Capítulo 49
Alex no contestaba al teléfono, así que le envié un mensaje con algunos detalles y retrasé hablar con nuestros alfas hasta que no hubiera hablado con él.
Jen seguía sin contestar al móvil. Caminé hasta la sala principal pensando qué podría decir a Tove si miraba por la ventana y se encontraba con una manada de lobos corriendo por el jardín nevado.
Eso tendría que esperar. Yelena estaba aquí, se levantó del sofá y vino a abrazarme con esa gracia de bailarina sinuosa.
—Te he echado de menos —le susurré—. ¿Va todo bien?
—Por supuesto. Saca la lengua.
Ya sabía lo que venía ahora, pero le seguí el juego y pretendió examinarme.
—Mmm… sigues lamiendo cuchillos.
Me reí.
—Culpable. ¿Dónde está Tove?
—Probándose su ropa nueva. Quiere enseñártela.
—¿Quiere mi aprobación?
Yelena sonrió.
—No es que lo haya dicho, pero creo que sí. —Se encogió de hombros—. Al fin y al cabo, has pagado tú.
Me puse seria. No esperaba eso de Tove. Entenderla era más difícil de lo que yo pensaba.
Nos sentamos a esperar.
—Entonces… ¿Qué ha pasado en Nueva York? —dije.
—Muchas conversaciones. Muy extraño. Parecían cosas sin importancia, pero dijeron que sabía más de lo que yo pensaba. Dijeron que era información útil sobre el Dominio. Creo que llevan tanto tiempo sin oír algo, que cualquier cosa ya es algo.
—¿Fueron amables contigo?
—Sí, ningún problema.
—¿Y Skylur?
Debería haber sido capaz de detectar si le había mordido, pero quería estar segura.
—Un hombre muy ocupado —dijo. Sabía a qué me refería—. Demasiado ocupado, incluso para Jen.
—Pensaba que debía tener reuniones de negocio con Jen.
—Ella está con el equipo de negocios. Están demasiado ocupados para preocuparse si ha sido vinculada a Skylur o no. La fui a ver cuando terminaron de hablar conmigo. Está bien, de verdad. Me ordenó volver a casa.
Sonreí. Por muy alta que estuviera en la jerarquía de mi Casa, en realidad Jen no podía ordenar a Yelena que volviera aquí y las dos lo sabíamos. Pero Yelena se habría asegurado de que Jen no estaba bajo amenaza para dejarla sola. Eso me hizo sentir más tranquila.
—¿Has conocido a la nueva Diakon de Skylur? —le pregunté.
—No. La vi a ella y a Skylur juntos, pero no hablé con ella. —Frunció el ceño—. Es una vieja Athanate. Romana, dos mil años, creo. Muy dura. Basilikos, pero no creo que sea Basilikos como Matlal.
Ambas sentimos que Bian se acercaba.
—Un buen resumen de Diakon Vylkove —dijo Bian—. Basilikos, pero no como Matlal.
Había acabado su teleconferencia con Skylur mientras yo estaba hablando con los cachorros, lo que nos daba un indicio de que no habían podido hablar mucho.
—Pero ¿por qué? —dije. ¿Por qué elegir a un Basilikos como Diakon? Skylur debe estar hablando con cada Casa Panethus, intentado convencerlos de que no ha perdido la cabeza.
No hizo falta que hiciera la pregunta en voz alta.
—Dijo que la Revelación estaba llegando muy rápido.
Si tuviera más tiempo, podría intentar convencer a las Casas Basilikos para que cambiaran sus costumbres.
Si los humanos no estuvieran tan alerta, incluso podría intentar erradicar a los peores Basilikos.
Pero las cosas son como son, y su alternativa es intentar crear un nuevo partido que divida a Basilikos e incluya a los más aceptables.
Aislar y marginalizar a los extremistas.
Skylur era famosamente persuasivo, pero no lo había conseguido con Bian.
—Casi puedo ver su lógica. Desde un punto de vista pragmático —continuó Bian—, Diakon Flavia ha estado gestionando a los Athanate de Nueva York bajo las narices de los Guardianes durante más de un siglo; y durante todo ese tiempo ha sido un refugio, como lo es Irlanda ahora.
—Sí, un refugio, lo que significa una mezcla de Casas diazoun que siguen los credos Basilikos y Panethus —dijo Yelena—. He oído algo extraño sobre Flavia: no es la única dirigente de su pequeña asociación. Comparte el cargo con una Casa Panethus.
—¿Y se llevan bien? —pregunté sorprendida.
—Sí, pero no sólo eso. El codirigente Panethus, Casa di Firenze, era su esclavo de Sangre. Su toru. Lo liberó cuando lo impregnó.
No tenía ningún sentido. Basilikos no liberaba a sus esclavos, ni tampoco los hacía Athanate. O codirigente de una pequeña asociación escondida bajo las narices de los propios Guardianes.
¿Había tenido una reacción instintiva y estúpida al oír sobre esta nueva Diakon? ¿Había algo inteligente en la decisión de Skylur? ¿Había visto algo en los Athanate de Long Island que pensara que podría funcionar en el resto del mundo?
Lo creía —quería creerlo— lo suficiente para esperar y ver qué ocurría.
Pero Bian seguía enfadada por algo. Sus ojos empezaban a volverse negros.
—¿Qué más? —le pregunté.
Hizo una mueca.
—La Diakon Flavia no sabe la auténtica razón tras el cierre de la comunidad Athanate en Colorado. Skylur la utilizó para decirle a todo el mundo que es porque estamos probando los efectos de tu impregnación.
—Déjame adivinar: quiere resultados.
—Muchos, y ya. Tampoco está contenta con que Haven sea utilizado como parada temporal para tu nueva manada. Lo considera un riesgo inaceptable.
—Eso es una tontería —dije—. En cuanto a la impregnación, casi no hemos tenido tiempo de observar las reacciones de Scott. Y por lo que respecta a la manada, fue el propio Skylur quien dio su autorización.
Eso le arrancó una nueva sonrisa torcida.
—No es nuestra mejor alegación sobre Scott —dijo—. Le he evaluado y parece estar bien. Confías bastante en él como para ponerle a cargo del entrenamiento de tus cachorros.
Tenía razón. No era una excusa que pudiera utilizar frente a Diakon Flavia.
Aunque fuera extraño, que yo me enfadase estaba calmando a Bian.
—Mira —dijo—. Skylur confía en nosotras para darle algo a la Diakon. Entiendo que Tullah es la prioridad por razones que Flavia ni siquiera sospecha que existen. Pero si continuamos con Mykayla hoy, podría trabajar con eso para darnos un par de días más.
—¡Dos días! Ni siquiera podemos empezar a buscar a Tullah hasta mañana.
Me estaba alterando demasiado. Podía sentir el eukori de Yelena dándome apoyo e intentando calmarme.
—Entonces tu Casa tiene que dar un paso al frente —dijo Bian sin piedad—. Yelena, Pia, Amanda, incluso David. Tenemos que saber si tu impregnación también se ha transmitido a otros. Tenemos muchos voluntarios de Ops 4-10.
—Cuando hayas impregnado a Mykayla, podrás concentrarte en encontrar a Tullah mientras nosotros nos ocupamos del resto —dijo Yelena.
—No puedo abandonar a Mykayla después de haberla impregnado —dije—. Y tampoco tenemos suficientes mentores.
—Eso es lo que estoy diciendo —dijo Bian—. Además de que tenemos que formar a nuevos mentores si el crusis es diferente. Espero que seamos capaces de reclutar a un par, aunque todo el mundo está desbordado.
Suspiré y me cubrí el rostro con las manos. No podía enfadarme con Bian y Yelena. Skylur y su nueva Diakon estaban demasiado lejos como para poder satisfacer mi ira.
—¿Qué más? —pregunté—. ¿Tove? ¿Tamanny?
—He alegado que Tammany es demasiado joven y lo han aceptado. Deberás encontrar algún tipo de compromiso que la mantenga alejada. Tove… debes vincularla o tendré que borrarle la memoria y enviarla a su casa.
Mientras decía eso, sentí cómo Tove se acercaba por el pasillo, ansiosa por mostrarme sus últimas adquisiciones.
Me sentía mal. Lo último que necesitaba esta chica era ese tipo de presión.
Antes de que llegase hasta el comedor, Flint y Kane interrumpieron desde la habitación en la que estaba el ascensor que conectaba con la mazmorra y la Librería Oscura.
—¡Jefa, podemos hacerlo! —gritó Flint. Llegó agitando un viejo libro.
—No necesitamos a la Liga de los Adeptos del Norte —dijo Kane, chocando contra él—. No hace falta esperar. Lo único que tenemos que hacer para encontrar a Tullah es dar un paseo espiritual.
—Más o menos —añadió Flint—. Con…eh… algún pequeño ajuste aquí y allá.