Capítulo 26
Mientras intentaba asimilar esa bomba, hubo más.
Toda la manada de El Paso tenía que mudarse lo antes posible a Colorado. Alex se encargaría que conseguirles trabajo y alojamiento, utilizando los recursos de la manada de Denver como base. Los integraría en las comunidades humanas y de hombres lobo.
Al mismo tiempo que se ocuparía de la inevitable agitación que implica la toma de control de una manda.
Una pesadilla emocional y logística.
Para empeorarlo todo, Cameron y Félix querían llevarse a Nick Grey y Úrsula Tennyson, nuestros dos cambiaformas. Querían que los acompañaran y ayudaran a romper ideas preconcebidas y demostrar lo acogedora que era la Liga.
No aceptaban ninguna objeción por mi parte.
Estrictamente hablado, Úrsula era de la manada de Félix y no iba a contrariarlo. Aunque no estaba segura de cómo iba a poder justificar esa ausencia de su empleo a tiempo completo como veterinaria.
Nick no quería que Úrsula fuera sola, así que había perdido esa discusión incluso antes de empezar.
Por muy sorprendente que parezca, no estaba de humor cuando Rita apareció con mi ropa y una toalla, sugiriendo que podría aprovechar para limpiarme un poco. Gruñí.
La mujer puma dejó que mi ira se desatara sobre ella sin pestañear. Me condujo al cuarto de baño, en las profundidades del edificio.
Tras haberme exhibido desnuda delante de todo el mundo durante la última hora, no me quedaba mucho pudor cuando llegó David.
Quería ayudar a curarme las heridas del hombro.
—¿Cómo está Scott? —pregunté—. No puedes dejarle solo ahí fuera.
—Parece que las Belles lo tienen controlado —dijo Rita muy seria. David sonrió.
Los ojos verdes de Rita no dejaban traslucir nada, pero sabía que tenía curiosidad por saber lo que había pasado. Sabía sobre el tamaño y el poder en una pelea. Y sabía los problemas que debería haber tenido para morder la parte trasera del cuello de Victoria.
—¿Y Kane?
Él estaba tan preocupado como yo, después de lo que hice.
—Está bien —dijo David—. La pelea parece haberle afectado.
Genial. Los dos sospechaban que había pasado algo en la pelea.
—Vamos —dijo Rita tranquilamente, probando la temperatura del agua—. Una vez hiciste esto por mí, permítenos que lo hagamos por ti.
—Gracias —susurré.
El agua me resbalaba por el cuerpo y formaba un remolino rojo que desaparecía por el desagüe.
Pensé que el cuarto de baño no se había instalado para la comodidad de los trabajadores sino más bien para lo que yo estaba haciendo: deshacerse de las pruebas.
¿Cuántos desafíos y muertes había visto este lugar?
Negué con la cabeza, frustrada. No tenía sentido darle vueltas ahora.
Iba a tener pesadillas sobre la pelea de esta noche, no necesitaba empeorarlas.
Rita me frotó la espalda con una esponja. Y el pecho. Me pasó los dedos por el pelo mientras me lo enjuagaba. Todo muy profesional.
Cuando todas las pruebas de la pelea ya se habían ido por el desagüe, David lamió mis heridas, y el olor a bayas verdes de los aniatrópicos curativos me picó en la nariz.
Era la asistencia clásica de los Athanate. Yo lo había hecho con las heridas que Rita recibió en la pelea de Albuquerque de la que había hablado antes. Me resultaba un poco extraño ser yo quien recibía ayuda, pero David era de mi Casa Athanate y era reconfortante.
Mientras él hacía eso, Rita se colocó detrás de mí y me secó el pelo con la toalla.
No es que su ayuda no fuera bienvenida. En absoluto. Era... íntima, y no quería reavivar la locura que había estallado con Zane antes de la pelea.
« ¿De qué había ido todo eso? ¿Aparte de lo obvio? »
Rita carraspeó, inusualmente indecisa sobre lo que estaba a punto de decir.
—Cameron sugirió que deberíamos dejar a alguien aquí en Denver contigo para compensarte por llevarnos a Nick y a Úrsula.
Cameron podía besarme el culo en ese momento.
Necesitaba a Nick.
Lo necesitaba para que me ayudara a arreglar las cosas con Kane, para que me ayudara a descubrir qué era ese poder y cómo podía usarlo de forma segura o no usarlo en absoluto.
Y el problema de no tener a Nick era que no había nadie como él en las manadas.
Además, que no había nadie con los conocimientos de magia y el sentido común que tenía Nick.
Con sustituto o no, seguía enfadada con Cameron y Félix por llevárselo.
Quizá podría hablar con Alice sobre lo de esta noche. Era la Adepta más mayor que conocía. Tenía que saber algo sobre este tipo de magia. Y luego sólo sería cuestión de saber si sería capaz de entender su respuesta.
Rita habló de nuevo, con calma.
—Me he presentado voluntaria, si te parece bien.
Me giré.
—¿Qué? ¿En serio? ¡Claro que me parece bien!
No era Nick, pero ¿añadir una mujer puma letal y divertida?
Sentí una vibración en mis colmillos Athanate, pero la ignoré. Era una posición temporal. No se estaba presentando como voluntaria para integrar mi Casa. No me estaba ofreciendo su garganta y su Sangre.
—Seríamos Lynch y yo —dijo, todavía sin mirarme a los ojos—. Ha decidido que soy su Alfa.
Lynch era el otro único licántropo puma que conocía.
Era un escorchado que apareció en el ritual que llevé a cabo en Bitter Hooks, sin haber sido invitado.
Nick fue el único que no se sorprendió cuando Lynch se transformó en puma.
Lynch no tenía manada y era genial saber que Rita lo había acogido bajo su ala. Su pata. Bueno, lo que sea.
Y a pesar de la indiferencia con la que lo dijo, Rita también estaba satisfecha.
—Bien. Y en cuanto mis problemas actuales hayan desaparecido, podrás enseñarme a pelear a cuatro patas.
Casi me muerdo la lengua cuando escuché mis propias palabras.
Rita me miró.
—No creo que lo necesites, pero estaré encantada de enseñarte.
Salimos y nos dimos cuenta de que la mayoría de hombres lobo se habían ido.
Lynch estaba esperando a Rita, con una mirada interrogativa que se alivió al ver la respuesta de ella en su rostro.
Las Belles seguían aquí, cuidando de Scott y él parecía estar bien.
Pero Kane estaba cara a cara con Alex y podía sentir la tensión entre ellos desde el otro lado de la antigua zona de carga.
Corrí.
Alex parecía un figurante de una película de terror. Se había limpiado la cara, se había vestido, pero no se había duchado y la sangre de El Paso apestaba por encima de su ropa. Aunque Kane no era un hombre pequeño, no tenía la mirada de máquina de matar concentrada que tenía Alex esa noche.
—Tranquilos, chicos —dije rápidamente—. Esto es culpa mía.
—Es culpa tuya que sigamos vivos —gruñó Alex, sin dejar de mirar a Kane.
—Sí, pero es la forma en la que lo hice.
—Has extraído magia a través de él —dijo Alex—. Lo entiendo, no está bien.
—Magia negra.
Alex entrecerró los ojos y se giró para mirarme con cara de preocupación.
—De esto me encargo yo —dije—, por favor.
—Dije que no volvería a dudar de ti. —Alex dio un paso atrás y tomó aire. Parte de esa concentración letal desapareció.
Volvió a mirar a Kane.
—Esta noche ha arriesgado su vida dos veces para salvarme. Puede que para ti no signifique mucho ahora, pero te darás cuenta de que lo haría por cualquier miembro de su Casa, sin dudarlo ni un segundo.
Eso caló en Kane. Parpadeó.
—¡Alexander! —Félix le estaba llamando desde la puerta.
—Tengo que organizar a nuestra nueva manada —dijo Alex—. Aquí todavía te necesitan.
Luego se inclinó hacia mí.
—Te quiero.
Nos besamos.
Se me puso la piel de gallina. Y tuve un retorcijón de estómago al pensar en el efecto que me causó Zane antes de la pelea.
¿Fue por la Llamada? « No, algo había ido mal. »
No iba a pasar otra vez, pero ahora tenía que trabajar como enlace entre él y Alex.
Félix vino al interior y escuché a Cameron llamarme.
—Todavía tenemos que hablar, pero ¿estás bien de momento? —pregunté a Kane.
Asintió, con su rostro cerrado y a la defensiva.
Félix me pidió que lo siguiera con un gesto de la mano y tuve que dejarlo para más tarde.
Cameron me estaba esperando con otro Alfa, uno que no conocía. Otro Alfa que, a juzgar por su mirada, no estaba contento conmigo.
Suspiré.
Al menos este se mostraba más comedido. Si mi actuación antes no había sido suficiente para hacerle recordar sus buenos modales, puede que el comentario de Cameron sobre que cualquier desafío sería un desafío contra ella y Félix hubiera hecho efecto.
—Amber —dijo Cameron—. Explica lo que le pediste a Benjamin Stillman que hiciera justo después del ritual en Bitter Hooks.
Oh, mierda.
Me había olvidado de comentar eso con Félix o Cameron.
—Le pedí a Ben que recopilara los nombres y números de contactos de todos los escorchados y asegurarse de que todos tenían los datos de contactos de los demás —dije, frotándome la cara con la mano. Había sido un día muy largo y parecía que iba a serlo todavía más.
Ben Stillman era un cachorro de la gran manada de Cimarrón, vecina de Félix y Cameron.
Salvé a Ben de Zane en Albuquerque y, a cambio, Ben había estado dispuesto a ayudarme con los rituales.
Creía que su confianza en mí, confianza que comunicaba con entusiasmo a los escorchados, había sido una de las razones por las que el ritual de Bitter Hooks funcionó tan bien.
—¿Por qué? —preguntó Cameron.
Resoplé.
—Para que pudieran hablar entre ellos. Puede que en el futuro puedan ayudar con otros cachorros de sus manadas que tengan problemas para transformarse por primera vez.
—¿No socava eso la autoridad de la manada?
—No —dije, aunque ya sabía en aquel momento que algunos alfas lo verían de ese modo.
—¿Le has pedido que vaya más allá de eso?
Fruncí las cejas.
—No.
—¿Tienes algo que decir, David Thaler?
David tosió avergonzado detrás de mí.
—Ayudé a Ben —admitió.
Alguien había traído un ordenador y lo había instalado en una mesa. No tenía ni idea de adónde iría a parar esto hasta que David se conectó a internet y fue a un sistema protegido con contraseña.
En la parte superior de la pantalla se podía leer MANACHAT
« Oh, genial. »
—Mantener un registro de los datos de contactos de la gente habría sido un trabajo a tiempo completo —dijo David—.
Ben me pidió una solución y le sugerí que sería más fácil que ellos mismos actualizaran sus datos.
Una vez que tienes estos, sólo estamos a un par de pasos de crear una red social para hombres lobo.
La hemos hecho muy segura, por supuesto.
—Y muy popular —murmuró Cameron, tomando el ratón y señalando un número a un lado de la pantalla que mostraba las personas en línea. No era nada en comparación con las redes sociales humanas, pero había muchos más hombres lobo utilizando MANACHAT que los que habían asistido a los rituales.
Cameron hizo clic y bajó hasta que encontró el perfil de una mujer lobo.
La chica había publicado una foto suya cuando iba a transformarse en lobo. Sabía que se iba a transformar en lobo porque estaba completamente desnuda, a cuatro patas.
Debajo, había una frase llamativa: « ¿Puedes atraparme? Vale la pena. »
Unas publicaciones más abajo sugerían, a todo color, lo que podía pasar.
Cameron volvió a clicar y encontró algo parecido con un chico joven. « ¿Quieres que me ponga en modo Alfa contigo? »
David se sonrojó.
—No hay moderadores, así que no podemos censurar las fotos o mensajes que publican. Me temo que es un poco la ley de la selva. No pensé que esto podría pasar, es culpa mía.
Hombres lobo. La ley de la selva. Podía imaginar lo que estaba pasando, y gran parte entre manadas vecinas. No me extraña que este Alfa estuviera enfadado.
David y yo teníamos problemas.
Félix empezó a reír.
Todos nos volvimos para mirarle.
—¿Os preocupáis por cosas así cuando la humanidad está a punto de descubrir que los hombres lobo existen?
—resopló—. Si sobrevivimos a eso, y de verdad lo recalco, entonces habrá hombres lobo en las redes sociales humanas haciendo proposiciones indecentes también a los humanos. Y no podremos hacer nada.
Cameron asintió dándole la razón y el Alfa enfadado que se había quejado se encogió un poco.
—David, asegúrate que todos los Alfas tienen acceso y pueden monitorear a los miembros de sus manadas —dijo Félix—, pero por lo demás, déjalo tal y como está.
Rodeó con un brazo al Alfa enfadado.
—Ven, Ernesto, hemos terminado por esta noche. Vamos a tomar una copa.
Ese no era para nada el sombrío Alfa de Denver que yo conocía. Emparejarse con Cameron había sacado a relucir algunas habilidades sociales que no pensaba que Félix pudiera tener.
Todos se movieron y comenzaron a dirigirse hacia la puerta.
—Tengo mi camioneta —dijo Rita—. Puedo llevarte a tu casa.
—También es tu casa, de momento —dije—. Sí, por favor, pero no vamos directas. Tengo que ir a ver a Weaver. David, llama a Julie y Keith. Los veremos allí.
En realidad, no quería verle esta noche, pero teníamos poco tiempo para conseguir traer de vuelta a Tullah. Además, cada día que pasaba, tenía la sensación de que se estaba volviendo más peligroso.
Kane nos estaba esperando y no parecía contento, pero tampoco dijo nada.
Recuperé a Scott, que estaba con las Belles. El proceso implicó muchos besos, abrazos y felicitaciones por mi pelea. Me habían apoyado todo el rato y eso me ayudaba a sentirme mejor.
Scott también recibió besos y abrazos. Parece que disfrutaron de tenerlo bajo control, según había dicho Rita.
Cuando subimos al Dodge azul de medianoche de Rita, le pregunté a Scott cómo estaba.
—Bien. —Frunció el ceño y su cara era la viva imagen de la seriedad—. Excepto por un deseo irrefrenable de visitar Los Angeles.
Me reí. Necesitaba ese tipo de humor en esta noche oscura.
—Me lo creo.