El árbol de los sueños (Amber Farrell 6) Capítulo 12
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Capítulo 12

Subo rápidamente. Es como una versión exprés de esos ascensores de cristal, pero sin el cristal.

Puedo ver las Rocosas, los altiplanos. Y más lejos.

Hay una tormenta dirigiéndose al oeste. Se abre camino a tientas por las montañas, como un ciego.

Las nubes se deslizan por los altos pasos de montañas como espíritus serpenteantes.

Los relámpagos azotan los valles. Pican como un látigo.

Los vientos me golpean. El olor a nieve asalta mi nariz.

Y debajo de mí, en Denver, congregados alrededor de Manassah: ojos. Docenas de ojos, cientos. Mirando…

Me sobresalté tan rápido que mi corazón dio un vuelco.

—Perdona, Pia.

Me levanté de un salto y en tres pasos estaba al lado de Flint y Kane, sentada en el suelo con ellos, sujetando sus manos para reforzar la conexión del eukori.

—Decidme que sabéis lo que hay ahí fuera —susurré.

Mi voz era extraña, salió tan lenta como la melaza fría.

Kane negó con la cabeza. Su pelo estaba todavía entre las manos de Dante y, con el movimiento, se deslizó como la seda entre sus dedos.

Todo tan lento.

A nuestro alrededor, mi Casa se agitaba, conscientes de que algo estaba pasando.

Vera vino y se llevó a Tamanny para ayudar en la cocina, antes de que se diera cuenta de nada.

Dominé fue a hablar con Tove, situándose discretamente de forma que Tove no pudiera vernos.

Mi Casa, organizándose en armonía, apoyándome. Sentí una punzada de orgullo.

Cuando Flint, Kane y yo reconectamos nuestras auras, quería elevarme de nuevo para mirar fuera, mirar con más intensidad, para ver lo que nos estaba amenazando, pero Flint habló con una voz que emanaba poder:

—De esa forma no —dijo—. Así.

Y nos llevó hacia abajo. Abajo, abajo, abajo.

Nuestra mezcla de eukori y auras se oscureció hasta llegar al gris oscuro de la pizarra y el grafito y más oscuro todavía; hasta que lo único que separaba al color de la negrura del espacio era un leve movimiento, como un río a medianoche.

Nos hundimos en la tierra bajo Manassah, en los acogedores brazos de grandes figuras sagradas, demasiado grandes para abarcarlas. Formas y figuras que esperaban en silencio en el frío y la oscuridad.

Nuestros corazones no baten, nuestros pulmones no respiran, nuestras extremidades no se mueven.

Nos volvemos tan lentos como el paso de los años, casi presionados por el paso de la tierra encima nuestro, filtrándonos a través de capas de tiempo, y un siglo pasa antes de que podamos alzar nuestros brazos rotos al cielo.

Ahora nuestra respiración se convierte en un soplo de viento.

Ahora nuestros corazones laten al ritmo de las estaciones.

Al levantar los brazos oímos sonidos agudos y chispas. Movimientos rápidos.

—Cuervos —dice Flint, y su voz se convierte en el crujir de unas ramas.

Los ha nombrado, y ahora los veo como él. Todo ese movimiento parpadeante, cada destello un único pájaro, un único latido en un pecho emplumado, manteniendo el calor en el aire frío.

Parece que fue hace una vida, pero recuerdo a Félix Larimer, el Alfa de Denver, hablándome en los bosques cerca de su rancho, sobre espías y las habilidades de algunos Adeptos: « Pueden ver a través de los ojos de los animales y escuchar a través de sus orejas, como los cuervos » .

Los Adeptos están observando Manassah, nos están observando, utilizando una bandada de cuervos. Y nosotros los estamos observando a ellos, a través de los espíritus de los árboles.

Kane se ríe con la risa de su coyote, que resuena en el corazón de la oscuridad, y Flint el cuervo alarga sus alas para calmar a sus pequeños primos de plumas.

—Si puedes, no los asustes —digo—. Haz que miren hacia otro lado. Preferiría que quien quiera que no esté observando no sepa que lo sabemos.

Kane se ríe todavía más.

—Hecho —dice.

Y entonces nos elevamos de nuevo, como fantasmas que se filtran en nuestros cuerpos, y nos sentamos en el suelo del salón.

Una extraña mezcla de reacciones fue pasando por las caras de Flint y Kane. Disfrutaban de este tipo de cosas, les motivaba, pero empezaban a haber algunos signos de inquietud.

Amanda se arrodilló a nuestro lado, parecía preocupada.

—No hay nada de qué preocuparse —dije. Creo—. Pero tus parientes y yo tenemos que hablar en privado.

No quería arruinar el buen ambiente del día para el resto de mi Casa.

Flint y Kane parecían entenderlo, y se levantaron rápidamente, decepcionando a Jofranka y Dante.

—Prometo que les dejaré volver —dije a las chicas mientras los muchachos se ponían sus camisetas—. Sólo los necesito un momento.

Dejé que Amanda viniera también. Nick me miró desde el otro lado de la sala, donde estaba sentado con Tove. Asentí con la cabeza para llamarlo a él también. A Pia, Yelena y los demás les dije que se quedaran.

Fuimos al solar y cerré la puerta detrás de mí.

El contraste entre Nick y los más jóvenes no podía ser más dramático. Todos compartían una piel bronceada, pómulos marcados y el cabello liso de su herencia nativa americana; pero Nick desprendía un aura de tranquilidad y dignidad con sus movimientos pausados y su intensa mirada. Estaba centrado.

Flint y Kane eran frenéticos fuegos artificiales en comparación.

Me alegraba que Nick estuviera aquí, y esperé hasta que estuviera sentado antes de hablar a los dos jóvenes Adeptos.

—¿Qué acabamos de hacer?

Flint no podía evitar la risa.

—Acabamos de patearle el culo a algún Adepto de Denver —dijo.

—Sin que ni siquiera se dieran cuenta de que lo habíamos hecho —aclaró Kane.

Había estado sincronizada con ellos, noté lo mucho que disfrutaron burlándose de los Adeptos. Empezaba a sospechar que no había ninguna duda de porqué los habían expulsado del norte. El misterio era por qué no había sucedido antes.

—¿Qué hicisteis? —dije.

Flint se seguía riendo.

—Sólo hicimos que sus conexiones con los cuervos fueran más efectivas, así que ahora estarán saturados con cosas irrelevantes.

—Predigo algunas migrañas —dijo Kane, y los dos chocaron las manos.

El tono de acero en la voz de Amanda los trajo de vuelta a la realidad.

—¿Podéis empezar por el principio, por favor? —dijo.

Se pusieron serios. Un poco.

—El aquelarre de Denver nos está observando —empezó Kane—. Pueden establecer un vínculo espiritual con animales como los cuervos y recoger las impresiones de lo que los cuervos ven y escuchan. Nunca nos habíamos dado cuenta, pero el eukori de Amber…

—Nos ha dado un empujón —dijo Flint—. ¡Fue increíble! Nos hizo volar fuera de la casa y hasta el cielo.

—Están hablando de proyección del aura —explicó Nick a Amanda—. Caminar con el espíritu.

—Eso fue el primer intento —dije—. Si no me equivoco, después, ¿tuvimos algún tipo de conexión espiritual con los árboles?

—Sí —confirmó Kane.

—No es el tipo de magia que los aquelarres modernos puedan entender —añadió Flint y se paró a pensar—. Bueno, al menos, no los Adeptos de la Liga del Norte.

—No pareces tan seguro de que fueran los Adeptos de Denver quienes enlazaron con los cuervos —dije.

Flint se encogió de hombros.

—Cada comunidad tiene su estilo. Tienes una idea de cómo utilizan su magia, el rastro que dejan. Eso no era la bruja Wendy o ninguno de los Adeptos de la Liga del Norte.

—Así que, posiblemente, fuera la comunidad de Denver. O alguien completamente distinto.

Se pusieron más serios. Se dieron cuenta de que habían hecho una suposición arriesgada.

—¿Podéis descubrirlo? —pedí.

Tenía que saber quién me estaba espiando, sobre todo si no se trataba de la comunidad de Denver. Las comunidades de Adeptos no son muy territoriales. Podría ser cualquiera espiándome por cientos de razones. El Imperio del Cielo, por ejemplo. Me estremecí.

No podemos dejar que descubran lo de Kaothos.

—Amber. —Nick levantó una mano como advertencia y ambos Adeptos guardaron silencio. Tenía esa forma de ser que, sólo con decir mi nombre, captaba la atención de todos—. Sí —continuó—. Se puede averiguar, pero no querrás abrir un canal y mirar. Algo así se puede utilizar en las dos direcciones.

Flint y Kane miraron a Nick con más interés. A parte de una pequeña presentación, no sabían mucho sobre Nick y podría apostar a que lo habían encasillado como un simple cambiaformas. De hecho, el cambiaformas era tan Adepto como cambiaformas.

Pero a los chicos no les faltaba confianza en sus habilidades y parecían dispuestos a rebatir ese punto.

— Pero la potencia de fuerza que obtuvimos con Amber… —empezó Kane.

—Es peligrosa en sí misma —le cortó Nick.

Los paré. Esto era algo que quería hablar con ellos en profundidad.

—Si no hacemos nada más hoy, ¿hay un peligro obvio e inminente? —pregunté.

Nuestras miradas de cruzaron. Se encogieron de hombros, negaron con la cabeza.

—No, nada inmediato. —Nick habló por ellos—. Puedo establecer un hechizo que detecte cualquier cambio exterior.

—Bien. Entonces no haremos nada más de momento.

Volveremos y disfrutaremos relajándonos con el resto de la Casa.

Vosotros tres —me dirigí a los Adeptos y Nick—, compararéis notas sobre lo que sabéis y lo que podemos ser capaces de hacer respecto a los peligros de las comunidades de Adeptos.

Tened en cuenta que ni Tove ni Tamanny forman parte de nuestra Casa, por ahora.

Mañana, venid a hablar conmigo; tengo un montón de preguntas.

Bullía de emoción por saber más sobre la magia; aunque posiblemente tenía algunas preguntas que no podrían contestar, pero quería que la Casa tuviera el día de Navidad lo más normal posible, teniendo en cuenta las circunstancias.

Se fueron y me quedé sola con Amanda.

—Lo siento —dijo—. Son impulsivos. Están demasiado ansiosos por ridiculizar a las estiradas comunidades de Adeptos, sin tener en cuenta la situación. Y tú no necesitas añadir eso a todo lo que está pasando.

—Puede que sí, puede que no —dije. Tomé la oportunidad para inhalar su marca profundamente y saborear la anticipación del mordisco—. Pero si crees que me arrepiento de haberos traído a mi Casa, estás completamente equivocada.

Estaba diciendo la verdad, y no era sólo porque su marca me resultase atractiva. Mi instinto me insistía en que necesitaba a Adeptos tanto como a los cambiaformas, los Athanate y los humanos: quería un aquelarre, además de una manada, todos perfectamente integrados en mi Casa Athanate.

¿Esto era remotamente normal para el Athanate? No, suponía que no, pero yo tampoco era normal: una triple mezcla de Athanate, Licántropo y Adepto.

Parecía tener una habilidad natural para la magia, además de ayudar a los cachorros licántropos en sus primeras transformaciones.

Y la sorpresa de hoy: podía unirme a las auras de Flint y Kane y hacer viajes espirituales.

Pero con la vuelta de Kaothos con Tullah, y con Nick y Kane en mi Casa, seguramente sería capaz de encontrar a mi guía espiritual perdida y a Tara.

Entonces, puede que esa inútil fantasía de arreglar cosas por arte de magia no fuera tan inútil.

Gruñí sólo de pensarlo.

Amanda apartó la mirada y se sonrojó.

Mi nueva Athanate no estaba muy segura de cómo gestionaba mi Casa. Pensé que Amanda podría pensar que le estaba gruñendo a ella. La toqué para tranquilizarla, mi mano sobre su brazo, mi eukori rozando el suyo.

—Bueno, parece que Claude podría terminar como pariente tuyo —dije, cambiando de tema—. Por lo que he visto antes, parece fascinado contigo.

—Era algo de lo que quería hablarte…

—Estoy encantada —dije— ¿Qué hay de la otra cara de la moneda? ¿Estás cómoda con la atención que reciben tus parientes?

—Sí —dijo, aunque de cerca la imagen de confianza inquebrantable no parecía tan convincente, y no pude resistir a la tentación.

—¿Y tú, personalmente? Vas a ser muy popular, ¿sabes? Estás trabajando mucho con Pia, ¿estáis compartiendo cama?

—No. —Seguía evitando el contacto visual—. Prefiero… mi propia cama.

Dejé que un atisbo de frialdad se colara en mi voz:

—Entonces, ¿eso será un problema?

—No, Señora.

Pero ahora me miraba y me di cuenta de que no podía mantener la compostura.

—¡Oh, me has pillado! Tú…

—¿Eres una zorra? —terminé la frase—. Sí, te engañé. —Hice un gesto como si marcara un punto—. Escucha, Amanda. Las reglas de la Casa. Nadie puede ordenarte meterte en una cama, ni siquiera yo. La Sangre, en cambio…

—Estoy de acuerdo con eso —dijo—. Cuanto antes mejor.

—No tengo objeción. En cuanto todo esté más tranquilo.

Hizo una pausa, como si estuviera considerando lo que iba a decir.

—¿Sabes? Estoy más feliz con esta situación de lo que hubiera imaginado —dijo— Entiendo que Denver es peligroso y no tengo experiencia peleando, así que no puedo ser de mucha ayuda. Pero tengo otras habilidades que necesitas.

—¿Cómo cuáles?

Se aclaró la garganta, parecía insegura de cómo me tomaría lo que tenía que decirme.

—Mi trabajo en Detroit… era… bueno… soy psicoanalista. Puede ser útil. Posiblemente pueda ayudarte con ese agudo sentido del humor con el que estás batallando, por ejemplo.

—¡Zorra!

Nos reímos y ella se anotó su punto imaginario.

—En serio —dijo—. Creo que Tove y Tammany podrían hablar con alguien que no diera tanto miedo.

Sonrió para suavizarlo, pero tenía razón. Que yo diera miedo o no, sabía que para las chicas sería más fácil hablar con ella.

«Y Kath», pensé. «Pero un pasito a la vez» .

—Trato hecho.

Nos abrazamos y volvimos a la fiesta en el salón principal.

A pesar de la cara que había puesto, no podía desprenderme de la sensación de que los eventos habían empezado a descontrolarle. Esos cuervos no estaban ahí ayer.

¿Qué había cambiado?

Tullah ha dejado de esconderse y está volviendo a casa.

Dónde sea que se haya estado escondiendo, ha sido lo suficientemente buena para que incluso la élite de los Adeptos del Imperio del Cielo haya fracasado en su búsqueda. Pero ahora, Tullah se estaba movimiento y sería más difícil esconderse.

Así que sabían que se estaba moviendo. No la habían encontrado, pero tenían algo muy bueno: sabían hacia dónde se dirigía y era casi lo mismo.

Y «ellos» incluía a la Hécate y su aquelarre de Adeptos de la Liga del Norte.

Escabullir a Tullah y llevarla de vuelta con Kaothos tenía que ser nuestra prioridad principal.

Lo único bueno de todo esto era que no recibiría peticiones contradictorias por parte de las jerarquías del Athanate y los licántropos.

Del lado Athanate, Skylur estaba ocupado con cualquier situación urgente que lo hubiera llevado tan repentinamente a Nueva York. Posiblemente un tema de alto nivel relacionado con la Revelación. Nada que ver conmigo de forma inmediata.

Por parte de los hombres lobo, Félix y Cameron estaban ocupados emparejándose, consolidando sus manadas en una única entidad bajo su liderazgo conjunto y, más tarde, extendiendo la asociación de la Liga de Manadas del Sur.

Estarán demasiado ocupados para pensar en mí, y no había previsto ningún ritual de apoyo a la transformación de los escorchados.

Eso me dejaba a Bian, Diana, nuestras Casas y las tropas de antiguos Ops 4-10 para centrarme en los Adeptos y traer a Tullah de vuelta a casa.

«Que no cunda el pánico. Se puede hacer.

Sólo hay que escalar una montaña paso a paso.»

¡Ja!