Capítulo 22 #2
Ese hombre no sabía lo que era el espacio personal.
Estaba encima de mí, me empujó contra la pared, con una mano en el culo y la otra en la cadera.
No me habría importado cuando estábamos en Nuevo México y coqueteábamos, pero ahora era diferente.
Además, toda la mierda que había en esta reunión me estaba afectando. Estaba enfadada.
Me coloqué para darle un rodillazo en los huevos.
Su susurro fue como un pincho afilado en mi oreja, tan bajo que nadie más podría oírlo.
—Amber, no tenemos mucho tiempo. Escúchame.
Me olvidé de la rodilla un momento y opté por hablar.
—¡Escúchame tú! Casi me has arrestado…
—¿Qué parte de no tenemos mucho tiempo no has entendido? —gruñó—. Hay gente que nos está mirando y se supone que no debería estar hablando contigo, así que además de escucharme, vamos a tener que dar un espectáculo.
Me besó.
No fue un beso dulce. Era un beso ardiente, de esos que dejan los labios morados y el cuerpo en llamas, con las entrañas revueltas y las piernas temblando.
Levanté las manos para apartarlo y pude sentir el calor de su piel a través de su camisa, los contornos duros de sus abdominales, la tensión del deseo en su cuerpo.
Lo sentía. Me encantaba.
No le empujé, pero él se separó. No mucho, lo suficiente para hablar.
—Maldita mujer, besarte es como besar un hierro al rojo vivo. —Su voz era áspera, sus cuerdas vocales estaban destrozadas. Su forma de hablar volvía a ser la de un peón del desierto.
Me besó en el cuello. Eché mi cabeza hacia atrás, ofreciéndole mi garganta. Mis manos abrieron su camisa y arañaron su tensa piel.
« Sólo para dar un poco de espectáculo. ¿A quién quiero engañar? »
Él no lo hacía por el espectáculo, estaba claro. Había colocado su cuerpo entre mis piernas y tenía una evidencia dura presionando contra mi estómago, lo que me daba una idea de lo que quería hacer conmigo.
« ¡Respira! ¡Respira! »
Respirar a bocanadas lo hacía todo más difícil. El aire estaba impregnado de un loco deseo lobuno, como neumáticos chirriando en el asfalto, como el viento azotándome la cara, como ese momento en el que pisas el freno y no pasa nada.
Su mano me enredó en mi pelo y tiró de él. Los músculos de su espalda se tensaban mientras se frotaba contra mí. Empezó a maldecir groseramente en español y a estremecerse con reticencia mientras se apartaba.
—¡Mierda! ¡Para! —gruñó con voz ronca, con los labios en mi oído.
Su voz sonaba como la de un cuervo—. Oh, mierda, tía.
¡Bruja! Me estás volviendo completamente loco.
Tienes que escucharme. Toda esta unión de manada en la Liga, ha traído demasiada política pinche.
No podía hablar en la discoteca. Se supone que no debo hablar contigo, no debo mostrar ningún favoritismo.
No sé en quién puedo confiar en estas nuevas manadas.
—¿Qué? —No podía evitar que mis manos acariciasen su espalda sudada, bajo su camisa. Tenía los ojos cerrados. Si me soltaba, me caería al sucio suelo.
¿Qué demonios estaba pasando? Era como si mi cuerpo no me obedeciera cuando le pedía parar.
—Sí. Demasiada conversación, no suficiente colmillos y sangre —dijo—. Y de repente, un desafío.
Se me cortó la respiración.
—¿Quién?
—Los Alfas de El Paso han desafiado a Alex.
—¿Qué? ¿Qué coño está pasando, Zane?
Estábamos demasiado cerca para mirarnos a los ojos. Coloqué mis manos entre nosotros dos para empujarle, pero se habían revelado y sólo buscaban la sensación de su piel.
¿Qué me pasa? ¿Había algo en la cerveza que tomé en el club?
Me sentía como si me hubieran drogado.
Zane seguía hablando, con frases cortas como si tampoco tuviera suficiente aire.
—Cameron y Félix han intentado ocuparse. Han dicho que tú eras un caso especial, eres la que lleva a cabo los rituales. Pero El Paso dice que no puedes ser una Alfa, que sólo eres parte de la manada Deauville. Que ellos deben hacerse cargo de la manada.
—Espera, ve más despacio. —Mi mente daba vueltas—. ¿Los Alfas de El Paso? ¿Una pareja? ¿Y dicen que yo no soy un Alfa, y que por eso desafían a Alex solo, sin mí? ¿Me quedo fuera?
—Eso es lo que quiere Cameron —soltó—. La manada no puede rechazar el desafío.
Alex no podrá con los dos, son alfas veteranos.
—Negó con la cabeza como si quisiera desechar la idea—.
Los he visto pelear. Puede que tu hombre sea bueno, pero no podrá con los dos.
Cameron está intentando darle una oportunidad a Alex y hacer que sea un uno contra uno.
Lo que significa que te tienes que quedar al margen.
—¡No! Soy coalfa. No puedo ignorar el desafío.
—Esto es una pelea de lobos, Amber. Una pelea por el liderazgo de la manada. A cuatro patas. No has hecho nada de eso. Escúchame: estás muerta si te transformas en lobo y te metes con ellos. Cameron intenta mantenerte viva.
Viva.
Y puede que Alex muera. Y yo estaré en la manada de El Paso.
O podría pelear y puede que muramos los dos. Entonces cualquier escorchado que no pueda transformase también estaría condenado a muerte.
¿Qué pasa conmigo?
Fuera lo que fuera, la Llamada que se estaba formando con todas las manadas reunidas aquí esta noche no me estaba ayudando.
Cada manada estaba usando su Llamada para atraer a los miembros a una actividad importante; normalmente la caza.
Pero esta noche, la Llamada fusionada de todos los lobos era una mezcla engañosa de emoción y lujuria; y no sólo era lujuria por la sangre.
Parecía derramarse sobre nosotros por todos lados, espesa como la melaza, dulce como el pecado.
Mi cuerpo y mi mente corrían en direcciones opuestas. « Peligro, Alex, pelea, muerte » me recorrían el cuerpo, pero contra eso se alzaba la abrumadora marea de la lujuria.
Y yo no era la única. La reunión se estaba descontrolando. Unos cuantos tipos se gritaban y parecían estar a punto de pelearse. Algunas parejas habían encontrado rincones oscuros.
No sabía lo que Félix y Cameron tenían planeado para este encuentro, pero estaban a punto de perder el control.
Sólo podía pensar en…
Las luces del techo se encendieron de golpe e inundaron todo el espacio con una iluminación brillante y ardiente.