El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Cuando Rita dejó de moverse, adoptó una quietud tan misteriosa que podías olvidarte que estaba ahí.

Kane ni siquiera había parpadeado cuando Weaver hizo el comentario sobre ser un Adepto fuera de la ley.

Si ambos se habían movido así, eso me indicaba que la última afirmación de Weaver no tenía el mismo nivel de verdad o ambigüedad que las otras cosas que había estado diciendo.

Interesante.

Tendría que volver a eso, pero mientras estaba hablando abiertamente, quería saber más de su perspectiva sin que él supiera lo que estaba buscando.

Si iba a ser una pieza en el hechizo de la comunidad de Denver, debería bajar mis barreras y, en cuanto lo hiciera, sabrían el tipo de magia que usaba.

Sabrían que el ritual de los escorchados se basaba en magia de sangre.

Me daba miedo que percibieran que había usado magia de sangre para ganar el desafío de El Paso si les dejaba entrar en mi mente.

Me sorprendió que Weaver no lo hubiera percibido ya en mi aura. O tal vez pensara que era porque venía directamente de matar a mi rival, y que no tenía nada que ver con la forma en que la había matado.

¿Seguirían trabajando conmigo cuando supieran lo de la magia de sangre? ¿O se horrorizarían como Flint y Kane?

El silencio se había prolongado demasiado. Weaver estaba esperando un «sí».

—Entonces, ¿tu comunidad está de acuerdo en trabajar con una Athanate como yo? —dije en cambio—. Ya sabes, el mismo Athanate diabólico que, según tú, roba almas.

Weaver hizo una mueca.

—Ese es un lenguaje de las antiguas supersticiones chamánicas, procedente de Adeptos que han adoptado nuevos métodos a partir de lo chamánico.

Lo era. La madre de Tullah, Mary, había utilizado esas palabras: el precio de la larga vida de los Athanate era las almas de las personas que daban su Sangre.

—Supongo que tu tendrás palabras más modernas, entonces —dije.

Weaver se giró y fue hacia una estantería detrás de él, en busca de un libro antiguo y fino.

El título era Discurso sobre el libre albedrío y la determinación .

Levanté las cejas.

—Palabras modernas —dijo Weaver con una sonrisa—, para una discusión que ha mantenido ocupadas a las mentes más brillantes durante cientos e incluso miles de años. Estas son las cartas que se enviaban Erasmus y Luther en el siglo XVI.

Lo apartó a un lado.

—Lo expresaron todo en términos religiosos cristianos.

Erasmus dijo que la humanidad tenía la opción de elegir entre el bien y el mal y que, por lo tanto, debía tener libre albedrío.

Luther dijo que estamos sujetos a la voluntad de Dios o a la de Satanás.

Y aunque ninguno de los dos lo dijo textualmente, otros han equiparado el libre albedrío del que hablaban con el alma.

—Los Athanate se alimentan de la Sangre de sus parientes, no de sus almas —dije.

—En efecto, esa es la realidad precisa y observable, y no estoy tratando de establecer una conexión metafísica entre la Sangre y el alma.

Pero dime, ¿qué libre albedrío tienen los parientes?

No los individuos, entiéndelo bien, sino en su conjunto.

¿Cuántos deciden que ya no quieren ser parientes?

¿Cuántos lucharían contra lo que desean sus amos Athanate?

Con el tiempo, ¿cuántos simplemente lo aceptan?

—¿Y eso es el alma?

—Intento no utilizar conceptos que sólo puedan llevar a discutir definiciones subjetivas de intangibles.

El problema fundamental es que la comunidad de Adeptos cree que los Athanate, ya sea de forma intencionada o no, les quitan el libre albedrío a sus donantes de Sangre.

—Levantó las manos—. Es un tema para debatir mucho más adelante.

Pero, para responder a tu pregunta, sí, colaboraremos contigo en esta cuestión de vital importancia y, después, cuando nos venga bien, podremos debatir juntos sobre cómo podrían progresar los Athanate sin infringir el libre albedrío de sus donantes.

Respiré hondo. Maldita sea, él y la Hécate tenían argumentos incómodos que eran difíciles de rebatir. Jen y yo habíamos hablado de esto, y no me creía su visión de los parientes como esclavos. Pero al menos había abierto la conversación lo suficiente para mi siguiente pregunta.

—Este rayo de conciencia que dices que vas a crear tiene que ser poderoso. ¿Significa eso que es magia negra?

Weaver parpadeó y frunció los labios.

—No nos gustan esas viejas descripciones como alma y magia negra. Existe la energía y se utiliza en hechizos. Puede ser más difícil o más fácil. Todo lo demás es una construcción humana de percepciones que se sobreponen.

Era mi turno para parpadear y noté que Kane se movía de nuevo. A mi pequeño Adepto no le gustaba ese resumen de Weaver.

Pero a mí me gustaba como sonaba. La magia es neutra.

Todo lo demás es la persona o personas que la utilizan.

Incluyendo adición, maldad, robo de almas y todo lo demás.

Sólo percepciones humanas intentando darle un sentido a lo que estaba pasando, utilizando términos reales y tangibles que podíamos entender y comunicar.

Excepto que no lo sentía así. El poder que yo sentí, y que canalicé a través de Kane, no parecía un poder neutral y objetivo; era como algo que quería ser usado, algo con intención. Algo que podría susurrarme en la oscuridad y, si le diera un poco de margen, no cedería un ápice.

—Ha sido muy interesante, gracias —dije—. Prometí que hablaría con la Hécate mañana… bueno, más tarde hoy. Pero creo que podemos decir que hemos llegado a un acuerdo sobre traer a Tullah de vuelta.

Weaver estaba a punto de objetar, posiblemente sobre el hecho de que hablara con la Hécate, así que terminé mi bebida y me levanté.

Para ser sinceros, hay que reconocer que nos acompañó amablemente hasta la puerta y nos despidió con un apretón de manos. Habría sido de mala educación rechazarlo, pero me arrepentí enseguida, al recibir otra descarga estática como cuando tocó mi mano en la discoteca.

« ¿Qué le pasaba a este tipo? ¿Tenía ropa interior de poliéster o algo así? »

No me había dado suficientes razones para que no me gustara, pero estaba deseando salir de allí.