Capítulo 30
Llegamos a Manassah sobre las cuatro de la mañana, las dos camionetas juntas.
Amanda y Pia nos estaban esperando, e imagino que era evidente para ellas que Kane y yo teníamos un problema. Pude ver cómo se ponían tensas.
Lo ignoré y le pedí a Scott que fuera al dormitorio principal.
—Dormirás aquí hasta que te estabilices —dije—. Ve a darte una ducha. Hay toallas en el baño. En el armario hay una bata, un edredón y almohadas. Te toca el sofá.
Sus labios se retractaron, pero tuvo suficiente control para no gruñirle a su alfa por darle órdenes así.
Me pasé una mano por mi pelo. El aroma de Scott durmiendo en la habitación iba a volver loco a Alex cuando volviera. Como si no tuviera ya suficientes problemas en ese aspecto con Zane; alguien le habría dicho lo que había pasado justo antes de la pelea.
Y todavía no sabía qué hacer con eso. Me provocaba una sensación extraña e incómoda, como recordar algo que había hecho estando borracha. Era vergonzoso. Desconocido.
« Esa no era yo. »
Kane se fue sin decir nada y eso me devolvió a mis problemas inmediatos.
Levanté una mano para indicar que tenía que hablar con Amanda y luego presenté rápidamente a los demás.
—Ella es Rita, Lynch; Pia y Amanda. —Los señalé. No iba a dar muchas explicaciones esta noche—. Rita y Lynch se quedarán con nosotros por un tiempo.
Pia y David intercambiaron un mensaje silencioso con la mirada, y David se llevó a Rita y a Lynch a buscar una habitación disponible. Tan caballeroso como era, incluso se ofreció a llevar la mochila de Rita. El sonido de la risa de la mujer puma resonó por el pasillo.
—Amanda, me he disculpado con Kane…
—¿Qué ha pasado?
—Te lo explicaré luego, pero extraje magia a través de él. Magia negra. De verdad, no quiero perderte, pero no estoy segura de poder decirle lo que él quiere escuchar de mí. No puedo decirle que no volveré a hacerlo. Por favor, habla con él, y luego ven a hablar conmigo.
Fue rápidamente a buscar a Kane, parecía preocupada.
—¿Quieres hablar de eso con nosotros, jefa? —Pia me llevó al salón y me sirvió un ron.
Julie y Keith se sentaron en silencio en el pequeño sofá y esperaron.
No sabía por dónde comenzar.
—Tove ha vuelto —dijo Pia al ver que yo no iba a hablar enseguida—. Estaba nerviosa, pero creo que llegaste a ella. Parece estar cerca de darse cuenta de que tiene un problema y que, posiblemente, somos la mejor oportunidad que tiene. Está durmiendo ahora.
—También me devolvió el dinero —dijo Keith—. Está en la caja fuerte.
Hubo otro de esos silencios de espera en la conversación.
—David nos ha explicado lo que pasó en la reunión de hombres lobo —dijo Julie, girando su cabeza hacia la puerta por donde había salido Amanda—. Pero está claro que hubo algo más bajo la superficie. ¿Por qué no empiezas por cuando te fuiste y nos dejaste fuera de la discoteca?
« Era una petición razonable. »
No quería, pero era mi Casa. Debía decirles la verdad, así que comencé hablando por del porqué Zane vino a buscarme y nos llevó a la reunión en la fábrica de fertilizantes.
No había llegado muy lejos, no más allá de la historia tras el desafío de El Paso, cuando Amanda volvió con Kane y Flint.
Se me cayó el estómago cuando vi el rostro de Amanda, pálido de ira.
¿Haber utilizado a Kane para canalizar magia de sangre era suficiente para romper el juramento Athanate que había hecho por su Casa? ¿Los había perdido?
Se sentó rígida a mi lado. Flint y Kane se sentaron en el suelo con las piernas cruzadas.
—He hecho un juramento —dijo, sin mirarme a los ojos—. Necesito escuchar lo que ha pasado, desde tu punto de vista.
« Mierda. »
Otra interrupción más: Rita y David.
Rita cogió una silla, David se acercó y se quedó detrás de mí para masajearme el cuello. Hasta que sus dedos presionaron mis músculos, no me había dado cuenta de lo tensa que estaba.
Flint estaba tranquilo y su rostro no estaba tan cerrado como el de Kane.
Empecé de nuevo. Volví a explicar la situación de la Liga del Sur: la necesidad de permitir que algunas de las antiguas tradiciones se mantuvieran mientras se hacían cambios tan importantes en la independencia de las manadas.
Cómo el desafío de El Paso se incluía en esa zona gris.
La forma en la que Félix y Cameron pensaban que tenían que protegerme.
La flexibilización de las reglas para excluirme de la pelea.
Mi explicación sobre lo que pensaba que habría causado más daño.
Continué con la explosión de emociones cuando escuché la solución de Cameron, mi rechazo instintivo a permitirla seguido por la cruda realidad: Alex en un combate individual contra Caleb tenía más posibilidades que un dos contra dos, porque Victoria me superaba luchando como loba y eso le dejaría solo frente a los dos.
—¿Y tú no podías luchar en forma humana? —preguntó Amanda—. ¿Habrías sido mejor así?
Rita contestó por mí.
—No cuando se trata de un desafío formal, con vidas y manadas en juego. Tienes que luchar como un lobo. —Levantó una mano para impedir que continuase—. Puede que sea sólo un detalle, pero estabas actuando de forma extraña antes de la pelea.
Se me cerró el estómago. ¿Tenía que explicar eso también? ¿A mi Casa?
Pero ella tenía razón. Tenía que explicarlo porque ellos eran mi Casa. Incluso Rita.
—Esto no se puede hablar fuera de la Casa —dije, y le sostuve la mirada a Rita hasta que asintió—.
Mientras Cameron y Félix estaban todavía hablando en la parte trasera de la fábrica, Zane trajo a las Belles para que lo cubrieran y vino a alertarme sobre lo que estaba sucediendo.
Para avisarme de que no participara en el desafío.
—Eso salió bien, ¡menuda sorpresa! —dijo Keith, con una sonrisa torcida y tratando de aligerar el ambiente. Julie le dio un codazo en las costillas.
—Sí, bueno, supongo que Cameron lo envió, pero se supone que no tenía que decirme nada y estaba preocupado porque la manada de El Paso o sus amigos pudieran estar mirando. Así que fingió venir para…
Sentí cómo me sonrojaba.
—Yo no… no sé lo que pasó. Cuando Rita dice que estaba actuando de forma rara, supongo que se refiere a cuando estaba acorralada contra la pared.
—Él intentó… —comenzó Pia.
—No, no me forzó —dije. Mi cara estaba ardiendo—. Yo me tiré a sus brazos.
—Por lo que pude ver, fue algo mutuo —dijo Rita tranquilamente—. Aunque no habría esperado otra cosa viniendo de su parte.
—No es lo que yo habría esperado de mí. —Desvié la vista al techo para evitar las miradas de los demás—. Por un momento pensé que alguien me había echado algo en mi cerveza en la discoteca, pero… —Me encogí de hombros—. Para entonces, ya lo habría eliminado de mi organismo.
—No necesariamente —dijo Amanda—. Pero no creo que tengamos que profundizar más en eso. Estabas actuando de forma extraña. ¿Quieres decir que también afectó tu decisión de pelear y lo que ocurrió en la pelea?
—No. —No sabía expresarlo con palabras—. Si Zane se me hubiera insinuado, digamos, ¿hace un año? Oye, está buenísimo y me atrae. Pero la decisión de pelear no tuvo nada que ver con sentirme rara. Sentirme rara tiene que ver con haberme liado con él sólo unos días después de…
Levanté mi mano con los anillos gemelos que Jen nos regaló. No, no estábamos casados, pero estábamos comprometidos entre nosotros.
« Lo que eso significase.
Jen diciendo que entendía lo de Bian.
Que había hablado con Alex sobre eso. Que él estaría de acuerdo.
¿Pero Zane? Oh, no. Una historia completamente diferente para Alex. »
En voz alta dije:
—Era casi como si le estuviera pasando a otra persona. Como si no me importara, como si no pudiera retenerme. Nada que ver con la pelea.
Cerré los ojos.
« La pelea . »
Sentada allí, en la lujosa comodidad del salón de Manassah, debería haberme resultado difícil recordar y captar ese horror y esa fascinación por el difuso poder que acechaba en la oscuridad.
El terror en todo eso. Saber que había estado esperando allí a que yo llegara de esa forma tan urgente.
Saber que era una especie de trampa. Algo que no podía deshacer.
Saber que mi desesperación formaba parte de la trampa.
No me costó nada recuperarlo. Estaba grabado a fuego en mi mente y, mientras yo titubeaba para expresarlo con palabras, el eukori de Pia se deslizó sin esfuerzo. Luego David. Amanda. Abarcando a Julie, Keith y Rita. Flint. Por último, Kane.
Todos se convirtieron en testigos del impacto que me caló hasta los huesos, visto de cerca a través de mis ojos.
Alex, desequilibrado por nuestro peso combinado sobre su espalda y los colmillos en su cuello.
Caleb, dispuesto a matarlo.
Saber que Alex moriría.
Aceptar la trampa porque no podía dejar que muriera.
Absorber ese poder a través de Kane, sin saber cómo ni por qué.
Terror y fascinación.
El horror de saber lo que les estaba haciendo tanto a Kane como a Victoria.
Los sentimientos de Kane, impactantes, agudos y profundos como heridas de cuchillo.
Los recuerdos del dolor que estallaban en mi cuerpo mientras la magia surtía efecto. Ira. Miedo. Sensaciones y emociones oscuras. Alimentándome de ellas, haciéndome más fuerte. Lo obsceno de todo ello: utilizar el terror de Victoria como parte de lo que me permitía matarla.
Su desesperación.
La necesidad violenta mientras la mataba.
Y después, el asco que me producía todo aquello. Las náuseas por lo que había hecho.
Las lágrimas se acumularon en mis ojos.
Amanda se arrodilló y abrazó a Kane. Flint los abrazó a ambos torpemente.
David siguió masajeándome el cuello. Pia se acercó para apretar su cuerpo contra el mío.
Como si el contacto físico pudiera aliviar parte del dolor que bullía en ambos.
Y sí que me ayudó.
« Mi Casa. »
—Lo hecho, hecho está —dijo Pia.
David negó con la cabeza.
—Sinceramente, mejor esto que la alternativa.
Amanda se volvió hacia mí, con los ojos inquietos, pero firmes.
—Aún tienes mi juramento —dijo.
Se volvió para mirar a Flint.
Él asintió sin dudar.
Kane; su aceptación fue lenta, pero no a regañadientes. Había visto lo que había pasado a través de mis ojos. No estaba contento con ello, pero podía sentir su aura a través de mi eukori.
—Mañana hablaremos con Kaothos y Alice. —Pia me besó en la mejilla y apoyó la cabeza en mi hombro—. Ellos sabrán lo que es y cómo lo gestionamos cada uno.
Su presión sobre mi eukori empezó a resultarme incómoda. Los aparté con suavidad y aceptaron mi necesidad de intimidad.
No era exactamente eso.
La idea de que Kaothos y Alice husmearan en mi eukori me inquietaba. Como si... como si fuera lo que fuera, esa oscuridad inquietante, fuera mía. Algo que debía gestionar yo sola.