El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 28
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Capítulo 28

Julie, Scott, Kane y Rita me siguieron dentro. Lynch, Keith y David se quedaron fuera.

La habitación parecía ser el estudio de Weaver y en el centro destacaba un viejo escritorio de roble. Donde las paredes no estaban cubiertas de libros, había más obras de arte, esta vez panorámicas en relieve de bronce, que representaban de nuevo las antiguas escenas mineras.

Weaver se puso de pie, ignoró nuestras armas y pidió más sillas. Su comportamiento no tenía nada que ver con su actuación en el club.

—¿Bourbon? —ofreció, levantando una botella de Woodford Reserve de una mesa junto al escritorio.

Cogí un vaso. Los demás negaron con la cabeza.

El anciano Adepto trajo unas sillas apiladas y volvió a salir.

Todos, excepto Rita, se sentaron. La licántropa se apoyó contra la pared y se quedó inquietantemente estática, con los ojos verdes fijos en Weaver mientras este se recostaba tras su escritorio y degustaba su bourbon.

—¿Podemos empezar de nuevo? —preguntó.

Asentí con la cabeza.

No confiaba en Weaver, pero iba a dejarle hablar. Quizá él pudiera ayudarme a encontrar a Tullah. Entonces sólo sería cuestión de reunir a Kaothos con Tullah y dejar que ellas dos se encargaran de la comunidad local de Adeptos.

La primera vez que nos vimos, en otoño, antes de que conocer un poco más del mundo paranormal, no pensé que fuera peligroso. Este hombre dirigía la comunidad de Adeptos de Denver. Sólo por eso debía tener cuidado.

Era un hombre corpulento, de casi metro noventa, con oscuros ojos marrones, hombros anchos y pelo rizado del color de las antiguas monedas de cobre. Llevaba vaqueros, camisa negra y unas botas Chelsea brillantes. Sobre el respaldo de su silla colgaba una chaqueta de cuero formal.

Fui directa al grano.

—Bueno, ¿cómo encontramos a Tullah? —dije.

Bajó la mirada hacia su copa y se rascó la barbilla antes de responder.

—Primero, ¿quién es ese plural?

—Mi Casa y Casa Trang.

—¿Sin la Hécate?

Por el tono que había empleado ahora y la reunión que tuvimos en la discoteca, era evidente que no estaban trabajando juntos. Y también podía apostar que no estaba tan bien informado como Gwen; no sabía que Tullah y Kaothos estaban temporalmente separadas.

Algo que debería mantener en secreto.

—No —contesté—. Casi no conozco a la Hécate y, teniendo en cuenta que antes había intentado matar a gente que ahora forma parte de mi Casa, no tengo demasiado interés en trabajar con ella. Aunque, si puede ayudarme, ¿por qué no recurrir a ella?

Refunfuñó y se recostó en su silla.

—No se puede confiar en ella.

—Ya, todos queréis a Tullah para vuestros propios objetivos —dije—. Lo que yo quiero ahora es verla volver sana y salva. Alguien o algo está evitando eso. Ayúdame a encontrarla y entonces hablaremos con ella sobre con quién quiere trabajar ella.

Se pasó una mano por el pelo.

—Estoy dispuesto a trabajar contigo con esas condiciones. La Hécate no será tan complaciente. No importa lo que te cuente, ella quiere el dragón por encima de todo. Tú y todos los demás, incluida Tullah, sois elementos secundarios.

Weaver estaba muy preocupado por la posibilidad de que yo pudiera colaborar con Gwendolyn. ¿Por qué? ¿Qué tenía yo que pudiera marcar la diferencia para la Hécate?

« Inesperado. »

Habría pensado que la Hécate creía que yo era importante sólo porque podría garantizarle acceso para hablar con Kaothos y Diana.

Pero tenía la impresión de que Weaver no sabía que Kaothos estaba en Haven.

Él pensaba que Kaothos estaba escondida con Tullah.

Así que, ¿por qué pensaría que la Hécate quería trabajar conmigo?

Dejé eso a un lado, no confiaba en él lo suficiente como para preguntarle.

—Dices que el bienestar de Tullah es importante para ti, pero fuiste tú quien le lanzó un bloqueo para que no pudiera seguir utilizando su magia.

Asintió.

—Lo hice por su propia seguridad. ¿De verdad pensabas que ella tenía el control en Carson Park, cuando el dragón se escapó? Al final salió bien, pero fue cuestión de suerte.

¿Tenía razón? Tomé un sorbo de mi bourbon y lo pensé. Si ella hubiera tenido el control, puede que Kaothos no hubiera terminado con Diana.

—Hay un trasfondo en tu comentario. Los Athanate son siempre muy rápidos a la hora de juzgar a los Adeptos para las difíciles decisiones que debemos tomar —continuó—.

No os gusta cómo protegemos a la comunidad paranormal eliminando a aquellos que no pueden o no quieren seguir las reglas, a pesar de que vosotros también tenéis vuestros propios métodos.

Su mirada se dirigió a Kane y recordé que Gwendolyn había dicho algo parecido sobre Adeptos renegados.

—Que yo sepa, Tullah nunca ha infringido ninguna regla —dije—. Hasta el momento en que le impusiste el bloqueo.

Se rascó la barbilla.

—De hecho, infringió varias, entre ellas no informarnos de la naturaleza de su espíritu guía. —Levantó las manos—. Eso es agua pasada y ya no importa. Lo que quiero decir es que el resto de la comunidad paranormal toma sus propias decisiones difíciles sin apreciar las nuestras.

Levantó un dedo para señalar a Scott.

—Por ejemplo, tu nuevo hombre lobo está más tranquilo ahora, pero estaba a punto de convertirse en un berseker rabioso hace unas horas en el club.

Si hubieras tenido la capacidad de ponerle un bloqueo temporal para evitar que el lobo emergiera o que tuviera una explosión de ira, lo habrías usado, sin ninguna duda.

En cambio, te ha tenido que acompañar, a pesar del peligro y los inconvenientes que eso podía ocasionar, para que pudieras actuar si daba signos de volverse renegado.

Scott levantó los labios. No fue exactamente un gruñido, pero estaba cerca.

De todos modos, los comentarios de Weaver —al igual que los de la Hécate— parecían lógicos y sensatos; no podía discutirlos.

Pero, incluso así, no me parecían correctos.

No podía decir si estaba mintiendo, pero pensaba que, al igual que yo, él estaba diciendo las cosas a medias para no parecer que mentía.

Cambié de estrategia.

—Hablemos de enemigos comunes, entonces. ¿Qué está evitando que Tullah vuelva a Denver? O, lo que es más importante, ¿quién?

Abrió sus manos en un gesto de incerteza.

—¿Puede que el Imperio? Tienen Adeptos en el país, como sabes. Y aunque Altau haya conseguido convencerlos para que se vayan, eso no quiere decir que algunos no hayan vuelto a escondidas. O puede que sea la Hécate, que nos esté distrayendo mientras sus Adeptos salen de caza.

—Vale. —Escuchaba lo que decía, pero no estaba de acuerdo; todavía no confiaba en él más que cuando llegué—. ¿Y cómo conseguimos que vuelva? ¿Por qué recurres a mí? ¿Qué crees que puedo hacer yo que tú no puedas?

—Ah, bueno, verás, tú eres la clave, por cuatro razones.

—Empezó a contar con sus dedos—. Eres miembro de la comunidad paranormal, así que no hay problemas de seguridad por trabajar contigo.

Tú misma tienes algún tipo de habilidad con la energía; lo que puede ser de ayuda.

Eres una amiga cercana de Tullah y estás motivada para encontrarla. Y también eres amiga de sus padres.

—Por lo que estás insinuando, ¿hay algún tipo de magia de localización que nos implica a mí y mi amistad con Tullah? —Levanté las cejas mirando a Kane, pero él seguía impasible—. ¿Una versión más fuerte de cosas como eukori y la Llamada de los lobos?

—Sí, —dijo Weaver, continuando—. Es un hechizo estructurado que es demasiado complejo y peligroso para la magia chamánica.

Utilizándote como foco, la comunidad trabajando junta nos permitirá proyectar tu conciencia, una sensación de ti, como un rayo de luz en la oscuridad, y sintonizarla con Tullah, para que otros no puedan escucharla.

Ella reconocerá tu aura y responderá, aunque puede que se necesiten varios intentos.

Flint y Kane habían conseguido localizar a los Adeptos de la Liga del Norte en RiNo, así que no acababa de creerme que esto era demasiado complejo para la magia chamánica. Pero tampoco se lo iba a decir. Sonaba como un nivel superior de complejidad.

—¿Podremos hablar Tullah y yo mientras usemos eso? ¿O sólo recibirá una sensación de mi aura?

Negó con la cabeza.

—No se puede hablar. Cuando ella responda, serás capaz de percibir su dirección.

—Sus manos se desplazaron por el escritorio para ilustrar sus palabras—.

Entonces nos moveremos a un lado y lo volveremos a intentar.

Otra lectura… —Dibujaba líneas con sus dedos—.

Y cuando las lecturas se encuentren, allí será donde ella deba estar, atrapada de alguna manera.

—Lo entiendo. Pero estás diciendo que soy la clave. Hay gente en la comunidad de Adeptos de Denver que conoce a Tullah de toda la vida, a quien ella debe conocer tan bien como me conoce a mí, o incluso mejor.

Parecía avergonzado.

—Ya no confía en nuestra comunidad. —Se echó atrás en la silla y suspiró—. Es por el bloqueo y todo eso fue culpa mía; pero como ya he explicado, sólo estaba intentando hacer lo que era más responsable.

—No creo que sea sólo por el bloqueo, Weaver. Lideraste una revuelta contra su madre para dirigir la comunidad de Denver.

—No. Actué estrictamente dentro de las normas establecidas por la comunidad —dijo—.

En caso del uso letal de magia sin licencia previa, cualquier miembro de la comunidad es suspendido de todos sus cargos para abrir una investigación.

Todos hemos aceptado esas reglas. Yo era sólo el siguiente en la jerarquía.

Resoplé. Tenía una respuesta para todo.

—Vale. Entonces, tu comunidad se centra en mí y envía una señal —dije—. Pero no tenemos una respuesta de Tullah a menos que ella quiera. ¿Lo he entendido bien?

—Exacto.

—¿Y Tullah puede ver que no estoy sola, que soy yo trabajando contigo?

—Sí, sabrá que somos nosotros.

Tanto Kane como Rita empezaron a moverse por primera vez desde que Weaver había empezado a hablar.