El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 42
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Capítulo 42

—¡No lo dices en serio!

Alice no estaba contenta con mi propuesta y podía imaginar que también iba a tener que batallar con Bian y Diana.

Las seis estábamos en la mazmorra protegida con magia, en las profundidades de Haven, rígidamente sentadas alrededor de una sencilla mesa de madera: Diana, Alice, Bian, Gabrielle, Gwen y yo.

Aunque todavía me diera miedo, pasó a ser « Gwen » en lugar de « Hécate » por haberme salvado la vida.

Para frustración de Gwen, Kaothos permanecía en silencio e invisible, pero podía sentirla aquí.

Y los Lyssae, como siempre, de pie contra el muro. No podía evitar mirar hacia el fondo y encontrarme con la mirada helada de Anubis, el de la cara de perro.

Podía oír el susurro de la voz de Tolly, hablando de su primo, como si me hubiera llegado desde la Biblioteca Oscura: « Él escucha todo lo que se dice, sabes, incluso en su quietud. Y si pudiera hablar, te diría que te mantengas alejada de la magia, especialmente de la magia negra. Muy lejos » .

Tomé una profunda respiración.

« Tranquila. »

—Lo digo muy en serio —dije—. Podéis impedírmelo, si es un error, pero dejad que me explique primero.

Todas estaban esperando y pronuncié cada frase con una pausa, para obtener los primeros gestos de asentimiento.

—Lo más importante es traer a Tullah de vuelta.

Para hacerlo, tenemos que saber dónde encontrarla.

Para encontrarla, necesitamos hacer una de esas proyecciones de aura tan difíciles.

La mejor persona para hacerlo soy yo, por mi relación con Tullah.

Tenemos que hacerlo lo antes posible, porque Weaver va a utilizar a Adeptos de la comunidad de Denver para hacer lo mismo.

—Ese tipo de trabajo es muy peligroso, especialmente para ti —me interrumpió Alice.

—Es más peligroso porque no tengo ninguna experiencia.

No quiero decir que pueda convertirme en una experta.

Lo que digo es que deberíamos hacer una prueba en una distancia corta, con la ayuda de los expertos que tenemos aquí.

Comprobar la casa de Weaver es una opción evidente.

Tenemos que hacerlo, de todas formas, pero no quiero enviar a un equipo de guardias directo a una trampa mágica, teniendo en cuenta lo que hemos visto que Weaver puede hacer.

—Las trampas pueden estar colocadas para cualquier tipo de intrusión, incluyendo una proyección de tu aura —dijo Gwen—. Aunque apoyo lo que dices, todavía creo que nos estamos precipitando.

—¿Y qué beneficio obtendremos de retrasarlo? —le pregunté—. ¿Cuánto tiempo antes de que puedas entrenarme para conseguir un nivel como el tuyo, teniendo en cuenta que ahora mismo ni siquiera tengo un espíritu guía?

—Ahí te ha pillado, Gwen —dijo Gabriella.

Imagino que me habría perdonado por haber extraído poder a través de ella. O puede que no. Mi paranoia se despertó. ¿Y si ella sabía que eso era demasiado complicado para mí y quería que fracasara?

Fuera de la vista, bajo la mesa, apreté los puños. Necesitábamos avanzar más de lo que yo necesitaba dar rienda suelta a mis sospechas.

—Podemos dedicar tiempo a conocernos más tarde —dije—. Subamos e intentemos la proyección ahora mismo.

No tenía ningún sentido hacerlo desde la mazmorra.

Los mismos hechizos que protegían a Kaothos del Imperio, también evitaban que saliera cualquier tipo de magia.

Diana y Kaothos se quedarían aquí abajo.

Las demás subiríamos las escaleras y nos encontraríamos con Flint y Kane, que nos estaban esperando en la sala principal.

Conseguí un acuerdo a regañadientes y nos fuimos en parejas, utilizando el ascensor secreto hasta la primera planta.

Después de recoger a mis dos Adeptos fugitivos, Bian nos llevó a una habitación vacía del último piso; todo esto mientras iba interrogando a Gwen sobre el paseo espiritual.

—De hecho, Gabrielle es la experta en proyección de auras —dijo Gwen—. Ella será quien se encargue.

Gabrielle tomó la palabra con suavidad.

—No hay un único mundo espiritual —dijo Gabrielle—. Es como si tuviera capas. Se puede rozar la capa exterior; es lo que Amber está sugiriendo.

—¿Esto no es como el mundo espiritual en el que secuestrasteis a Amber? —dijo Bian.

—Llamamos su atención. No, eso fue más profundo.

—Empezó a caminar por la habitación dando pequeños saltos, como si no pudiera contener toda la energía en su cuerpo—.

Vale, entonces las capas. La capa exterior es lo que tú llamas paseo espiritual, visiones, mundo de los sueños, cosas así.

Esto es que lo vamos hacer con Amber ahora, un paseo espiritual.

Todos nos quedaremos aquí en esta habitación y vamos a proyectar nuestras auras con Amber para rozar el mundo espiritual.

—¿Y eso es seguro? —insistió Bian.

—Para algo cercano y rápido, es seguro. Más seguro que el siguiente nivel —dijo.

—Pero siempre existe un peligro cuando abres tu aura —interrumpió Alice—. Al igual que cuando intentas abrir un canal para atacar a alguien con el eukori.

—¿Como habíamos dicho sobre Matlal antes? —dijo Bian.

—Sí. Él abrió un canal para atacar a Amber, y luego ella contraatacó, aunque posiblemente Amber no habría podido abrir ese canal por sí sola.

Mi eukori era mucho más fuerte de lo que pensaban, gracias a mi herencia cárpata. En algún momento iba a tener que decírselo. Pero, de momento, me callé y escuché.

—¿Y qué hay del paseo espiritual para localizaciones? Del tipo que necesitamos para encontrar a Tullah —dijo Bian.

—Eso es otra cosa —dijo Gabrielle—. No te puedes dispersar tanto, tan lejos, por el mundo espiritual con un simple paseo.

Te dañarías la mente o te quedarías sin energía.

Tienes que bajar al siguiente nivel, a ese tipo de trabajo le llamamos materialización.

Es lo que hicimos en RiNo, y para hacerlo, como mínimo uno de nosotros debería entrar físicamente en el mundo espiritual. Son temas completamente diferentes.

—Este ejercicio sólo necesita un paseo espiritual —dijo Gwen—. Nos dará la oportunidad de trabajar juntos, en lugar de enfrentarnos. Estaremos allí con nuestra aura para proteger a Amber.

—Para protegernos a todos —dijo Kane.

Bian se calmó, no estaba convencida pero no podía dar ninguna otra razón para evitarlo.

Gabrielle me tocó el brazo. La joven alocada e hiperactiva se había transformado en una mujer tranquila y profesional.

—Vamos a ponerte en un ambiente en el que te sientas cómoda y que tengas controlado —dijo— y luego visualizaremos un camino hasta la casa de Weaver. Cogeré tu aura y será como si volásemos. Será divertido.

Asentí y escondí una sonrisa. Tenía algunas ideas sobre lo que era divertido que posiblemente no debería compartir con esta mujer.

Puso una silla en el centro de la habitación y le dio un golpecito.

—Siéntate aquí y empecemos.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo: en parte por la anticipación y en parte por la acumulación de la magia. Por un lado, Gwen y Gabrielle; por el otro, Flint y Kane.

Magias muy diferentes.

—Vi cómo reaccionaste con la materialización del mundo espiritual de Gwen —dijo Gabrielle—. No iremos a un nivel tan profundo con una proyección de aura, pero creo que podemos trabajar con tu imaginario.

—Tienes que explicarme toda esa jerga.

—En algún momento —contestó— cuando no tenga un fuego encendido bajo mi culo.

Tuve que reírme, también me sentía un poco avergonzada por haber pensado que quería tenderme una trampa para que fracasara.

Caminó detrás de mí y sus manos se posaron en mis hombros para acercarme al respaldo de la silla.

—Relájate —dijo—. Vamos a seguir con toda esta bonita sensación de los nativos americanos. Vamos a empezar respirando profundamente.

Seguía estando en tensión. Sus dedos expertos masajearon mis hombros y músculos del cuello hasta que estuve lo suficientemente relajada.

Tras cinco minutos, empezó a tatarear en voz baja, con un ritmo similar al que Nick Gray, el cambiaformas, utilizaba en los rituales. Era nativo americano clásico y sencillo: HEY-ya, hey-ya, hey-ya, HEY-ya, hey-ya, hey-ya. Su pie golpeaba el suelo siguiendo el ritmo.

Flint estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, al lado de una mesilla que había movido hacia mí.

Empezó a rasgar la superficie de la mesa con una mano y golpearla con la otra.

Kane también tatareaba mientras se movía por la habitación, y era como si el sonido se moviera, mezclándose con los demás sonidos.

Todos se fundían en un ritmo relajante e hipnótico.

La habitación estaba muy caldeada, me recordaba al calor de las hogueras cuando hicimos el ritual en Bitter Hooks. Gwen cerró las cortinas, para mantener la pieza a oscuras.

Podía sentir a Gwen, aunque estuviera detrás de mí, tenía ese tipo de gravedad, me atraía hacia ella. Era fuerte.

—Cierra los ojos —susurró Gwen.

Lo hizo. Para entonces, estaba tan relejada que me resultaba difícil seguir erguida. No era como si me sintiera pesada, al contrario. Era ligera como una pluma

Gabrielle me recogió el pelo en una trenza floja y luego sus dedos trazaron dibujos en mis párpados, mis mejillas, una y otra vez, casi sin rozarme.

Mi cuerpo latía al ritmo del sonido que hacían Flint y Kane. Toda la habitación latía a ese ritmo. Podía sentir las paredes moverse como un corazón latiendo.

Gabrielle había conseguido pintura en algún sitio. Podía sentirla en mi piel, ligeramente aceitosa. Dibujaba pinturas de guerra en mi rostro. Rayas negras que iban desde el puente de mi nariz hasta mis mejillas, mi frente, mis párpados, hasta formar una banda continua.

Una locura.

Empecé a flotar. Ya no había habitación, ni sensación, ni ritmo que no fuera parte de mí.

—Ábrete. —Un susurro perdido en el canto. Como el murmullo del viento, en los pasos altos de las montañas. Un viento que traía aromas de prados lejanos y calurosos, lugares apacibles.

—Ábrete.

Me incliné hacia delante, sintiendo cómo un sendero se abría en la oscuridad delante de mis ojos.

Era como si tuviera que luchar contra un peso para levantar los párpados. Entonces, de repente, se abrieron de par en par y el mundo se precipitó sobre mí.

—¡Mierda! —maldijo alguien.