Capítulo 41
—Amber.
Un gruñido, pero nada que ver con el de Alex. Un gruñido enfadado del coalfa de la Liga del Sur.
Esta conversación iba a ser como una pelea, y si íbamos a pelear, quería que empezase él, así que fui directa.
—Hola, Félix. Tengo una sugerencia que, como sindesmón entre Athanate y licántropos, me gustaría que tú y Cameron consideraseis.
Hubo un cambio en la calidad del sonido cuando su teléfono pasó al altavoz, y luego Cameron contestó.
—Te escuchamos.
Sí, Félix cabreado y Cameron cabreada. Porque no contestaba a sus llamadas con suficiente rapidez. Maravilloso.
—La Asamblea al completo no se va a reunir de nuevo en mucho tiempo —dije—. Mi recomendación es que utilicéis ese tiempo para negociar con Skylur. Los acuerdos de representación todavía se tienen que aprobar en la Asamblea, pero podéis llegar a esa reunión con la mitad de la batalla ganada.
—No podemos sentarnos en Nueva York y hablar —dijo Félix—. Estamos demasiado ocupados formando la Liga.
—Exacto, por eso necesitas que alguien lo haga por vosotros.
—¿Tú? —Había conseguido sorprender a Cameron. Ella sabía lo que yo pensaba de la política.
—Yo no —dije—. Tengo una buena relación con Skylur, pero él me necesita en Denver, al igual que mi nueva manada.
Privilegiar a la manada antes que la política les calmó un poco, casi soltaron un gruñido de aprobación.
—¿Entonces quién? —dijo Félix.
—El Heights.
Un profundo silencio siguió a mi sugerencia.
Las cuatro grandes manadas de Los Angeles llamaban a sus Alfas por el nombre de la manada.
La manada de los Heights se extendía hasta el este de Los Ángeles y luego se expandía hacia el oeste y el sur, abarcando la mitad del Bosque Nacional de Cleveland.
Al igual que todas las manadas de Los Ángeles, el espacio abierto para correr era un bien escaso, y eran una manada más urbana que las de las Montañas Rocosas, por ejemplo.
Los miembros de la manada podrían querer o no mudarse a Nueva York, pero en todo caso no sería por la naturaleza urbana del territorio.
Y su Alfa, Heights, era una rareza entre todos los Alfas que había conocido. Era un animal político. Cuando surgió por primera vez la idea de la representación de los hombres lobo en la Asamblea, se le hacía la boca agua por participar.
—Interesante. —Eso era todo lo que Cameron tenía que decir al respecto.
La falta de réplica ya lo decía todo. Habría apostado dinero a que ellos consideraban irritante la naturaleza política de Heights, o incluso una posible amenaza.
Especialmente si lo dejaban en la Costa Oeste sin nada que lo mantuviera ocupado.
No les dejé suficiente tiempo para que tomasen la iniciativa.
—También creo que deberíais aprovechar la oportunidad para conceder el territorio de los Heights a las Belles.
Dicho así, obtuve exactamente la reacción que esperaba.
—¡No! —gritó Félix—. ¡Es una locura! Ella es una alfa competente, pero es una manada minúscula. Tiene, ¿qué?, ¿veinte miembros? La estaríamos exponiendo a un desafío. Desafíos en serie. Podría desestabilizar toda la región.
—Puede —dije, porque eso era más diplomático que decirle al jefe que estaba equivocado—. Piensa en esto un momento.
No hubo ninguna respuesta, así que continué.
—No podemos dejar un territorio vacío, ¿verdad?
Eso desestabilizaría las cosas. Billie ha sobrevivido en medio de Los Angeles, rodeada de cuatro grandes manadas, agresivas y masculinas; y las Belles son todo mujeres.
Dime cómo no va a ser capaz de gestionarlo.
Es más, si trabajas con cuidado y lo transformas en una opción aceptable, algunos de los Heights podrían preferir quedarse, aunque fuera bajo un liderazgo femenino.
Lo que estaría bien para ambas partes, el Alfa Heights no necesita a toda su gran manada en Manhattan.
Félix rio.
—¡Joder! Menuda negociación me estás proponiendo —dijo.
—Puede que sea algo de vudú Athanate —dijo Cameron—. ¿Puede hacernos eso por teléfono?
—Creo que lo acaba de hacer. —Podía escuchar a Félix sonreír a través del teléfono.
—Bueno —dijo Cameron, dejando claro que no estaba todo aceptado, al menos no de momento—. Lo consideraremos. ¿Te ha propuesto Altau hacer esto?
—No, ha sido idea mía —dije.
—¿Alguna otra sugerencia? —Su voz sonaba baja, menos divertida que la de Félix—. ¿Una nueva manada para El Paso, a lo mejor?
Lo que era una trampa. Me estaba tirando una cuerda para que me colgara yo sola. Sabía que debía mantener la boca cerrada, pero no pude evitarlo.
—No es una zona que conozca, Alfa, pero creo que el Alfa de Albuquerque debería ser incluido en esa conversación. No importa a quien pongas ahí, será su vecino. Albuquerque está a sólo doscientos kilómetros de distancia.
Lo dije principalmente para asegurarme que Zane estaba lejos de mí durante un tiempo, pero mientras lo estaba diciendo, visualicé la geografía de ese rincón de Nuevo México y Texas, y me llegó una idea.
Una forma de traer a Alex de vuelta más rápido y de que Zane estuviera lo suficientemente distraído como para venir a molestarme.
—¿Por qué no haces que El Paso sea una submanada de Albuquerque? —me oí decir—. Apuesto a que siempre habéis tenido submanadas en Gila y Mescalero. Traslada una de ellas un poco más al sur. Te ahorrará tiempo y esfuerzo.
—¿Has estado hablando con Zane? —El gruñido era más sedoso. Cada vez más peligroso.
—No, señora —dije, con el latido de mi corazón acelerándose.
No podía dejarlo ahí. Ya me había involucrado demasiado y tenía que buscarme una salida.
—He estado pensando. Tenéis Nuevo México bien atado, como una bota mojada, pero hay esta gran garra de Texas clavada justo en él, con El Paso en la punta.
Y hay todo ese territorio para licántropos en Nuevo México: White Sands, Gila, Lincoln, las montañas Brokeoff, Desert Peaks.
De ninguna manera dejarías que una manada grande como la de El Paso viniera a husmear por ahí.
Apuesto a que tenías submanadas en Gila y Mescalero sólo para vigilarlos.
Hubo un momento de silencio y luego Cameron habló.
—Te aseguro que pondré mis mandíbulas en tu cuello la próxima vez que nos veamos, Amber.
Un aviso de amenaza: más ruido que nueces.
Y una emoción: tenía razón, habían tenido manadas y submanadas ahí.
Todo lo que pude decir fue:
—Sí, señora.
Mientras seguía hablándome, aunque fueran amenazas, no podría arrancarme la garganta.
Eso esperaba.
Y puede que les hubiera dado algo que mantendría a Zane ocupado en la otra punta de Nuevo México y alejado de mis bragas.
Félix se aclaró la garganta y cambió de tema.
—¿Cómo está Scott?
—Ahora mismo es más lobo que vampiro —dije—, pero tengo la sensación de que el vampiro está llegando. Está menos volátil que ayer, no tiene problemas para transformarse.
—Muy rápido —murmuró Félix—. Dijeron que tu crusis de vampiro sería rápido. ¿Has notado algo más en él?
—Tiene una cierta actitud a cuatro patas.
Como cachorro… Quiero decir, como pariente Athanate tiene doscientos años, pero como lobo es un novato y podrías imaginar que se mostrara un poco inseguro.
Para nada. No es lo bastante dominante como para dominarme, pero es como una espina clavada en el zapato.
—Sorprendente —dijo Cameron, con una voz suave llena de empalagosa simpatía para vengarse—. Imagínate lo que sería que un lobo subordinado te metiera en problemas.
—Señora.
No me importaba sonar complaciente. Esta conversación también me había dado una idea sobre Scott a la que volvería luego.
—No estoy seguro que cómo lo verán otras manadas —dijo Félix—. Como híbrido, quiero decir. En tu caso, algunas de estas nuevas manadas te aceptan a regañadientes por el ritual de los escorchados. Pero él no tendrá eso.
Cameron tomó la palabra.
—Estamos enviando un montón de nuevas e incómodas ideas a una población de licántropos muy conservadora, Amber. No quiero más desafíos o excusas para peleas. Tendremos que ver cómo reaccionan a Scott en circunstancias que podamos controlar.
—Tráele al próximo ritual —propuso Félix—. Si lo relacionan contigo y el ritual, puede ganarse algo de esa protección.
—Buena idea —dijo Cameron.
—¿Cuándo? —pregunté.
—En un par de semanas, quizá. Tendremos que empezar a organizarlo.
—¿Puedo hacer una última sugerencia? —dije.
Cameron estaba en silencio, pero todavía podía escuchar la sonrisa en la voz de Félix.
—La harás de todas formas, así que adelante.
—Iré a veros con Scott, en vez de que vosotros subáis aquí. Puede que también lleve a Alex y algunos miembros de mi nueva manada.
Eso asumiendo que no me hubieran matado para entonces, o me hubiera matado yo misma, pero no era eso lo que iba a decir.
—Si le das un par de días, Nick Gray podría encontrar un lugar apropiado —añadí.
—Eso es una excelente sugerencia —dijo Félix—. Vale, estaremos en algún lugar de Louisiana. Ben organizará todos los detalles a través de MANACHAT y los móviles.
Bian asomó la cabeza por la puerta de la habitación.
—Hora de irse —dijo lo suficientemente fuerte como para que la escucharan.
—Ya seguiremos hablando cuando tengas tiempo —dijo Cameron—. Y si no encuentras tiempo, entonces hablaremos cuando vengas aquí.
Oooh. Jefa gruñona.
Se cortó la conversación.
Nos distribuimos en varios coches. Yo estaba en el coche de Bian, con Julie y Scott.
No iba a necesitar a Scott en Haven, pero en su forma humana era amable y vino sin discutir.
Viajar juntos me dio la oportunidad de ponerle a prueba y ver si estaba estable. Hablamos: una conversación global sobre lo que había hecho en Casa Lloyd y en qué pensaba que podríamos sernos útil ahora.
No era ninguna experta en hombres lobo, y no había expertos en híbridos, pero pensé que sería capaz de gestionar el reto que le iba a proponer más tarde.
Mientras estábamos hablando, intenté llamar a Jen, pero no me respondió al teléfono.
Luego, cuando estábamos aparcando en Haven, recibí un mensaje suyo:
« Yelena está de camino a casa, decía. Estoy bien. ¡Ocupada! Llámame en una o dos horas. Te quiero. »