Capítulo 25
—Kane —dije. Salió con una voz ronca, como si mi garganta estuviera oxidada. No sabía qué más decir, así que lo intenté—: Lo siento.
—¿Lo sientes?
Billie y Scott estaban de pie a su lado. Alex detrás de mí. Naturalmente no sabían lo que había ocurrido, pero todos reaccionaron a su evidente enfado gruñéndole.
Él se tensó ante la amenaza. Sus ojos estaban abiertos por la sorpresa y su cara estaba sudada.
Eché a todo el mundo hacia atrás, y me acerqué a Kane, manchándolo de sangre sin querer.
—Sí, lo siento. Va en contra de todo lo que debería hacer como Casa Farrell. No lo planeé y estaba desesperada. No tenía ni idea de que acabaría así.
—Eso era magia negra, y me has utilizado.
—Sí, lo sé. Pero piensa en la alternativa.
Su cara se ensombreció.
—Siempre hay una buena razón para la primera vez.
—Tenemos que hablar luego. Este circo todavía no ha terminado.
Me giré hacia Billie y le pedí que lo cuidase. Ella miró al adepto y asintió.
—¡Lo conseguimos! —dijo Alex—. Lo conseguiste.
Me volví hacia él. Sus ojos eran verdes de nuevo.
—Sí, pero no lo entiendes. Absorbí magia a través de Kane y…
—No me importa —dijo—. Eres mi mujer, mi coalfa, y has hecho lo imposible. —Me miró con intensidad—. Siento haber dudado de ti. No volverá a pasar.
Me abrazó y la sangre nos ensució todavía más.
—Yo… —comencé.
—Guárdatelo, ahora no tenemos tiempo —dijo—. Tenemos que tomar el control de nuestra manada.
« Nuestra manada. »
Las reglas de los Licántropos: Los lobos de El Paso tenían que someterse de manera individual a la pareja que acababa de matar a sus antiguos alfas. O podrían desafiarnos.
Alex y yo no teníamos tiempo para limpiarnos, y eso también formaba parte de las reglas.
Que no olvidasen las consecuencias de un desafío.
Tampoco era sólo la sangre de El Paso. Al transformarnos se habían reabierto algunas heridas del combate.
El pecho y el vientre de Alex estaban marcados por cortes paralelos de las garras de Caleb. Yo tenía desgarros en el hombro.
Cada miembro de la manada que estaba presente pasó delante de nosotros.
Daban su nombre y su posición en la manada.
Confirmaron su lealtad a la manada y hacia nosotros como sus alfas.
Luego tuvimos que transformarnos parcialmente en lobos mientras ellos estiraban el cuello y mantenían esa postura.
Acercamos nuestras mandíbulas a esas gargantas vulnerables y derramamos la sangre de Caleb y Victoria sobre ellos.
Muchos tenían miedo, y con razón. Al tomar control de la manada de esta manera, se nos permitía matar a cualquiera que no quisiéramos. Sólo teníamos que cerrar nuestras mandíbulas.
Algunos eran lobos dominantes, pero ninguno tenía la fuerza para enfrentarse a Alex y a mí juntos.
Todos estaban aturdidos. La mitad nos odiaba, pero los lobos de una manada cuyos alfas habían sido matados en un desafío tenían pocas opciones.
Nadie quería ser un marginado, especialmente ahora que la Liga estaba reuniendo a las manadas en su estructura flexible.
Una manada, aunque fuera una nueva con nuevos alfas, era mucho mejor que nada.
La manada completa de El Paso tenía unos trescientos miembros.
Al igual que los Athanate, los hombres lobo intentaban integrarse en sus comunidades humanas, así que muchos miembros se habían quedado en casa en esta ocasión.
Habían venido cuarenta y cinco de ellos para apoyar a sus alfas y cada uno de ellos juró lealtad y puso sus vidas entre nuestras mandíbulas.
Alex no tenía ningún problema en aceptarlos a todos y no iba a matar a nadie más esta noche, si podía evitarlo. Me caían bien media docena de ellos y esperaba que pudieran corresponderme cuando las cosas se hubieran calmado. Podría empezar con un grupo pequeño e ir ganándome a los demás.
Había cuatro o cinco que no me gustaban, y eso me preocupada. Sólo el tiempo lo diría.
Nuestra manada.
A pesar de estar distraída, podía sentir el aumento de mi dominación sólo por ser reconocida como Alfa de una manada más grande.
El último hombre lobo de El Paso volvió a la multitud. Habían retirado los cuerpos de los antiguos alfas y, en algún lugar del edificio, ya estaban siendo transformados en fertilizante.
No habíamos terminado.
Félix y Cameron querían su turno. Querían que renováramos nuestra lealtad hacia ellos.
Era evidente que algo había pasado mientras aceptábamos a los nuevos miembros de nuestra manada.
A Alex, todavía vibrando de adrenalina por la pelea, no le gustaba la idea de someterse a ellos.
Estaba enfadado desde el principio y ganar no le había hecho sentirse mejor.
Las negociaciones para evitar esta pelea habían sido duras para él.
Pero, aunque habíamos crecido en dominación, Félix y Cameron eran los coalfas de toda la Liga.
Imagino que podría haber otros Alfas ahí fuera que podrían desafiarles, pero nosotros no podíamos.
Nos tragamos nuestra rabia, hicimos nuestro papel y estiramos el cuello.
Vi los colmillos de Cameron cerca del cuello de Alex. Lo único que podía hacer era quedarme quieta. No era mi zorra favorita en ese momento. Pero imagino que ella tenía la misma opinión de mí.
Las mandíbulas de Félix se cerraron sobre mi garganta. No le importaba la sangre.
Temblé, sintiendo aumentar su dominación.
No fue un simple roce en nuestras gargantas. Sus mandíbulas nos sujetaban y ambos gruñían con violencia.
Mi cuerpo estaba en tensión y luchaba por relajarme. No me resistí a esa muestra de dominación.
« No lo suficiente. »
Las mandíbulas no aflojaban.
La multitud se agitaba, consciente de que algo estaba pasando.
Uno de nosotros, o ambos, moriría en los próximos segundos. Éramos demasiado dominantes. Éramos un desafío para Félix y Cameron sólo por el mero hecho de existir. Si uno de nosotros moría, el superviviente sería menos dominante. Menos desafiante.
Y a mí me necesitaban para los rituales.
No pude evitar que mi eukori alcanzara a Alex. Se aferró a él. Lo sabía.
Si le mataban a él, nos mataban a ambos.
« Lo siento, Jen. Te quiero. Lo siento, a todos los que estáis en casa. Y Bian, Tullah, Diana, Skylur. Lo siento.
Debería haber hecho las cosas de otra manera, pero no pude. Sencillamente, no pude. »
Había sabido que iba a morir antes. Muchas veces.
Lo supe también esta noche.
Lo supe en la selva de Sudamérica, el lugar donde comencé a recorrer este camino, cuando me mordió un Athanate renegado, el último superviviente de la loca Casa Chrysos, la Casa perdida de Carpathia.
Ocultando las estrellas nocturnas frente a mí está la oscuridad del Hacha del Diablo, un imponente vestigio de roca volcánica.
Estoy desplomada contra un árbol a su base.
Me toco el cuello y sé que voy a morir. Mi sangre arterial cae lentamente sobre mi mano, negra como el petróleo en la oscuridad.
Mi equipo me está esperando, dondequiera que vaya uno cuando se muere.
Todavía tengo su cabeza seccionada a mis pies, es la criatura que mató a mi equipo. La criatura a la que maté, y que me mató a mí.
Hay sangre por todas partes. La suya. La mía. Por toda mi cara, bajando por mi pecho...
—Amber.
Una mano sobre la mía. La otra me acaricia la mejilla. Su cara cerca de la mía, preocupada.
Alex me trajo de vuelta con cuidado.
Parpadeé.
Félix y Cameron estaba de pie delante de nosotros, hablando a la multitud.
—… así que habrá cambios, provocados por lo que ha ocurrido esta noche.
—Félix estaba hablando con voz firme—. Cameron y yo nos encargaremos de incorporar nuevas manadas a la Liga.
Esto significa que estaremos donde haya una nueva manada a la que persuadir.
Llevaremos a algunos con nosotros, como muestra de fortaleza y para demostrar lo amplia que puede ser la Liga, pero viajaremos ligeros.
Cameron tomó la palabra, con una voz suave, como si fuera una locutora de un programa nocturno.
—Dejaremos a nuestras manadas tal y como están. Teniendo en cuenta que somos coalfas, son esencialmente una única manada y se comportarán como tal. Un desafío a cualquier parte de esta manada, es un desafío a toda la manada. A nosotros.
Hizo una pausa y observó a la silenciosa multitud.
—Una manada —repitió—, Nuevo México y Colorado juntos.
Félix continuó:
—Teniendo en cuenta la distancia entre Santa Fe y Denver, vamos a dejar lugartenientes a cargo en cada estado. En Colorado, nombramos a Alexander Deauville.
—Y en Nuevo México —dijo Cameron—, nombramos a Zane Quiviria.
—La nueva manada tendrá que coordinar su defensa —dijo Zane—.
La atención de la Confederación se centra en esta zona de las Rocosas.
Ya lo han intentado antes y les desangramos.
Atacarán otra vez, en algún lugar, de alguna forma.
Debemos derrotarlos y eso implicará todos los esfuerzos de la manada de Nuevo México y Colorado.
Y para garantizar que las dos partes de la manada trabajen codo con codo y sin fricciones para conseguir este objetivo, nombramos a Amber Farrell como enlace entre Zane y Alexander.
« Oh, mierda. »