El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 31
46%

Capítulo 31

Le pedí a Julie que describiera sus impresiones de la visita a Weaver y el intento de emboscada que hubo después. Le dije que yo añadiría cualquier cosa que hubiera olvidado.

Tal y como lo imaginaba, Julie hizo un resumen bueno y neutral. A ninguno de nosotros nos gustaba Weaver, pero tampoco teníamos razones suficientes para no trabajar con él si el objetivo era traer a Tullah de vuelta.

—Es nuestra mejor opción —dije.

La discusión se ralentizó. Los demás pensaban que no teníamos que tomar una decisión final sin saber lo que la Hécate podía ofrecer, y parecía claro que no podíamos trabajar con ambos.

Julie se mostró inflexible con el hecho de que sólo porque Weaver nos dijera que no se podía confiar en ella no era motivo suficiente para no hablar con ella.

—Aparte de secuestrar a Amber…

Tuve que reírme. « Sí, aparte de secuestrarme a mí. Y haber espiado a Alice. »

—A parte de eso —continuó Julie, imperturbable—, ha sido relativamente amable y dice que lo único que quiere es reunirse con el dragón. Digo que como mínimo hagamos eso.

Eso estaba en la lista de cosas para mañana, que ya era hoy. Aunque era tarde, nadie dio muestras de moverse. Tenía la sensación de que estaban esperando que me fuera a la cama, pero estaba estirada en el sofá y la cama me parecía demasiado lejos.

—También es parte de la Liga de Adeptos del Norte, que tiene una gran comunidad en Nueva York, así que tenemos que avanzar con cuidado y mantener a Skylur informado. Lo haré a través de Bia —dijo Pia, cerrando ese tema y pasando a qué íbamos a hacer con Tove.

La chica había tomado una buena decisión, una muy valiente: volvió a pedirnos ayuda. Pero Amanda se apresuró a decir que puede que Tove no hubiera llegado todavía al punto en el que podríamos ayudarla de verdad.

—Puede que esté en esa fase realmente difícil, en la que cree que la podemos ayudar, pero no quiere; en la que cree que tiene todo bajo control y que puede gestionar su necesidad de drogas.

Si la presionamos demasiado rápido, podría encerrarse en sí misma, asumir la drogadicción como parte de sí misma e intentar gestionarlo por su cuenta.

—Naturalmente también podríamos ignorar ese enfoque suave y delicado y morderla —dijo Keith—. Los bioagentes Athanate eliminarían cualquier dependencia física o necesidad de drogas, ¿verdad?

Conocía a mi antiguo novio y sabía que no lo decía en serio. Quería que se expusieran las razones y argumentos mientras que Kane estaba sentado y escuchando. Quería que Kane viera cómo funcionaba esto.

Quería una discusión y la tuvo. Sí, los bioagentes eliminarían la adicción, y las capacidades telérgicas del Athanate borrarían el recuerdo del mordisco, pero la memoria de su vida como adicta era demasiado.

Borrar tanta memoria, probablemente, no sería posible y, si lo fuera, dañaría la salud mental de Tove.

Más que eso: como con Kath, era inmoral imponer una solución a Tove.

Cerré los ojos y les dejé hablar, centrando mi atención en mi interior. Nadie se movía, pero todos parecían alejarse de mí. Miré a mi interior y descubrí qué estaba esperando.

« Podía curar a Tove. Y a Kath. Sin borrar la memoria. Sin bioagentes. Sin daños. Estarían sanas y felices. Podía estar segura de eso.

¿Por qué no utilizar esto? ¿Sólo por una cuestión de moralidad?

Todo lo que haría falta…

Alcanzar y usar ese poder.

Un enorme poder. »

Abrí mis ojos, en estado de shock.

¿Podían sentirlo los demás? La casa entera parecía estar reteniendo la respiración. El poder que sentí durante la pelea estaba aquí. Justo aquí. Hirviendo a nuestro alrededor.

« No, no pueden sentirlo.

Porque no está ahí. Está aquí, en mi interior.

Es parte de mí. Siempre lo ha sido. »

Me levanté del sofá, lo suficientemente rápido para llamar su atención.

—Lo siento —dije—. Seguid hablando, chicos. Me voy a la cama.

El grupo se despidió entre bostezos y abrazos cansados.

—Sí, buena idea.

—Mañana es un gran día.

—Ja, hoy querrás decir.

—Buenas noches.

Dejé los buenos deseos detrás rápidamente. Necesitaba ducharme. Necesitaba frotarme hasta estar limpia. Seguramente todavía había rastro de la sangre de Victoria en mi pelo, en contacto con mi cuero cabelludo y me estremecía sólo de pensarlo.

Puede que cuando el último rastro de sangre desapareciera, me librase de la desagradable sensación de ese poder pidiéndome que lo usara. La sensación de tenerlo.

Puede.

Scott había conseguido ducharse y secarse él solo antes de que el cansancio se apoderase de él. Estaba estirado en la cama, completamente desnudo y profundamente dormido. Parecía que no iba a dormir en el sofá.

Resoplé y lo dejé allí. Mi ducha era más importante que moverlo de sitio. O deleitarme con su cuerpo por muy agradable que fuera.

Abrí el grifo a la máxima temperatura. Durante unos minutos estuve maravillosamente sola, escondida del mundo mientras frotaba los últimos restos de la pelea que quedaban en mi cuerpo.

Sola con mis pensamientos.

¿Y si Diana no me hubiera curado completamente en Los Angeles?

¿Y si esto fuera la locura que estaba volviendo?

No, el poder era real. Le había succionado masa corporal a Victoria y la había añadido a mis mandíbulas de lobo.

Un lobo adulto de tamaño medio tendría una fuerza mandibular de 400 libras por pulgada cuadrada.

Un hombre lobo sería más grande y más fuerte, pero no lo suficientemente fuerte para morder como yo lo hice.

La fuerza de mi mandíbula había aumentado sin parar.

¿Qué nivel había alcanzado? ¿1000 libras por pulgada? ¿Más? Eso ya era territorio de hienas.

Me llegó el susurro de una voz. Tolly, sentado en la oscuridad me decía lo que su primo, el Lyssae llamado Anubis, diría sobre la magia: « mantente alejada de la magia, especialmente de la magia negra » .

Y le llamábamos Anubis porque, aunque era Athanate, se había transformado parcialmente en lobo y tenía cara de perro. Pero, ¿y si no fuera un perro, sino una hiena?

¿Y si usar la magia negra de esa forma me convirtiera en Lyssae?

Estaba tan cansada que esa idea empezaba a tener sentido para mí.

« ¡Qué locura! Basta ya . »

Sí. Y por eso los Adeptos a veces mataban a los locos, porque parte de ser capaz de usar la energía era pura fe, y algunos locos tenían más fe que los que no estaban locos.

Ese poder no me parecía una locura. Me daba miedo. Me gustaba el miedo. Me había ganado la vida en Ops 4-10 tirándome de un avión, de noche, sin nada más que un traje de goma y un paracaídas demasiado pequeño para aterrizar sana y salva. Me gustaba el peligro, las emociones fuertes y la adrenalina.

No podía dejar de pensar en el poder.

Todo lo que podía hacer era admitirme a mí misma, escondida entre el vaho con mis barreras mentales levantadas, que el poder era tan estimulante como un salto en paracaídas.

Incluso más.

« ¿Por qué no debería hacerlo?

Tendría el control. Lo usaría por las razones correctas. »

Los pensamientos daban vueltas en mi cabeza y salí de la ducha, sintiéndome limpia y agotada. Puede que incluso fuese capaz de dormir cuando me enfriase.

Todo el baño estaba lleno de vapor, así que no pude verme en el espejo. No habría nada para desviar mi mente hacia otro camino, preguntándome qué había pasado con Tara.

Salí del cuarto de baño, desnuda, pero con la toalla que estaba utilizando para secar mi pelo.

Y percibí que había alguien más en la habitación.