El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 27
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Capítulo 27

Weaver vivía en la pequeña ciudad de Erie, a medio camino de Longmont, y ya era más de medianoche. Aunque él hubiera dicho que no importaba la hora, yo no quería que siguiéramos conduciendo para encontrarlo en la cama. Así que le llamé por teléfono.

—¿Hola? —dijo una voz de hombre. No Weaver, un hombre mayor y una pregunta cauta.

Fui educada.

—Disculpe que llame tan tarde. Soy Amber Farrell. Me dijeron que fuera a visitarles en cuanto estuviera disponible. ¿Podría hablar con Weaver, por favor?

—Por supuesto, señora Farrell. Un momento, por favor.

La amabilidad parecía estar de moda esta noche.

—Gracias por llamarme —dijo la voz grave de Weaver casi de inmediato—. ¿Estás de camino?

—Estamos de camino —contesté, haciendo hincapié en el plural—.

Sólo para que no haya ningún tipo de malentendido, la reunión de lobos a la que debía acudir era un desafío.

He acabado matando a quien me desafió y no tengo ganas de tonterías esta noche.

Tullah y su familia tienen que volver a Denver, sanas y salvas. Empezamos desde ahí.

—Entendido. Me disculpo por mi comportamiento de antes. Y, de nuevo, me gustaría reiterar que se debe a mi preocupación por Tullah. Estoy de acuerdo en que lo más importante es traerla sana y salva. Como tú has dicho, empezamos por eso.

Weaver no podría haber sido más razonable, aunque lo hubiera intentando.

Le dije que estaríamos ahí en media hora, y Rita se dirigió hacia el norte por la I25.

Yo iba en el asiento de copiloto y Kane estaba detrás, apretujado con David, Lynch y Scott.

Se habían dado cuenta de que tenía un problema conmigo y su reacción instintiva fue pagarle con la misma moneda. De eso se trataba ser una manada o una Casa. Kane no estaba nada cómodo ahí detrás.

Y, por mucho que apreciase el apoyo, no estaba bien.

En cierta forma, este era el mismo tipo de problema que tenía con Kath.

Con el apoyo de mi Casa, podía introducirme en la cabeza de Kath y ayudarla, sin importarme lo que ella pensaba.

Pero, a pesar de todas las buenas intenciones, eso sería volver a violarla.

Ella tenía que querer la ayuda, pedir que la ayudase.

También podía cambiar la percepción de Kane.

Lo quisiera o no, yo era Casa Farrell y él formaba parte de mi Casa con el juramento que Amanda me había hecho.

Pero no tenía ningún sentido pedirle a Pia que hiciera un borrador de constitución para mi Casa si yo era la primera que iba a ignorarla.

Quería a Amanda y sus parientes en mi Casa.

Quería que estuvieran en una posición en la que su primera e instintiva reacción fuera apoyarme siempre y bajo cualquier circunstancia.

Pero la parte más complicada era que quería que lo hicieran sin ningún tipo de coacción por mi parte.

—Tranquilidad, chicos —dije por segunda vez esa noche—. Kane tiene una razón justa para estar enfadado conmigo. —Respiré hondo para calmarme—. Voy a explicarlo, pero esto es un secreto de la Casa, ¿entendido?

Asintieron con cuidado.

—Fui capaz de vencer a Victoria canalizando magia a través de Kane para aumentar la potencia de mi mordedura.

Estaba mirando hacia atrás, pero podía sentir la atención y comprensión que me dedicaba Rita. Ella sabía que algo no iba bien.

—No fue sólo magia —dijo Kane.

—No, tienes razón. Como contexto para todos vosotros, Flint y Kane han estado preocupados por la magia que uso en los rituales de escorchados, por ejemplo.

Están preocupados porque para ellos parece magia negra.

Y, aunque no tenía mucha idea de lo que estaba buscando esta noche, lo que ocurrió parece ajustarse a la descripción de magia de sangre o magia negra.

Se hizo un silencio en el coche durante varios segundos, hasta que Scott habló.

—¿Qué implicaciones tiene que sea magia negra?

—Es poderosa —dije—. Puede que más fácil de utilizar, pero también es adictiva.

—Cambia el propósito para el que se utiliza —dijo Kane—. Puede empezar con la mejor de nuestras intenciones, pero mucho poder de ese tipo… termina en maldad.

—Nick no está de acuerdo —señalé.

—Pero ahora, gracias a los problemas políticos licántropos, no vamos a tener a Nick con nosotros —dijo David, buscando la salida correcta—. Pero tenemos a dos Adeptos que podrían ayudarnos para que no se convierta en maldad. Y eso es importante porque los escorchados dependen de ese ritual.

—¿Un ritual que hace más monstruos como lo que hemos visto esta noche?

Kane estaba tan enfadado que no estaba pensando lo que decía.

Los labios de Scott se retorcieron en un gruñido silencioso.

—Lo siento —murmuró Kane.

—Puedo entender que no tengas una buena impresión de la comunidad de hombres lobo después de esta reunión —dije—. De la misma forma que cualquiera podría tener una mala impresión después de una reunión equivocada con Adeptos.

Una parte de mí quería dejarlo así y que meditara sobre ello. Tenía la impresión de que Kane estaría bien, una vez que hubiera tenido tiempo de pensarlo detenidamente, pero tenía que estar segura de él ahora. Necesitaba que me cuidase las espaldas mientras me reunía con Weaver.

—No debería haber hecho eso —dije—. Si hubiera habido otra forma, no lo habría hecho. Pero, bajo ciertas circunstancias, volvería a hacerlo.

—¿Qué circunstancias?

Me giré en mi asiento y fruncí el ceño.

—No puedo darte una lista, pero una amenaza letal a cualquier miembro de mi Casa, yo incluida. Mis asociaciones. Amenaza a la Revelación. Poner en riesgo a un gran número de personas. Ese tipo de cosas. Sería una lista larga, pero siempre teniendo en cuenta que no hubiera otra forma.

—Esa historia de la Revelación es sólo política.

—No, Kane, no lo es. Es una de las razones por las cuales estamos en esta situación ahora, por la que no puedes ser miembro de Casa Lloyd sin ser también parte de toda la comunidad Athanate en los Estados Unidos.

—Respiré hondo—. Sé que tú y Flint pensáis ser lo bastante buenos como para coger a Amanda y pasar a la clandestinidad. No podéis, no es una opción.

Vi reticencia en sus ojos.

—De verdad —dije—. Pero te prometo esto: si no podemos encontrar la manera de que puedas ser parte de mi Casa, liberaré a Amanda de su juramento y yo misma os subiré en un vuelo dirección Irlanda.

La reticencia se transformó en sorpresa. Scott gruñó.

—No quiero hacer eso —dije. Y no lo quería.

Sólo decirlo era como cortarme mi propia carne—.

Te quiero en mi Casa. Quiero que me ayudes con la magia.

Quiero que me ayudes con la relación entre licántropos y Athanate, puede que también con los Adeptos.

Dejaré que te marches si no quieres. Pero esta noche, necesito que me cubras las espaldas cuando visitemos a Weaver.

Que te mantengas alerta ante cualquier truco de magia. ¿Estás dispuesto a hacer eso?

—Sí —dijo tranquilamente.

—Hablad entre vosotros —les dije a todos—. Explicadle la Revelación. Cuéntales sobre la magia negra. Que estemos todos en la misma Casa, al menos por esta noche.

Esperaba haber dado lo suficiente a Kane, sin haber molestado a Scott, que estaba en una posición muy mala. Era pariente de Amanda, pero también mi cachorro.

Se había calmado desde la discoteca. Seguía pareciendo un poco salvaje, pero teniendo en cuenta las circunstancias, creo que lo había llevado bastante bien.

Aunque dudaba que hubiera salido de la zona de peligro.

Suponiendo que tuviera suerte, iba a tener que mantenerlo cerca de mí durante cierto tiempo, por muy incómodo que fuera.

Julie llamó al móvil de David y confirmó que ella y Keith iban delante nuestro. Veinticinco minutos más tarde, los vimos esperándonos de pie al lado del Hill Bitch, que estaba aparcado cerca de la casa de Weaver.

Me atraparon en un abrazo a tres bandas antes de que pudiera decir nada. Mi equipo intuía algo de los acontecimientos de esta noche, incluso sin que dijera nada.

—¿Qué demonios ha pasado? —preguntó Keith.

—Un desafío licántropo —dije, disfrutando del calor de su abrazo y aspirando sus aromas de la Casa Farrell y Yelena, que me hacían sentir mejor.

—Mierda —murmuró Julie.

No quería hablar sobre eso.

—Quedaron segundos.

—Bian ha llamado —dijo Keith, tocando el comunicador en su oreja—. Tienen algún tipo de emergencia. Han visto hombres lobo de la Confederación en Denver.

—¿Ha hablado con Félix?

Keith asintió.

Empecé a preguntar qué hacía Bian rastreando hombres lobo, pero eso no era importante ahora mismo.

—¿Tenéis armas en la Bitch?

—Sí.

Julie me dio mi HK Mk 23 en una funda con cargador, que revisé y luego colgué en mi cinturón.

—Weaver ha dado su palabra, pero quiero que llevemos armas y quiero que sean visibles.

Ambos asintieron y Julie se colgó una MP5 cruzada en el pecho. Keith se colocó en bandolera un surtido de granadas y bombas de luz.

David miró en el maletero del Hill Bitch y sacó una Sig con la que había entrenado.

Scott levantó las cejas. Negué con la cabeza. Hasta que él y Lynch no hubieran entrenado con armas, no los quería disparando cerca de mí.

Kane cruzó los brazos. No le interesaban ese tipo de armas. Me iba bien, siempre y cuando me avisara si Weaver utilizaba cualquier hechizo mágico como intentar llevarnos al mundo espiritual.

Si me daban un segundo, me aseguraría de que fuera el último hechizo que lanzaba.

Pero, ¿cómo recibiría el aviso?

No podía mirar a Kane e ignorar las señales que Weaver podría estar dando.

Mi eukori podría darme una pista, pero ¿quería utilizarlo? ¿Cómo reaccionaría Kane si tuviera que conectar con él a través del eukori otra vez?

Al centrar mi atención en eso, podía sentir ahora mismo ese poder oscuro que había utilizado para matar a Victoria, podía sentirlo hervir en la noche fría.

Magia de sangre.

¿Qué demonios? ¿Por qué había sido capaz de acceder a ella? ¿Podría volver a usar mi eukori de nuevo sin absorber algo de eso?

El recuerdo de eso poder abrasador me debilitó. No entendía nada sobre eso. Cómo lo invocaba, cómo lo controlaba.

¿Tenían razón Flint y Kane? Que se transformaría en maldad y no podía confiar en él.

« Puede. »

E, incluso así, ¿tenerlo disponible? ¿Usarlo para las cosas que tenía que hacer?

Se me erizó el vello de mi nuca y no fue porque hubiera ningún hechizo lanzado cerca de mí. Estaba escuchando el dulce canto de sirena del poder en lo más profundo de mi ser.

« Podría haberlo utilizado para vencer a Félix y Cameron. »

Una locura. No era eso lo que quería. Me estremecí e intenté alejarlo de mi mente.

No… no usaría el eukori en esta reunión. Para los avisos, iba a tener que confiar en poder leer las expresiones y el lenguaje corporal de Weaver.

Igual que en todas esas partidas de póquer, cuando estaba en Ops 4-10.

« Concéntrate » , me dije a mí misma mientras caminaba hacia casa de Weaver.

No sabía qué esperar. Estaba al final de una carretera sin salida, rodeada de árboles y vallas.

Por fuera, era una sobria mansión de ladrillo de dos plantas.

Las habitaciones de la planta superior tenían balcones en forma de media luna, protegidos por barandillas blancas de estilo antiguo.

Supuse que la casa debía de tener al menos siete u ocho dormitorios.

Posiblemente, durante el día tenía unas vistas maravillosas de la cordillera Frontal.

Las luces estaban encendidas en la planta baja y un anciano Adepto nos estaba esperando para dejarnos pasar.

Palideció al vernos de pie en el umbral, la mitad de nosotros armados, pero no hizo ningún comentario, sólo hizo señas para que entrásemos.

Lo seguimos por un pasillo hasta llegar a una sala de estar.

La casa era una extraña mezcla de neoclásico y estilo americano.

Los techos eran abovedados. Las habitaciones estaban iluminadas por candelabros.

Las puertas de los pasillos eran arqueadas, entre esbeltas columnas de estilo griego, pintadas de bronce.

En cambio, la sala de estar tenía una enorme chimenea de estilo rancho con una traviesa de ferrocarril incrustada en la mampostería, que servía de repisa de madera.

Unos cuantos muebles antiguos de estilo western parecían fuera de lugar sobre el suelo de baldosas de dominó.

Las paredes estaban cubiertas de obras de arte panorámicas que representaban escenas de la fiebre del oro.

Olía intensamente a comida picante, carne a la barbacoa, cerveza y vino, pero, aparte del Adepto que nos guiaba, la casa podría haber estado vacía.

A través de un arco, vislumbré una cocina construida en torno a una zona de trabajo central con una encimera de granito brillante que parecía sacada de una nave espacial. Posiblemente ahí estaba el origen de los olores.

Ahora reinaba el silencio, como si todos hubieran recogido y salido al exterior unos momentos antes.

Daba miedo.

Pero no percibí ninguna de esas sensaciones en la piel que indicaran que alguien estuviera usando magia. Le eché un vistazo rápido a Kane y él negó con la cabeza. Él tampoco percibía nada.

Podríamos estar caminando directamente hacia una emboscada mágica, pero yo seguía sin estar lo suficientemente segura como para usar mi eukori.

Unos pasos más adelante, al final de un pasillo, el Adepto llamó en voz baja a una puerta ancha y luego la abrió.

Weaver nos esperaba dentro.