Un eukori más fuerte de lo que debería serlo el de un joven Athanate, gracias a mi herencia cárpata, pero no podía esconderlo.
Mis colmillos penetraron el cuello de Mykayla, y encontraron su yugular. Chupé. La sangre corrió hacia mi taryma y bajó hasta las glándulas Athanate.
« ¡Sí! »
Mykayla gimió y me tentó un dulce abandono al placer, pero Diana ya estaba en mi cabeza, guiándome amablemente. Mykayla no podía haber estado más a salvo, y todavía quedaba trabajo por hacer.
Diana despertó la misma mezcla de sensación y recuerdo que provocó Pia cuando impregné a Scott, pero la de Diana era mucho más intensa.
Casi demasiado para poder soportarla. Pero me resultó más fácil la segunda vez.
Quizá porque Mykayla estaba despierta y ansiosa.
Su excitación producía sabores que no sabría describir.
Emociones que parecían elevarse en el aire cuando las alcanzaba.
Sensaciones en su cuerpo, más allá de su garganta.
Detrás de todo, había una profunda sensación de crecimiento sagrado que provenía de todos los Athanate presentes en la sala.
Y la fascinación atónita de Tove.
Demasiado pronto, mis colmillos salieron del cuello de Mykayla y volví a lamer su piel para acelerar el sellado de los vasos sanguíneos mientras ella se relajaba.
A diferencia de la impregnación de Scott, no hubo alertas. El cuerpo de Mykayla no tuvo ninguna reacción violenta a mis bioagentes.
Relajada, pero todavía ansiosa. Se acurrucó contra mí y me susurró al oído.
—Sigo interesada en la doble ración.
Me reí y le di un breve beso, sin lengua.
—El beso del perdedor —murmuró, pero seguía estando contenta, y no se quejó cuando Bian la levantó y se la llevó.
Tove lo había experimentado todo a través del eukori. Eso había sido una… forma poco convencional de introducir a alguien al mundo Athanate, y me preguntaba si funcionaría a favor o en contra.
Por lo que a mí respecta, esperaba que mis colmillos estuvieran satisfechos después de haber mordido a Mykayla, pero parecía todo lo contrario: todavía tenía más ganas de morder a Tove y darle la bienvenida a Casa Farrell.
Poco a poco, muy poco a poco.
—Eso… ha sido salvaje —dijo.
—Te da una idea de lo que implica. ¿Todavía quieres formar parte de esto?
Enlazada por el eukori, pude seguir cada crispación de su decisión, en un equilibrio precario entre el miedo y la fascinación.
Sentía presión delante de sus nuevos amigos.
El caos de la vida de la que estaba huyendo.
El miedo a lo desconocido porque, aunque lo hubiera experimentado a través de Mykayla, la idea de ser mordida, tener colmillos en tu yugular, seguía siendo aterradora.
Pero yo estaba centrada en el deseo de pertenencia que sentí en ella. Ese deseo era mucho más fuerte que su miedo. Luchaba contra eso como si estuviera luchando contra la gravedad. La estaba atrayendo hacia mí y ganaría.
Incluso así, me sorprendí cuando se levantó, con una ligera vacilación, soltó la mano de Rita y levantó el trasero para sentarse en la mesa.
Había tantas cosas que tendría que haberle explicado primero, sobre el placer y la vinculación, sobre la Sangre y los parientes, pero mis colmillos ya se estaban manifestando de nuevo, y todo lo que hice fue tomarla entre mis brazos y lamerle el cuello.
Su corazón latía con fuerza y sus pulmones jadeaban. Yo estaba demasiado excitada para poder calmarla, pero el eukori de Yelena se filtró entre nosotras y sincronizó nuestros cuerpos con el suyo.
—No temas —le susurré—, no te dolerá.
Sus manos se deslizaron por mi espalda. Cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.
No había una necesidad real de vinculación. Esta chica quería pertenecer con tanta fuerza, que todo lo que yo tenía que hacer era abrir la puerta. Y si ella podía conquistar sus miedos así, no necesitaba ninguna ayuda de mi parte para conquistar sus adicciones.
Pero había una forma Athanate de hacer las cosas. Por segunda vez en una rápida sucesión esa noche, hundí mis colmillos en una garganta y me encendí de placer como una luz incandescente.
« Mía. »