Capítulo 46
—¿Qué demonios se cree Skylur que está haciendo?
No debería estar hablando así del líder de Panethus delante de su amiga más antigua, pero me había estado aguantando eso durante la conversación con la Liga de los Adeptos del Norte y tenía que sacarlo. No me importaba lo unidos que estuvieran Skylur y Diana.
Diana rodeó la mesa y me abrazó antes de responder.
—No lo sé, Amber, pero confío plenamente en él. Lo que sea que le haya llevado a tomar esta decisión, será en beneficio de la Revelación. Lo sé en lo más profundo de mi corazón.
Inspiré su tranquilizadora marca y dejé que inundara mis sentidos. No diré que mis temores desaparecieron, pero con Diana abrazándome, la situación no parecía tan mala. Nuestros corazones acompasaron sus ritmos.
—La primera conferencia de esta mañana fue sólo una breve trasmisión a todas las Casas Panethus —dijo Diana—. Bian tendrá una reunión individual con Skylur pronto. Estoy segura que revelará más datos sobre lo que hay detrás de este movimiento.
—Es asombroso oír eso… —No podía dar voz a los sentimientos que me había causado la noticia.
No hacía falta: Diana lo sentía.
—Te sientes traicionada —dijo—. Es comprensible, pero no deberías sentirte así.
Debes recordar que, aquí en Colorado, nos han dado una posición de confianza absoluta.
Nosotras sabemos lo que realmente ocurrió al final de la Asamblea en Los Angeles.
Skylur te confió esa información, que podría acabar con nuestras esperanzas para una Revelación ordenada. A cambio, le debes tu confianza.
El ascensor susurró de nuevo: Tully se había unido a nosotros.
Estaba vestido como antes: túnica negra y capucha.
Mientras salía de la plataforma del ascensor, extendía sus brazos. También había visto eso antes. Supuse que era su equivalente de su bastón de movilidad.
Si no fuera porque parecía tener ojos en las yemas de los dedos.
Parpadeé.
No había ojos, eran unas manos normales.
Diana me dejó para ir a saludarle, y volví a la mesa, al lado de Flint.
—¿Debería tener algún tipo de efectos visuales secundarios después del paseo espiritual? —le pregunté en voz baja.
—¿Estás viendo cosas? —dijo.
—Hmmm…
Sacudió la mano.
—A algunas personas le ocurre después de un paseo muy largo. Se pasa, a no ser que hagas paseos espirituales todo el tiempo. Entonces tu mente se acostumbra a interpretar las cosas de forma diferente.
Tolly me había dicho que podía leer con la yema de sus dedos, así que aluciné y le coloqué unos ojos allí.
« Genial. Ahora tendría que comprobar lo que veían mis propios ojos. Y seguro que sólo empeoraba las cosas. »
—Gracias —dije.
¿La iglesia y el cementerio fueron una alucinación? ¿Y el árbol? ¿Era todo esto una invención de mi mente?
No tenía mucho tiempo para pensar en eso; en un par de minutos todos los demás volvieron y nos sentamos de nuevo en la mesa, menos Diana. Ella no se sentó, comenzó a dar vueltas.
—Weaver está ahí fuera, posiblemente ya esté buscando a Tullah —dijo—.
Está bien escondida, así que puede que no la encuentre rápidamente, pero nosotros tenemos que encontrarla.
Puede que estemos llegando al límite de tiempo en el que Kaothos y Tullah puedan estar separadas sin sufrir ningún daño. No podemos arriesgarnos.
Sentí cómo Kaothos se movía, pero no dijo nada.
Diana se giró. Al final de su recorrido y desde mi ángulo de visión, Anubis estaba detrás de ella. No pude evitar que mi mirada fuera de ella al Lyssae. Sus ojos brillaban en la oscuridad y sus mandíbulas se movían como si estuviera hablando.
Volví a parpadear.
Tenía que controlar estas alucinaciones.
—La forma más evidente de encontrar a Tullah es este paseo espiritual más complejo que sugiere la Hécate —dijo Diana—. Entonces… ¿confiamos en ella?
—Me preocupa que parezca demasiado evidente. —Bian parecía arisca. Se volvió hacia Tully—. Has estado escuchando. ¿Qué piensas sobre la Hécate?
—Lo que dice parece ser verdad —dijo Tolly—. Me pregunto qué es lo que no dice.
Hizo un gesto a nuestros Adeptos: Alice, Flint y Kane.
—Nunca hemos conocido a otro Adepto cuyo guía espiritual no podíamos ni siquiera adivinar —dijo Kane, evidentemente incómodo, pero sin querer decirlo abiertamente—. Eso no tiene porqué querer decir algo, pero no acabo de confiar en ella.
—Tiene esa reputación en el norte —dijo Flint—. Que su guía no se muestra. Estaba seguro de ser capaz de verlo cuando la conociera más, pero no. Me pone nervioso.
—Tampoco es que tuviéramos ninguna intención de conocerla más de cerca. —Kane se revolvió en su asiento.
—No ha revelado a su guía espiritual, pero Kaothos tampoco se ha manifestado visiblemente —señalé—. Tengo la impresión de que ambas estábamos esperando que la otra parte diera una muestra de confianza, y por eso nos ha hablado de Matlal.
Sentí como Kaothos se movía otra vez, pero no dijo nada y se mantuvo escondida.
Bian resopló.
—¿Qué nos ha dicho exactamente? Matlal está vivo. Vega Martine está viva. Peterson y Tucek están vivos, y todos están en México. Ya sabíamos todo eso.
—Y seguimos sin hacer algo al respecto. Dice que hay una urgencia, que se están fortaleciendo.
Mi opinión no les estaba convenciendo. Todos seguían desconfiando de la Liga de Adeptos del Norte.
Cuando me salvaron la vida, perdí esa desconfianza.
¿Eso es algo bueno? ¿Puedo confiar en mí misma?
¿Teniendo en cuenta que había visto ojos en dedos y a Anubis hablándome?
—Si nos están escondiendo cosas, ¿son cosas realmente importantes? —preguntó Flint.
—Son evasivas respecto a los peligros en la materialización en el mundo espiritual —dijo Alice—. Cuanto más buscas, más profundamente entras en el mundo espiritual y más peligro conlleva.
—Pero ellas saben que tú sabes eso, y que nos lo dirás —expliqué—. Creo que debe ser una reticencia arraigada discutir ese tipo de conocimiento Adepto.
Nadie contestó. Había llegado a un punto muerto, y Bian nos condujo sutilmente hacia otra dirección.
—¿Creéis lo que dijo sobre Kaothos?
—¿Qué? —dije— ¿Crees que nos está ayudando a obtener algún tipo de ventaja en la Asamblea?
Diana contestó.
—En concreto dijo que no tenía ningún interés personal en la Asamblea, y que la Hécate de Nueva York, Faith Hinton, podría estar hablando con Skylur y que posiblemente ocuparía algún puesto oficial en la Asamblea.
—Y la Hécate sólo está interesada en proteger y guiar. Aunque el poder del dragón sea tan aterrador como ella dijo.
—No sentí ninguna mentira mientras ella hablaba.
Por fin, Kaothos se manifestó y habló.
—La Hécate me parece sincera —dijo—. Necesito a Tullah. Un retraso de un día es demasiado, pero no veo ninguna otra forma de evitar la espera. También me pregunto qué quiere la Liga, más allá de guiarme.
Volvió a desvanecerse.
Bian y Diana volvieron y comenzaron a discutir sobre la supuesta política de la Liga de los Adeptos del Norte y cómo podría afectar a la Asamblea.
Yo estaba sentada entre Flint y Alice. Flint estaba murmurando algo a Kane, completamente desinteresado en la política. Alice estaba escuchando a medias.
Era una oportunidad demasiado buena para desperdiciarla.
Necesitaba algunas respuestas, pero todavía no quería discutir los detalles de lo que había ocurrido al final del paseo espiritual.
Sentía que era mío, y que, si hablaba sobre ello, lo utilizarían para decirme que tenía que descansar.
O que era demasiado peligroso y encontrarían la forma de evitar que utilizara el poder.
Mi juramento no me permitiría descansar. Tullah, Tara, Hana. A cualquier precio.
Cerré mi eukori y mantuve mi pulso estable.