El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

No era el tipo de Alfa que se ponía cachas haciendo pesas; de hecho, era alto, equilibrado y fibroso.

Su piel bronceada tenía el color de la miel silvestre.

Rostro afilado y orgulloso. Pelo negro, recogido en una coleta, brillante bajo las luces.

Caderas estrechas, piernas largas y un andar pausado.

Eso era lo que todo el mundo en el bar podía ver; y la mitad de los presentes le estaban mirando.

Lo que no podían sentir era la parte paranormal.

Zane desprendía un aura de hombre lobo violento, entregada con una doble ración de dominación. Era una mezcla peligrosamente atractiva para los licántropos y se había vuelto más fuerte ahora que Cameron y Félix habían unido las manadas.

De repente, el aire parecía más escaso.

Se me aceleró el pulso, como había ocurrido en Albuquerque, cuando coqueteé para ganarle al póker.

« Tranquila, chica, maldita sea. »

Weaver se giró y, por la forma en la que sus músculos se tensaron, podía decir que sabía quién era.

Zane llegó a nuestra mesa.

—¡Menuda noche! —dijo el Alfa de Albuquerque—. Hombres lobo, Adeptos y Athanate disfrutando de la escena de Denver. Siento tener que interrumpiros.

Su voz era potente y orgullosa. Era lo único de él que era falso.

Yo sabía que tenía una voz diferente, escondida bajo esa estudiada forma de hablar.

Su auténtica voz sonaba como una noche húmeda y caliente, sentada en el porche de madera que crujía al sentir la brisa, la conversación tranquila, la cerveza caliente, el sudor reluciendo en la piel desnuda bajo la luz de la luna…

Negué con la cabeza.

« ¿Por qué estoy fantaseando con él? »

—Amber —dijo, y le miré a los ojos, uno verde y el otro marrón—. Te llaman.

Me levanté y tiré de Scott para que también se pusiera de pie.

—Espera —dijo Weaver, que también se levantaba—. Tenemos que hablar. Esto es de vital importancia para todos nosotros. No voy a dejar que los Athanate y los hombres lobo lo jodan todo por una tontería territorial.

—¿Lo suficientemente importante como para que intentes entrar en mi cabeza?

—Eso es interesante —dijo Zane—. Tendrás que explicármelo más tarde; violencia mágica contra la manada. Pero ahora mismo, Amber y yo tenemos que irnos.

—¡Espera! —Weaver se frotó la mano sobre su barbilla con rapidez. El hombre estaba lleno de tics— Mira, siento lo de antes; sólo lo hice porque esto es muy importante. Necesitamos que vuelva Tullah. Está en peligro. Y sabes que, si ella está en peligro, entonces nosotros también lo estamos.

—Estoy de acuerdo en que necesitamos a Tullah aquí —dije—, y tiene que estar a salvo.

—Un paso a la vez, entonces. —Weaver metió la mano en su bolsillo y se quedó quieto en cuanto Julie se movió. Levanté la mano para evitar que lo matase.

Weaver sacó una tarjeta de visita con cuidado y me la entregó.

—Cuando hayas terminado, en cuanto hayas terminado, ven a verme —dijo—. A cualquier hora.

Quiso irse, pero Zane lo paró.

—Tenemos mil lobos en Colorado y te conocen, Weaver. Conocen tu olor. Conocen a cada miembro de tu comunidad. Pueden seguiros por todo el país. No te metas en problemas con nosotros.

Weaver se apartó.

—Doy mi palabra; no sufrirá ningún daño y no será obligada a nada, excepto a la persuasión de la razón.

—Entonces iré a visitarte —dije.

Asintió con energía y los tres se dirigieron rápidamente hacia la salida.

La proyección de la Hécate estaba a mi lado, como un fantasma.

—Tómate su palabra con prudencia. Ya sabes mis requisitos, Amber.

—Y tú sabes los míos. Primero, Tullah de vuelta.

Suspiró.

—Eso puede ser un problema, pero te prometo que haré todo lo que pueda para traerla a Denver.

Hablar era fácil, y yo también podía jugar a ese juego.

—Vale, prometo que te iré a buscar a tu apartamento mañana, y te daré tu oportunidad para hablar.

Me miró con recelo, pero yo tenía mi cara de póker puesta.

—Trato hecho, entonces.

Su imagen se retiró entre las sombras y desapareció.

A petición de Zane, salimos rápidamente del club.

—¿Seguro que sabes lo que estás haciendo con esos dos Adeptos? —dijo Zane.

Me encogí de hombros.

—Hay que hacerlo. ¿Cuál es la urgencia esta noche? ¿O sólo has venido a rescatarme?

Resopló y no contestó.

Nos fuimos de la discoteca. Había dos coches esperando fuera, y un grupo de hombres lobo que no conocía. No eran de Albuquerque o Santa Fe; habría reconocido su olor.

—Sólo tú y yo —dijo Zane, señalando a David y dirigiéndose al segundo coche.

—¿Qué? No, a menos que te expliques.

« ¿Qué demonios le pasaba a la manada con David? »

—Son órdenes —me dijo Zane—. Tú y David Thaler. Ahora, ya vamos tarde. He perdido tiempo buscándote.

—No es mi problema, Zane. Además, no voy a ningún sitio sin Scott.

La tensión era evidente. Mi equipo dio un paso adelante para apoyarme. Los lobos de Zane estaban preparados.

« ¡Mierda! ¿Qué estaba pasando? »

Seguía sujetando la mano de Scott, temiendo que si perdía el contacto personal conmigo su instinto tomaría el relevo.

Zane nos miró y exhaló lentamente.

—El cachorro puede venir, bajo tu responsabilidad, pero te aviso: una reunión no es el mejor lugar para él. El Adepto también. Pero no los parientes de tu Casa.

Tenía que admitir, muy a mi pesar, que Julie y Keith eran un tema completamente diferente. Sí, eran parte de mi Casa, parientes de mi Diakon, pero no paranormales. No serían bienvenidos en una reunión de hombres lobo.

Iban a discutir, pero negué con la cabeza.

Zane no podía obligarme a ir con él, no aquí delante de tanta gente, pero estaba hablando con la autoridad de los Alfa.

—Yelena me va a matar cuando se entere —siseó Julie.

—A mí también —contesté.

David, Scott y yo nos apretujamos en el asiento trasero del segundo coche. Zane y Kane fueron en el primero. Arrancamos, dejando atrás a Julie y Keith, enfadados.